Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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37. El cuento de la princesa y el alquimista (Salvador Esteve)

Hace muchos, muchos años, nació una princesa.  Mientras su madre se desangraba de vida, la pequeña, envuelta en un manto de sangre, se aferraba a ella.  El rojo embotó sus sentidos, y su mente, en rebeldía, amputó a su vista ese espectro de color para siempre.

En sus dieciocho años jamás una sonrisa apareció en su rostro.  Su padre, convencido de que su tristeza estaba ligada a su imposibilidad para ver el encarnado tono, proclamó por todo el reino que el joven capaz de conseguir que percibiera dicho color con ella se desposaría.

Rubíes de Birmania, granates de Mozambique, bellas sedas escarlatas, príncipes y nobles mostraron sus tesoros sin éxito.

 

El joven alquimista quería emular los destellos del fuego.  Mezcló cloruro de litio y estroncio, pero necesitaba algo más.  Pinchó su dedo corazón y unas gotas de su sangre regaron de amor la pócima.

La mágica mezcla elevó la caña de bambú y una explosión de color inundó el cielo.  El semblante de la princesa se iluminó.

 

Cuenta la leyenda que la princesa mintió, pues jamás vio el color,  que en los ojos del  alquimista advirtió fuego y pasión, y desde aquel momento el rojo ya siempre abrazaría su vida.

6 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Un relato a la antigua usanza y valiente en su planteamiento, con el sabor de los cuentos clásicos o las narraciones de “Las mil y una noches”. No falta una princesa, un aspirante a conquistar su corazón, un conflicto y un final feliz, con el rojo como hilo argumental y columna vertebral de la historia; su carencia es causa de tristeza, su descubrimiento, unido al amor, vuelve a restablecer el equilibrio perdido para quien lo tenía casi todo.
    Un abrazo, Salvador. Suerte

    1. Salvador Esteve

      Me alegra que lo resaltes, amigo Ángel, pues esa era mi humilde intención, sazonar el texto con aroma de antaño con el rojo como ingrediente principal. Muchas gracias por tu comentario y un abrazo de vuelta.

  2. 😀 Me hace gracia la concurrencia de semejanzas y diferencias entre tu propuesta y la mía, pero nuestros cuentos no se encontrarán porque circulan por vías paralelas, de distinta longitud y en dirección opuesta: tu princesa camina hacia la alegría y la mía, hacia la tristeza; tu princesa miente y a la mía le mienten.

    1. Salvador Esteve

      Es curioso y también una alegría que nuestros textos confluyan y, a la vez, se ramifiquen en emociones diferentes. Muchas gracias por tu visita, Edita. Un abrazo.

  3. Jesús Garabato Rodríguez

    Hola, Salvador. Poco puedo añadir a lo dicho por los compañeros. Yo también me he representado tu historia en la mente como una de aquellas películas de sábado por la tarde, con princesas, saltimbanquis, malos malísmos, el pretendiente enamorado… Y casi que me dan ganas de desempolvar, como nos recuerda Ángel, que por algún sitio andarán: los años hacen que cambien nuestros gustos, pero los recuerdos… ahí siguen. Vivos. Buen elato. Suerte, Salvador.

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