Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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EL MENSAJE 2 DEL ANONIMOUS 23

Un concurso en la sombra

Nos hemos cansado de esperar.

El mundo se ha convertido en una balsa inestable en la que conviven los que buscan soluciones y los que esperan a que un día ocurra algo que fortuitamente resuelva todo aquello que amenaza la supervivencia en este mundo. Pero la esperanza también puede ser una cadena, una manera de someternos, engañados, en una actitud que nos condena para siempre a la conformidad.

Por eso… Nos hemos cansado de esperar.

Tenemos pruebas de que los que tienen que buscar las soluciones andan más preocupados en salvar su propio pellejo que en lograr esa vía por la que caminemos todos hacia un futuro mejor. Pasaremos a la acción. “Algún día” será nunca si no volcamos esta balsa y forzamos a que la angustia estimule una determinación como objetivo verdadero y permanente.

Nuestro jurado, reunido detrás de ese muro en el que se escriben las ideas que le dan impulso a nuestra existencia, ha leído con cuidado las 37 historias que habéis enviado a las sombras. Ha vuelto a ocurrir. Hemos tenido que retirar 3 relatos que incumplían la condición de incluir una palabra del lema en el título: parecía tan sencillo…

El resto de historias, copiadas desde el archivo del formulario que recoge los textos, ha permitido al jurado leerlas sin conocer la autoría que se esconde detrás de esas máscaras de sabios romanos de la antigüedad.

Hemos ideado un modo de selección combinando las valoraciones de los tres integrantes, conocidos por todos vosotros en el mundo de la luz. Y los pondremos en marcha hoy mismo.

Estos son los relatos que pasan a

la fase final del Anonimous 23 / 2

1. EL TIEMPO SE ACABA, de Cicerón

Desde hace tres años deseo la muerte de otro. No es que odie a nadie en concreto, tan solo necesito el corazón de alguien para seguir vivo. La esperanza se agota. Las últimas noticias de los médicos no son alentadoras. Hablan de días. Veo la sombra en sus miradas cuando me explican la situación sin mirarme a los ojos. Con extrañeza han respondido a la pregunta respecto al funcionamiento de mis otros órganos. Están perfectos. No es fácil sobrellevar un ultimátum. Cuando estamos solos me despido de mi mujer. Ella avisa a los doctores que activan el protocolo. Varios pacientes tendrán hoy su trasplante.

2. MAÑANA NO SERÁ OTRO DÍA, de Lucrecio

El geranio languidece en la tierra seca de la maceta que Begoña tiene en el balcón. El calor está matando a las plantas y por eso llenó la regadera con agua, pero justo cuando se disponía a regar sonó el teléfono y la conversación le recordó que tenía cita en la peluquería, después hizo unos recados y doblando una esquina se chocó con una amiga con la que se fue a comer algo, para charlar y ponerse al día de sus cosas. Cuando volvió a casa ya era muy tarde y se acostó a dormir.

El calor es insoportable. Y el geranio, marchito, se deshoja abatido sobre las baldosas del balcón.

3. MUCHO TIEMPO ES DEMASIADO, de Quintiliano

—Tiene que venir, su madre se muere, quiere entregarle algo.

No dejo que me acompañes, y ahora, de vuelta a casa, ni te cuento ni me preguntas, ni siquiera cuando te digo que vayamos a bañarnos al río, a ese río al que nunca, de pequeña, me pude acercar, a emborracharnos en ese bar en el que, de adolescente, nunca pude entrar. Agradezco tu silencio y tu presencia. Luego te pido que me ayudes a amontonar sus diarios en el jardín, los que me entregó entre estertores, «para que sepas y entiendas», me susurró.

—Préstame tu mechero.

—¿Estás segura? Quizá un día quieras…

Te interrumpes. Ya está ardiendo el primer cuaderno.

4. ROMANCE DE UN DÍA, de Séneca

Coincidieron en la caseta de tiro. Él, en racha, acumulaba tantos puntos que le regaló el peluche gigante y mirándose embobados se fueron a comer choricillos fritos y calamares. Sin soltarse las manos, compartieron de postre churros con chocolate y un algodón de azúcar donde lametazo va, lametazo viene, se dieron su primer beso.

Abrazada a su cuello, fantaseaba con la boda, el adosado, el perro, y suspiraba por lo rápido que se va luego la vida, viendo crecer a hijos, a nietos… Pero cuando en lo alto de la noria él le vomitó toda la cena encima, se le hizo eterno el llegar abajo, apearse y salir de allí corriendo.

5. ALGÚN DÍA NO ES MUCHO TIEMPO, de Plutarco

Mi padre nos abandonó con una quiniela de catorce debajo del brazo. Su partida llenó de luz nuestras vidas, tan oscuras hasta entonces por su inquietante presencia. Apareció veinte años más tarde, tras beberse todas sus ganancias, cuando notó que había llegado su hora. En el momento de expirar, mientras nosotros celebrábamos tan esperado deceso, nos dijo que algún día nos encontraríamos en el infierno. Lástima que una semana después resucitase con su orgullo chamuscado, pues ni el mismísimo Satanás lo soportaba y nos lo devolvió. Ante tal circunstancia, decidimos tirarlo al pozo. Al principio molestaba, pero ahora apenas se queja desde que se nos ocurrió cambiarle el agua por orujo.

6. LA FOTO DE AQUEL DÍA, de Epícteto

En la foto familiar que aún conserva, todos llevan ropa de domingo y, sin embargo, nadie sonríe. Ella, encima de la madre, mira a su hermano que está sentado muy tieso sobre una silla. Era entonces muy pequeña y no recuerda el momento. Nunca volvió a verlo porque, según dijeron, se había ido muy lejos. A su pregunta sobre cuándo volvería, siempre contestaban: algún día. Y ahora, después de tanto tiempo, ha regresado. La ha encontrado en el jardín de la residencia donde vive y aunque es un lugar para ancianos, no le extraña verlo como aparece en la foto. También ella se siente niña cuando marcha de su mano.

7. LAS ALAS DEL TIEMPO, de Severo

A Paloma se le pasó la vida sin darse cuenta. Se lo reveló, adrede, el espejo de la entrada, y le estremecieron tanto la fatiga de su rostro y el malva de sus ojeras, que se propuso rescatar cuanto antes los días perdidos. Decidida, liberó del cesto de las lanas una madeja de angorina blanca y, tras tejer un par de enormes alas, las cosió con esmero en la espalda de su bata. Ahora, asomada a la ventana, practica el vuelo y viaja en el tiempo. Y parece que funciona, porque se le ha relajado el gesto y le han desaparecido algunos surcos profundos de la comisura de su boca.

8. OTRA VEZ ALGÚN DÍA, de Ptolomeo

Algún día aprenderás a andar y yo te aplaudiré. Algún día te llevaré por primera vez al cole y me alejaré llorando más que tú. Algún día venderás dientes a Pérez, te disfrazaré de pingüino, te leeré Alicia y cantaremos Manuelita. Algún día me contarás que te gusta alguien o que has fumado y yo procuraré ser una madre moderna y sermonearte menos de lo que quisiera. Algún día te marcharás de casa y yo almacenaré túpers en el congelador. Y te pediré que me avises si has llegado bien.

Algún lejano e incierto día, pienso, mientras observo los hilos de sangre bajándome por la entrepierna como lágrimas ineludibles. Otra vez.

9. UN TIEMPO NUEVO, de Valentino

Los últimos granos de arena se deslizan por el cuello de fino cristal y Penélope ve cómo su última esperanza cae al otro lado con ellos. Relee el pergamino con la manoseada promesa mil veces releída y la arroja al fuego. No servirá de nada. Las palabras ya han hecho nido en su interior. El tiempo es ahora un manto de arena y cristal sobre el suelo, marca un camino que acaricia y hiere. Con la mano sobre su abultado vientre se decide a recorrerlo sin mirar atrás.

10. TIEMPO PARA ALICIA, de Nicómaco

Algún día… ¿por qué no? —le responde el médico antes de salir de la consulta— yo confío mucho en este nuevo tratamiento.

De camino a la piscina, Alicia piensa en esas palabras y en zambullirse en el agua. Acaricia el gorro que la ha acompañado en cada uno de sus éxitos. La entrenadora, con una sonrisa contenida, le observa que si no quiere no tiene por qué ponérselo, que la norma, en este caso, no es obligatoria para ella.

Gracias, pero no —y sus ojos se escapan hacia sus compañeras que ya están preparadas—. Prefiero ponérmelo, esta es de las pocas veces que me siento como una más de ellas.

11.ALGÚN DÍA PUEDE SER HOY, de Arístides

Ella creía que algún día todo sería distinto, pero las arrugas y la tristeza ya habían acampado en su rostro. Ansiaba retirarse a descansar, cerrar los ojos. Sin embargo, esta vez, entró en el salón. Por la televisión retransmitían un partido de fútbol. Pasó por delante de su marido, este solía increparla para que no le entorpeciera la visión; hoy no le dijo nada. Se sentó y observó el mando, jamás se hubiera atrevido a cogerlo, mas apuntó a la Panasonic y cambió de canal. Rock Hudson y Doris Day se estaban besando. Una sonrisa iluminó su cara, le encantaban las películas clásicas. Su marido seguía mirando fijamente al televisor.

12. EL PASAR DEL TIEMPO, de Apuleyo

El señor gris de la espera viaja con él en el asiento de atrás, vaya solo o acompañado. Cada vez que ella le insisite entre besos: “Tranquilo, cariño, algún día se lo cuento y dejo a mi marido” mientras se quitan la ropa, el señor gris se acomoda atusándose el bigote pues sabe que seguirá más tiempo a su lado. De hecho, confía en llegar a la jubilación.

Hoy está algo preocupado porque su asignado ha vuelto del trabajo muy alterado. Parece que será él quien rompa con esa relación clandestina. Si se confirma, el señor gris recogerá su bombín rumbo a un nuevo destino. Lástima. Ya le había cogido aprecio.

13. TIEMPO AL TIEMPO, de Galeno

—Madre, ¿Cuándo lloverá?

—Algún día, hija —respondió observando su incipiente piel cuarteada. Yo la tenía ya así al nacer, en la nonagésima séptima sequía.

Decían que al otro lado la gente moría ahogada, pero madre aseguraba que eso eran majaderías causadas por los químicos que fumigaban los aviones. “Más allá del abismo no hay nada, solo vacío”, sentenciaba.

Fue entonces cuando apareció el primer encharcado, desnudo y abríendo muy grandes los brazos para atrapar todo el sol que podía.

Están todos chalados, sostienen que sus diluvios y nuestras sequías son obra de la humanidad y nunca acabarán. ¡Cosas veredes! Y no paran con la cantinela de la tierra redonda. Qué hastío.

Pues ya conoces las propuestas que aspiran a hacerse con el segundo Anonimous de 2023, meterse como candidato en la gran final de 2023 y ganar una preciosa ilustración de nuestro admirado Fernando Martínez.

¿Nos ayudas a elegirlo?

El jurado de las sombras ya se encuentra preparado y vosotras, almas inquietas… Podéis aportar vuestra opinión hasta el proximo 30 de abril votando a TRES (solo admitiremos los que votéis a tres) de estos relatos a través del formulario que se abrirá al hacer click sobre la máscara.

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