LA HERENCIA
La niña mira el suelo de la habitación sin parpadear. Necesita deshacerse de esa carga que le impide respirar con libertad. Está cansada de esconderse, de ahogarse en un silencio que la enferma día tras día. Sabe que su familia está preocupada, que desea ayudarla, pero no se atreve a dar el paso.
—¡Basta! —grita con los puños apretados.
Se levanta decidida. Con la manga de la camiseta se limpia las lágrimas. Ha reunido a sus padres en el salón para decirles que quiere que la llamen como a su abuelo: Ricardo.

