57. Compromiso (Alberto Jesús Vargas)
La adolescente atraviesa el parque de camino a casa. El vivo color de las flores contrasta con el gris aburrido de su uniforme escolar. Hoy, por algún motivo, no la acompaña su inseparable amiga. Aprovechando tal circunstancia, un niño de su colegio, al que reconoce enseguida, le sale al paso. Es el pequeñajo con gafas redondas y carita de gorrión que dos cursos por debajo siempre la mira como el que mira a la luna. Ya frente a ella, rodilla hincada en el suelo, el chaval le pregunta que si quiere ser su novia mientras abre un estuchito que guarda una sortija con un hermoso diamante engarzado. Deslumbrada por la joya, la chica es incapaz de decir que no y sin decir tampoco que sí, acepta el regalo que le viene grande a sus dedos finos. Y el ingenuo pretendiente, sintiéndose por fin querido por alguien, se marcha corriendo para esconder sus lágrimas y confía en que su madre, en ese desorden que le ha dejado el abandono de papá, no echará de menos el anillo de compromiso que seguro ya no va a querer usar.


Qué historia tan tierna, Alberto. Me ha encantado. Imagino a ese chaval, que sobra en todas partes, disfrutando de su momento de «amor» y me conmuevo con sus lágrimas. Pero ese anillo de compromiso…¡ay!… Me temo que no le espera nada bueno en su no-familia.
Un abrazo.
Querida María, me ha gustado esa manera que has tenido de definir al personaje como «ese chaval que sobra en todas partes» Como bien has entendido, no se le puede augurar un bonito futuro inmediato. Gracias por tu comentario.
Este muchacho, definitivamente, ha dejado de ser un niño al tomar una decisión propia y comprometida, movida por el corazón, pero también pensada con lógica, porque lo que menos echará de menos su madre será ese anillo, símbolo de un fracaso vital, que bastante desordenada le ha dejado. A este chico, al margen de sus cualidades, por el esfuerzo, que tiene que haber sido enorme, merecería que le correspondiesen, pero solo nos queda imaginarlo, o desearlo.
Ya aabes que estoy encantado de leerte, y ni soy ni seré el único.
Un abrazo grande y suerte, Alberto
Muchas gracias, Ángel, por tu siempre valioso comentario. Yo también estoy encantado de que me leas. Un abrazo.
Qué de sensaciones has sabido plasmar en el relato. Me ha encantado. Y me ha encantado más volver a leerte.
Un abrazo muy fuerte, Alberto.
Y yo te agradezco, Pablo, un comentario tan elogioso. Así da gusto volver a colgar algo aquí. Un abrazo también para ti.
Una historia tierna y triste a partes iguales muy bien contada. Enhorabuena.
Pues sí, Edita, como decía alguien, las historias tristes son las que mejor reflejan la vida real y esta en realidad lo es. Gracias por leerla y comentar.
Qué bonito relato, tocayo.
Bonito y tierno.
Y muy bien contado. Enhorabuena, y suerte 🤗
Qué bonito leerte de nuevo, querido amigo. Me ha gustado muchísimo. Nunca dejes de escribir. Un beso grande.
Si te ha gustado muchísimo, Nuria, ya ha merecido la pena volver a escribir. Te envío un cariñoso abrazo.
No sé, querido tocayo, si lo he conseguido, pero he intentado escribir una historia sencilla y aparentemente amable, pero que deje un cierto sabor amargo. Un abrazo.
NOTA: Esta respuesta, que por algún motivo no sale en el lugar donde debería estar, es para ti, Alberto Benito.
Nada que añadir a lo que ya han dicho los compañer@s. Tierna, bonita y con ese punto de tristeza que nos hace empatizar con ese chico.
Un abrazo
Pues sí, Gema. He intentado constrtuir esta pequeña historia con un personaje que he tratado que sea encantadoramente ingenuo. Gracias por tu comentario. Un abrazo.
No es por señalar, pero la debilidad del género masculina lleva a estas cosas. La nena demasiado espabilada y el niño, un pelín ingenuo.
Este pequeñajo no se siente querido y busca a alguien con quien poder establecer una conexión afectiva. ¡Pobre! Gracias, Rosa, por leerlo y por comentarlo.
Qué bien has definido a los dos personajes con esas breves pinceladas, y qué situación más típica resuelta de manera original.
Encantada de volver a ver por aquí tus letras, Alberto.
Abrazote.
Así es, Ana María, Tik Tok está plagado de este tipo de escenas en las que el chico se planta frente a la chica, rodilla incada en el suelo, ofreciéndole un anillo de compromiso. Esto lo ven los menores y a veces, como en este caso, tratan de imitarlo a su manera. Gracias por lo que dices de los personajes y de la manera de resolver el relato. Un abrazo.
Genial forma de relatar que la necesidad de ser amado está por encima de la razón.
Me ha gustado mucho, Alberto.
Suerte
Esta es, entre otras cosas, una sencilla historia en la que la ingenuidad de su protagonista juega un papel importante. Me alegro que te haya gustado. Muchas gracias, Miguel Ángel.
Un anillo perdido en el caos de una ruptura familiar cómo puede lograr a dar por fin orden en la vida sentimental de este niño. Me ha gustado mucho este elemento transformador. Saludos y suerte, Alberto.
Es verdad,Liliana, que el anillo juega un papel importante en el relato y no solo por su valor material. Me alegro que te haya gustado y gracias por el comentario.
Primero me alegro mucho de tu regreso a escribir, esperando que no sea puntual. Y después, este relato me encanta y creo que irá al libro, ese pobre chaval necesitado de amor y ese anillo desahuciado, todo tan bien narrado, me parece buenísimo. Suerte y un abrazo, Alberto.
Muchas gracias por un comentario tan generoso, Pablo y espero que tú también te animes a participar en esta convocatoria contándonos algún desorden con tu visión siempre tan imaginativa. Un abrazo.
Del aparente desorden que le rodea, aparece la oportunidad. La importancia de dar el paso, de arriesgarse, de ser valiente, y más en medio del caos. A río revuelto, hermoso relato de Alberto. Un abrazote y suerte, Alberto.
Aquí el pobre chaval intenta escapar del desorden y se mete, me temo, de lleno en el fracaso. No es un relato con final feliz. Gracias por tu comentario, Rafa. Un abrazo.
Qué maravilla, Alberto. Qué bien escribes, qué historia tan visual y tan tierna. Clara, emotiva, con varias capas. Una delicia leerte, como siempre. Un abrazo
Me alegra mucho saber, Jesús, que has captado esas, como tú mismo le has llamado, «varias capas» que he intentado que tuviera el relato. Gracias por leerlo y por tu amable comentario. Un abrazo.
Qué bonita historia, llena de ternura, que nos hace empatizar con el pobre chaval que «la mira como el que mira a la luna»… inalcanzable! No sé si acabará bien la historia, pero este rato de felicidad no se lo quita nadie.
Además, acabo de fijarme que hacía tiempo que no escribías por aquí! – espero que te hayas enganchado otra vez y podamos leer más relatos tuyos.
Un abrazo,
Carme.