Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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76. Asombrados – Calamanda Nevado –

Tenía  cuatro años,  y ya por entonces quería ser maga. Haría desaparecer objetos durante un rato para ver el asombro y la sorpresa   en las miradas. Cuando venían conocidos   a casa, mamá decía satisfecha. “Va a ser maga”. Un día caí desde muy alto,  todos se asustaron menos mi padre.  Murmuró sereno: “Va a ser maga” y me  levantó del suelo fresca y fuerte.

En  segundo de primaria perfeccioné el truco del palillo invisible, en  tercero el del vaso flotante y tragaperras, en cuarto el del lápiz volador, en quinto  duplicaba monedas, en sexto    cada  día me decía a mí misma: -Hoy has adelantado mucho-.  Mi abuelo repetía. “Si   quieres ser maga  márchate lejos”. Papá salía de su silencio para espetarme. “Necesitas un nombre que marque tu  destino”.

-Tengo veinticinco años, seudónimo,  habilidad en  trucos magnéticos, me dije,  voy a “estrellarme”, como augura mi novio y mamá, y  probar suerte    en la ciudad-.

Aquí sustituyo a un famoso mago y no    dejó de asombrar a la gente.   Hago tantas  funciones que   no saco tiempo para acercarme por casa. En la última  fotografía que  recibí de ellos, hace semanas, mi novio está sentado en las rodillas de mi madre, muy sonrientes-.

 

 

 

 

4 Responses

  1. Ángel Saiz Mora

    Si hay una persona capacitada para producir asombro es un mago, o una maga, como es el caso, ella aún con más mérito, que seguro que lo tuvo más difícil por ser mujer, de hecho, no hay muchas que se dediquen a ello profesionalmente.
    Tu protagonista tiene clara su vocación, la alimenta y mima desde la infancia hasta convertirla en su oficio. Está claro que quien desee destacar en algo, entre otras cosas, debe aplicar tiempo y dedicación, pero todo tiene un límite, no hasta el punto de desatender a los seres queridos, pues quien tanto se preparó para asombrar, puede terminar asombrada ante situaciones familiares, interrelaciones fuera de lo común, que nunca se hubiera producido en otras circunstancias.
    Un abrazo y suerte con este relato lleno de magia, Calamanda

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