BARTLEBY, EL EXTRANJERO
Se ha dicho de mí que soy impasible, lacónico, melancólico, un profeta de la inacción. Se han escrito ensayos sobre mi particular rebeldía y sobre mi falta de compromiso con otra cosa que no sea mi obcecada determinación. Sin embargo, nadie ha llegado a conocerme, a comprender el motivo de mi pasiva insolencia. Por eso, decidí atravesar el tiempo, cambiar de lengua, de país, renunciar a mi padre y buscar otro que me diera una oportunidad. Así recalé en Argel donde comenzaron a llamarme “el extranjero” . Qué mejor apodo para alguien que se siente ajeno al mundo. Allí murió mi madre y tuve trato con una mujer y algún amigo. Allí cambié la pluma por un arma de fuego decidido a reescribir mi historia. Fue en la playa donde tuve la oportunidad. El sol que martilleaba mis sienes me dio el coraje necesario. El sol y un árabe con un cuchillo en la mano. Preferiría no hacerlo, dije antes de apretar el gatillo.


Original e inteligente fusión del personaje de Melville con el de Camus que da nombre a su novela, con un perfecto remate final. Dos autores que me encantan y con Paloma tres.
Suerte, melliza.