Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

Single Blog Title

This is a single blog caption

Sesenta pares de hierro

El verano pasado me arrolló un tranvía. De no haber sucedido, hoy cumpliría cincuenta años. Pero la máquina expendedora, esa que escupía el futuro, tenía razón. O no. Era la novedad de aquella feria y a mi yo adolescente solo le interesaban los presagios de amor. Metí una moneda en su ranura y el artefacto me devolvió un papel grisáceo con una frase: “Decenas de zapatos te conducirán al amarillo fatídico en tus últimas vacaciones en autocar”. No entendí nada, aunque determiné eliminar el uso de ese transporte y del color.

Después, la vida continuó. Me casé, no tuve hijos, me divorcié. Hasta que me apunté a un prometedor viaje para singles. Un crucero fluvial por el Danubio. Debido a la sequía, el río se había vuelto innavegable. Tuvimos que abandonar la embarcación en Budapest para continuar en autocar. Intenté olvidar la vieja premonición y sosegarme.

Al bajar al muelle, los vi en la orilla. Montones de pares de zapatos en hierro fundido. Entré en pánico y corrí asustada. No escuché el traqueteo. Tampoco el clank-clank de la campana ni el frenazo. Solo sentí contra mi cuerpo el impacto del tranvía amarillo.

4 Responses

  1. Pilar. C

    María, muchas veces es mejor quedarse en la incertidumbre y no saber. Por lo menos tu protagonista pudo disfrutar de una vida más o menos normal sin imaginar su fatídico final. Me ha encantado que lo hayas relacionado tan bien con el monumento «zapatos a la orilla del Danubio», en homenaje a los judíos masacrados al final de la Segunda Guerra Mundial.
    Muy interesante el punto de vista y cómo lo cuentas.
    ¡Felicidades!

  2. Al principio de esta semana tuve la oportunidad de conocer Budapest, el Danubio, los zapatos metálicos en memoria del genocidio a los judíos y los tranvías amarillos. Por fortuna, la premonición no iba conmigo.
    Excelente, como siempre.
    Suerte, María.

  3. ¡Qué historia tan bien hilada!
    El recuerdo al genocidio en Budapest me lo contó mi hija, que estuvo allí de interrail… brutal.
    En cualquier caso, mejor no preguntar por el futuro para no tener ese «y si…» en la cabeza toda la vida.
    Un abrazo,
    Carme.

Leave a Reply