Desorden (acepción cuarta)
Se supone que debes sentirte parte de la obra de Dios, igual que lo vive el resto de tu comunidad. Pues no. Sigues siendo un añadido que no encaja. Parece mentira que tantas oraciones no te hayan apaciguado el alma en estos largos años. Cuando miras al Cristo en la cruz, siempre ves esos mofletes sonrosados que contemplaste apenas unos segundos y que, aun así, quedaron grabados en tu retina de por vida. Era un niño. Lloraba hasta quebrársele el grito, como si supiera que lo separaban de su madre. Quisiste cogerlo, pero no te dejaron acercarte al bebé en ningún momento antes de que desapareciera de tu vista en un Hispano-Suiza reluciente de un adinerado beneficiario de la orden. Eras una perdida, no tenías derecho a nada. Solo a rezar durante todos los días de tu aciaga existencia en un convento que no sale en los mapas.


La cuarta acepción de «desorden» según la RAE, es la de «abuso», el que cometieron con esta joven, que nunca llegará a pertenecer a un mundo que justifica un desmán como el que sufrió, teniendo, además, que expiar una supuesta culpa que no debería serlo.
Un relato que transmite bien la indignación ante una situación de absoluto atropello humano.
Un abrazo y suerte, Carme.
Aunque sigue habiendo abusos, hace unos cuantos años todavía era peor y una joven embarazada podía acabar metida en un convento de por vida, para así purificar su alma pues nadie en la sociedad la iba a aceptar si no lograba ocultarlo. Las mismas familiar podían tomar esa decisión. Pero el sentimiento de pertenencia a «la orden» no creo que le entre por la oración.
Muchas gracias por tu comentario, Ángel, como bien dices nada así puede ser justificable.
Un abrazo de vuelta,
Carme.
Qué gran título para un relato enorme. Dice la acepción cuarta: exceso o abuso. Y se queda coro el diccionario.
Me alegro de que te guste, Edita.
Respecto el título he dudado en un matiz, pues primero había escrito «Des-orden (acepción cuarta)», por el juego con la orden religiosa, pero luego como ya aparece un «beneficiario de la orden» no he creído necesario remarcarlo.
Ciertamente es un desorden respecto a lo que debería ser: una joven embarazada necesita cariño y acompañamiento, no encierro y abandono. Y, por supuesto, que no le robe el bebé una familia adinerada. Cuánta confusión en las prioridades reinaba antes (aunque ahora siga habiendo abusos, algunos ya no se dan tanto, afortunadamente).
Muchas gracias por tu comentario.
Un abrazo,
Carme.