Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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32. El disfraz del miedo (Salvador Esteve)

Con la bayoneta calada marchamos atropelladamente hacia la línea enemiga. La lluvia cae cruelmente sobre mi rostro y el miedo va calando en mis huesos. Morteros y truenos se entrelazan en un concierto de sangre. Los compañeros desmembrados y el barro tejen una alfombra de muerte. Ignoro la súplica de mis camaradas, aparto la mirada del amigo herido y sigo avanzando. Grito desgarradamente cuando una onda expansiva me lanza hacia una hondonada. Quedo cubierto de lodo, es mi oportunidad de sobrevivir; permanezco inmóvil.  Poco a poco, el retumbar de la guerra se va convirtiendo en susurro.

Sigo inmóvil, el terror atenaza mis músculos. Pienso en mi mujer y en mi hija, el deseo de volver a verlas me reconforta como coartada a mi falta de valor.

Sigo inmóvil. El alba trae nuevos y escalofriantes sonidos; alimañas carroñeras devoran los restos de los muertos y rematan a los moribundos.

 

Sigo inmóvil.  Del fango ya seco emerge una lombriz que surca la tierra buscando alimento.

 

Sigo inmóvil. El otoño deja caer las hojas; las estaciones se suceden.

 

Sigo inmóvil. Tal vez cuando el miedo deje de oprimir mi espíritu, cuando perdone mi cobardía, pueda por fin levantarme; tengo una eternidad para conseguirlo.

20 Respuestas

    1. Salvador Esteve

      El miedo es el combustible de la cobardía, una debilidad y emoción inherente al ser humano. Al protagonista le ha paralizado en vida y también en la muerte. El tiempo puede, tal vez, hacerle reaccionar. Muchas gracias por tus palabras, Edita. Un abrazo.

  1. Aunque describes muy bien un campo de batalla, puedo ver que tu relato es una oda a la vida cotidiana. Los frentes abiertos, los potenciales enemigos que te echan la zancadilla, la esperanza de que los seres queridos podrán infundirte el valor que se necesita para cerrar una etapa y comenzar otra. La falta de decisión que te marchita por dentro y hace crecer a la carroña, la desidia. La cobardía y la parálisis.
    Está muy bien escrito tu relato, como siempre. No me extraña que tengas éxito. Es genial. Enhorabuena Salvador. Un aplauso para ti y unos besos.

    1. Salvador Esteve

      Tienes razón, Mercedes, no hace falta un campo de batalla para que el miedo paralice tu vida. Los disparos y las injusticias nos vienen desde todos los lados.
      El éxito de un texto son los comentarios como el tuyo. Muchas gracias y un abrazo.

  2. Francisco Javier Igarreta

    Magnífico poema, alegato antibelicista donde, pese a la obsesiva presencia del miedo, late la esperanza.
    Escrito con tu característica maestría.
    Un abrazo y suerte.

    1. Salvador Esteve

      Una reiteración que acumula el tiempo camino de la eternidad. Un destino de inmovilismo que solo él puede cambiar. Muchas gracias, María, por tu comentario. Un abrazo.

    1. Salvador Esteve

      Si el texto ha conseguido emocionarte, Rosy, es el más preciado de los premios, pues siempre he pensado que la literatura es una transferencia de emociones. Muchas gracias por tu comentario. Un abrazo.

    1. Salvador Esteve

      Nuestra existencia esta plagada de temores, consustanciales a nuestro paso por el teatro de la vida. Pero como tú bien dices si se nos empuja a la barbarie nuestros miedos se expanden sin control, por irracionales. Muchas gracias por tus palabras, Rafa. Un abrazo.

  3. Milagros Sánchez

    Una dramática historia épica, bellamente expresada a través de una prosa poética enriquecida de imágenes y algunas metáforas, que entretejen espacios de silencios, miedo y muerte, esta última la has esculpido perfectamente en las cinco frases finales, que van rodando ladera abajo del texto, con esta forma de expresión bellamente trazada.
    Si, la muerte es así de cruda en un campo de batalla, pero ayuda a quitar ese disfraz del miedo, a quien finalmente cae en sus redes, pues ¡no le queda otra que aceptarla!
    Profundamente impresionante y bien narrado, te felicito, Salvador.
    Un abrazo y suerte 🙂

    1. Salvador Esteve

      Muchas gracias por tu comentario, Milagros. Has descrito la esencia del relato de forma precisa. Me gusta que resaltes las frases, pues mi intención era que apuntalaran el paso del tiempo y la adaptación a su nueva realidad. Un abrazo.

  4. María Jesús Briones Arreba

    Salvador, en tu relato se mezcla el miedo a la muerte y la esperanza de vida. La inmovilidad, paso a paso concentra estos dos sentimientos para hacernos vivir de un modo real la esencia del ser humano.
    El micro es de «veinte sobre diez». Mi más sincera enhorabuena.
    Saludos afectuosos

    1. Salvador Esteve

      Cierto, María Jesús, palabras que reflejan nuestra existencia y nuestra vulnerabilidad, pero que a la vez también nos hacen especiales. Muchas gracias por tus palabras. Un abrazo.

  5. Ángel Saiz Mora

    El miedo a perder la vida, por amarga que ésta sea, a no saber qué habrá después, si es que lo hay, acompaña toda la existencia, tanto, que ni siquiera abandona cuando se ha cruzado el umbral. El miedo es vivir con una inquietud constante, sabiendo que se es efímero; ser consciente, después, de una eternidad en la que no hay nada que perder porque todo estuvo siempre perdido de antemano. Quizá tu protagonista, al fin, sea capaz de levantarse, pero teme que ya no podrá volver con sus seres queridos, que están en el lado de los vivos, le horroriza lo que se va a encontrar. No sabemos si existe la eternidad, pero de haberla, es fácil que también esté gobernada por el miedo.
    Una historia muy intensa, un monólogo de marcado corte existencial, de alguien que vive el infierno externo de una guerra, pero cuyo calvario verdadero habita en su interior, condenado de una forma u otra al sufrimiento. Siempre hay, no obstante, una leve esperanza a la que aferrarse: en vida, su familia; después, ponerse en pie, despegar de ese barro marrón paralizante y adaptarse a una nueva dimensión.
    Muy buen relato, Salvador. Un abrazo y Suerte

    1. Salvador Esteve

      Al miedo que nos empujan, a la muerte y a la vida, a lo desconocido. Miedo que paraliza nuestras acciones, que enfangan nuestro camino, pero que nos humaniza. Al protagonista del relato, el tiempo le presta su eternidad para desterrarlo definitivamente. Muchas gracias, Ángel, por tu comentario. Un abrazo.

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