76. PERDÓNANOS, SEÑOR (Belén Sáenz)
Te señalaré el lugar. Han de apartarse las nubes, siempre después de la lluvia para que enjuague nuestra ceguera. Lo llamamos Tumba de la Culpa, y es un paraje terrible y estéril que espanta a las más feroces alimañas. Los dioses, que conocen la estupidez humana, nos lo han impuesto así para que nadie lo visite. Solo acude la hermana, Expiación, que aún roe, vieja y desdentada, algunas almas torturadas. Quiero contarte esto para que nunca dejes de agradecer la gesta de los valientes cuyos nombres ha borrado nuestro apocamiento. Fue una lucha desigual, no contra gigantes ni mitos, sino contra sus iguales. Somos nosotros quienes creamos monstruos y los cargamos sobre las espaldas de las deidades, quienes sembramos la semilla de la culpa en la inocencia de nuestros semejantes. Hombres y mujeres, como tú y como yo, que llevados de la avaricia desatan bestias que muerden las conciencias. Los dioses ―que nos amaban― asistieron desolados a la contienda y ni su omnipotencia pudo hacer justicia, pero escucharon nuestros ruegos y enterraron aquella peste bajo la tierra. Queda mucho camino por recorrer, pero pondremos todo nuestro corazón para que nos perdonen y recuperen la fe en el ser humano.


Un texto estupendamente escrito además de tener un mensaje potente y que transita entre el realismo mágico y un ensayo filosófico. ¡Enhorabuena! Yo lo votaría para entrar en el recopilatorio anual.
Un abrazo
Es lógico que los dioses desconfíen de los dañinos y cizañeros seres humanos, que utilizan las deidades por puro interés personal, para justificar sus malas tendencias. El problema es que por mucho que se quiera regenerar para comenzar de nuevo, la misma tendencia volverá a repetirse. Hay un mal que viene de serie y que siempre aparece, que además echa balones fuera en forma de culpas ajenas.
Un relato muy elaborado y para la reflexión.
Un abrazo y suerte, Belén
Viendo como está el mundo, no sé yo si los dioses van a recuperar la fe en el ser humano. Me parece muy original el punto de vista en que se sitúa el narrador.
Un abrazo y suerte.