73. EL CLUB DE LAS DESDICHADAS
Cerca de cumplir los cincuenta, tres amigas que nunca habían dejado de verse sintieron la necesidad de reencontrarse con sus excompañeras de escuela. Empezaron a salir a cenar una vez por mes, después sumaron los cumpleaños y algún viaje a lugares cercanos. La consigna tácita era comentar, por turnos, sus desgracias para ver cuál lo pasaba peor. Varias se habían divorciado y lidiaban con hijos rebeldes; otras seguían casadas a duras penas. Algunas, tras haber descartado novios impresentables, no se habían atrevido a formar nueva pareja.
A Juanita, la última en obtener la membresía —con ciertas dudas porque era del otro curso—, le venían tolerando que nunca ofreciera su casa para los encuentros, que tampoco fuera generosa a la hora de contar detalles y que no aportara críticas lo suficientemente feroces al sexo opuesto.
Hasta entonces le habían perdonado todo, pero decidieron expulsarla por unanimidad el día en que se sintió feliz y no tuvo reparos en confesarlo.


Para pertenecer a un grupo hay que compartir afinidades, cuando no es así, antes o después, todo estalla. La felicidad ajena es difícil de admitir cuando reina la desdicha propia, como ha quedado claro, negro sobre blanco, en tu relato
Un saludo y suerte, Mónica
Hay un dúo de mujeres actrices españolas que basan sus actuaciones en esta misma temática. Si no las conoces te las recomiendo: son “ las raras” y tienen en YouTube algunas de sus actuaciones. Un punto, lo mismo que tu relato.
Gracias, Angel y Rosa.
No conozco a ese dúo. Voy a buscar a «las raras» en YouTube. Un abrazo.
Me parece muy bien que la expulsaran: si el grupo es para compartir desgracias, es para compartir desgracias. Seguro que puede encontrar otro grupo de «Mujeres felices» con las que quedar. (Confieso que tengo un grupo de mujeres, entre 25 y 70 años, para, atención, ir a comer sushi, y cuando quedamos somos muy felices)
Un abrazo y suerte.
Desde luego está claro que Juanita no pertenecía a ese grupo, jajaja.
Un relato que aunque ligero tiene su enjundia. Todos los grupos que se unen en base a unas ideas o vivencias son siempre excluyentes.
Un abrazo
Infelices, espectadoras de injusticas, Club selecto donde la felicidad se castiga con la expulsión. Divertido relato de distopía. El dolor como meta en la vida. La salud mental es necesaria. Enhorabuena Mónica.
No sé si reír o llorar. Porque tiene su gracia, pero bien pensado…, que haya que crear un grupo para compartir las penas… Terapéutico parece ser, desde luego. Me parece ocurrente y original.
Muchas gracias por sus comentarios.
«El club de las desdichadas» bien podría haberse llamado «El club de las masoquistas». En el fondo, al expulsarla, a Juanita le hicieron un favor, porque querer pertenecer a un grupo con el que no se tiene afinidad no es sólo una pérdida de tiempo; también de energía. Que aproveche la ocasión ella misma para fundar «El club de cincuentonas felices»; va a sentir que está donde tiene que estar y le va a ir mil veces mejor…
Muy bueno, Mónica; me gustó.
Un abrazo grande,
Mariángeles