Cuentos de la corrala
Mientras se abrían las puertas de la Feria, recordó con ternura el bautizo de Clarita: aquella lluvia de caramelos y monedas que, caída de las nubes, sorteaba tendales y relucía sobre el patio cual patrulla de luciérnagas en busca de pareja. Entre risas y empujones, reunió calderilla suficiente para comprarse algunos cromos y un tebeo; pero al llegar la noche y callarse el organillo, se escuchó el inquietante llanto de la pequeña y, al amanecer, una neblina amenazante detuvo el trajín de las galerías. Cuando preguntó por Clarita, respondieron que, como era tan linda y tan buena, se la había llevado el Ángel de la Guarda a vivir al cielo. Alarmada, añadió al ángel a su lista de temores, junto al Sacamantecas y Camuñas. Y, por si acaso, se volvió respondona y desaliñada. Hasta que se mudó a la corrala una chiquilla de mirada distraída que solía invitarla a merendar y a jugar con sus muñecas. Entonces, para no ser menos y porque no tenía más, correspondía contando historias que imaginaba, como la del bautizo de Clarita…
Un cohibido carraspeo la devolvió a la realidad y, bolígrafo en mano, se dispuso a firmar ejemplares de su último libro de cuentos.


Maria José, me gusta mucho cómo entrelazas realidad y fantasía, dejándonos con la duda de si la historia del bautizo de Clarita es real o producto de la imaginación de la escritora. Aunque supongo que una mezcla de ambos, como suele pasar.
Por cierto, fascinante la imagen de la «patrulla de luciérnagas en busca de pareja». Me ha atrapado.
Un abrazo y suerte.