63. Des-orden (acepción cuarta)
Se supone que debes sentirte parte de la obra de Dios, igual que lo vive el resto de tu comunidad. Pues no. Sigues siendo un añadido que no encaja. Parece mentira que tantas oraciones no te hayan apaciguado el alma en estos largos años. Cuando miras al Cristo en la cruz, siempre ves esos mofletes sonrosados que contemplaste apenas unos segundos y que, aun así, quedaron grabados en tu retina de por vida. Era un niño. Lloraba hasta quebrársele el grito, como si supiera que lo separaban de su madre. Quisiste cogerlo, pero no te dejaron acercarte al bebé en ningún momento antes de que desapareciera de tu vista en un Hispano-Suiza reluciente de un adinerado beneficiario de la orden. Eras una perdida, no tenías derecho a nada. Solo a rezar durante todos los días de tu aciaga existencia en un convento que no sale en los mapas.


La cuarta acepción de «desorden» según la RAE, es la de «abuso», el que cometieron con esta joven, que nunca llegará a pertenecer a un mundo que justifica un desmán como el que sufrió, teniendo, además, que expiar una supuesta culpa que no debería serlo.
Un relato que transmite bien la indignación ante una situación de absoluto atropello humano.
Un abrazo y suerte, Carme.
Aunque sigue habiendo abusos, hace unos cuantos años todavía era peor y una joven embarazada podía acabar metida en un convento de por vida, para así purificar su alma pues nadie en la sociedad la iba a aceptar si no lograba ocultarlo. Las mismas familias podían tomar esa decisión. Pero el sentimiento de pertenencia a «la orden» no creo que le entre por la oración.
Muchas gracias por tu comentario, Ángel, como bien dices nada así puede ser justificable.
Un abrazo de vuelta,
Carme.
Qué gran título para un relato enorme. Dice la acepción cuarta: exceso o abuso. Y se queda coro el diccionario.
Me alegro de que te guste, Edita (título incluido 😉 ).
Ciertamente es un desorden respecto a lo que debería ser: una joven embarazada necesita cariño y acompañamiento, no encierro y abandono. Y, por supuesto, que no le robe el bebé una familia adinerada. Cuánta confusión en las prioridades reinaba antes (aunque ahora siga habiendo abusos, algunos ya no se dan tanto, afortunadamente).
Muchas gracias por tu comentario.
Un abrazo,
Carme.
Qué terrible que te arrebaten tu hijo y tu libertad al mismo tiempo. Por suerte, aquí lo dejamos atrás, pero no ocurre lo mismo en otras partes del mundo.
Un abrazo y suerte.
Terrible, ciertamente. Y muy injusto para quienes siguen padeciendo situaciones de abuso parecidas, cuando el entorno condiciona las acciones más allá de lo que sería humano.
Muchas gracias por comentar, Rosalía.
Un petó,
Carme.
Nada de lo que describes en tu texto nos es ajeno. Hemos sabido de historias como esta en Inglaterra, en España y quién sabe cuántos países más. Y siempre la iglesia y sus piadosos miembros detrás de la aberración. Es obsceno.
Un abrazo
Cuando un grupo sigue unas pautas marcadas sin ver a las personas y sus necesidades más allá de las «orejeras de burro» que esas pautas les imponen, mal vamos.
Muchas gracias por pasarte a comentar, Gema.
Abrazo de vuelta,
Carme.
Un relato desgarrador, que transmite con enorme fuerza el peso de una herida que ni los años ni las oraciones consiguen cerrar. Un abrazo, Carme.
El motivo (y forma) de «unirse la orden» no creo que ayude a sentirse parte de ella.
Me alegro si la historia te llega con fuerza.
Muchas gracias por dejar tu comentario.
Un abrazo!
Carme.
Hola Carme
Es tan duro como cierto. Y la palabra desorden, en este caso, no logra atenuar el verdadero ABUSO y vejación sufrida por una mujer que, además, se ve cargada con la culpa y la obligación de expiar su «pecado».
Duro y genial relato, amiga.
Un abrazo grande
Joven, mujer y embarazada, una combinación explosiva que el siglo pasado a algunas chicas les explotaba la vida.
Contenta si te gustó, y nuchas gracias por pararte a comentar.
Un abrazo, Alberto.
Carne.
Dura vida la de esta mujer sin esperanza. Dirigida por intolerantes y crueles. Siempre pienso que actúan como si los demás no fueran personas.
Bien contado.
Al pasar a ojos de los hombres de entonces de chica a «perdida», debió perder todos sus derechos (que en esa época ya eran pocos).
Muchas gracias por tu comentario, Rosa, me alegro si te gustó.
Un abrazo,
Carme.
Exceso o abuso. Crimen organizado. Crueldad santificada por el dios bendito. Tremendo. Muy bien contado M. Carmen.
Lo de llevarse al bebé, como dices, se puede calificar de crimen organizado.
Muchas gracias, Miguel Ángel, contenta quedo si te gustó.
Un abrazo,
Carme.