51. El lenguaje de las nubes
Miles de lunas surcaron el cielo. El ser humano se adaptó para sobrevivir. Solo utilizaba el índice; el resto de los dedos se había apelmazado en una especie de muñón al que estaba adherido el móvil, como una prolongación natural de la mano. Los individuos interactuaban a través de unas gafas oscuras conectadas a la red. La complejidad del lenguaje, en cualquier idioma, se había simplificado a gruñidos. En función del estado de humor, variaban de intensidad. Cuando se reían, una ruidosa carcajada salía de sus fauces sin dientes porque solo se alimentaban a base de pastillas y comprimidos.
A pesar de todos los satélites que envolvían la Tierra, un enorme meteorito atravesó la estratosfera y fue a caer en el centro del Polo Norte. El impacto se sintió hasta el Polo Sur. La conectividad mundial se apagó. Los niños, tumbados en la playa, esperaban a que los mayores arreglasen el estropicio. Uno señaló una nube con forma de cara barbuda y dos orejotas y consiguió decir entre gruñidos: «Don Jo -sé». Risas infantiles acompañaban las primeras palabras que pronunciaban. «E-le-fan-te», dijo otro. «Mo-no», advirtió otra. Les surgió entonces una desesperada necesidad de usar ese antiguo lenguaje, versión 0.0.


Tanto supuesto avance puede producir un efecto contrario de retroceso, como en esta humanidad consumida por la tecnología. Necesitamos la imaginación y la interrelación directa y verdadera. Los niños de tu relato no van hacia atrás, son sabios que han encontrado un equilibrio perdido.
Un abrazo y suerte, Liliana
Toda la razón Ängel y ya lo estamos viendo con la IA. Los niños se limitan a apretar el botón y ya tienen toda la información que les piden los profesores. La tecnología mata la imaginación. Un abrazo.
Ostras, Liliana, qué apocalíptico. Por un momento me ha parecido que ese es el futuro que nos espera! por suerte, siempre hay un meteorito que viene a rescatarnos. En este caso, de nosotros mismos.
Me encanta la ambientación, y también ese final esperanzador, con los niños imaginando figuras en las nubes y nombrándolas.
Un abrazo y suerte.
Ja, ja, Rosalía, se me dan muy mal hacer escritos de miedo. Si el futuro que nos espera tiene una mínima similitud al del micro, espero no estar aquí para verlo 🙂 Gracias por leer y comentar. Un abrazo
Un estupendo relato distópico con final feliz. ¡Qué más se puede pedir!
Nadie sabe hacia dónde vamos con tanta tecnología, pero lo que ya podemos comprobar es que poco a poco nos está deshumanizando, aunque yo siempre intento ver la botella medio llena. Gracias por leer y comentar, Edita. Abrazos.
Da miedito pensar en la deriva de nuestra especie. ¿ Hacia dónde nos lleva la tecnología, nuestra forma de comunicarnos, nuestro impacto en este maravilloso planeta.
Un relato para reflexionar. Al menos en ese final parece haber esperanza.
Un abrazo
Sí, creo que a mí no me tocará convivir con humanoides o robots que me digan lo que tengo que hacer. Este micro pretende ser mi granito de esperanza en el ser humano. Un abrazo y gracias por leer y comentar, Gema.
Estás dando ideas para que alguien cree una aplicación que obtenga formas imaginativas de las nubes. Esto no hay quien lo pare. Enhorabuena, Liliana
Fijo, y para que dialoguen entre sí y creen sus propias historietas…En fin, si esto no hay quien lo pare. Un abrazo, Antonio y a pasar un buen finde.