28. El peso de una mirada
El Juicio Final ya estaba escrito. Dios Padre designó a Jesús como juez supremo.
Su nombre era Simón, pero Jesús lo acuñó como Petros, «la roca sobre la cual edificó su iglesia».
Las virtudes del apóstol hicieron que el fiel de la balanza se inclinara con la brusquedad de la certeza. Jesús lo miró con amor y recordó su vida terrenal junto a él.
«Ay, Pedro, qué impulsivo eras; tu boca siempre adelantaba a tus pensamientos.
Muchas veces corregías mis palabras.
Recuerdo la oreja de Malco, el sirviente, caer sobre la arena.
Me negaste, no una vez, ni dos, sino tres, Pedro; fueron tres.
Edificaste la iglesia, pero la revestiste de oro y riquezas».
La aguja de la balanza se zarandeaba como un sauce mecido por el viento. Mas la indecisión no tenía lugar en su corazón. Acogería a Pedro en su reino, a su derecha. Fue entonces, como un relámpago en su mente, que recordó el brillo en los ojos del apóstol sobre María Magdalena. Fue el tiempo de un instante, pero lo vio.
Simón, el pescador, comenzó a sudar y no sabía si era el terror que empezaba a abrazarlo o el calor que llamaba a su piel.


Es lógico que el discípulo esté lleno de incertidumbre sobre su destino final o eterno. Sabe que erró unas cuantas veces, como así le ha sido recordado, y que la misericordia puede perdonar mucho, pero quizá no todo, un momento de debilidad, una mirada que solo dura un instante, puede cambiarlo todo. De momento, la duda permanece.
Un abrazo y suerte, Salvador
Cuando uno ha abrazado la humanidad del hombre, con sus virtudes y defectos, seguro que siempre hay un poso que se niega a claudicar. Muchas gracias por tu siempre esperado comentario. Un abrazo de vuelta para ti.
Tanto el nivel literario, como cultural son muy elevados y no me queda otra que quitarme el sombrero y exclamar: «Chapeau!».
Iñaki, ese galicismo me sabe a gloria. Muchas gracias por tus motivadoras palabras. Un abrazo.
Hay miradas que matan y aquella de Simón, si no mató, sí puede suponer su condena eterna. Excelente relato.
Mucha suerte, Salvador.
Abrazo.
Cuando se acoge la humanidad del hombre, es un pack donde tiene cabida todos los matices que nos califican como humanos. Que te haya gustado, amigo Rafa, es para mí como un marchamo de calidad; vamos, que me creo que el relato no está mal, ja, ja, ja. Muchas gracias por tus palabras. Un abrazo.
Cuando todo parece que lleva a un final feliz para el juzgado, llega el destello de una mirada para desequilibrar la balanza y hacer dudar al mismo juez divino. La importancia de los pequeños detalles, y más si una mujer anda por medio. Ja ja ja.
Edita, he querido dejar pululando un triángulo terrenal donde el amor, el deseo y los celos son los abanderados de nuestra humanidad. Muchas gracias por tu comentario. Un abrazo.
Que buen giro final, al final los celos van a pesar más que haberlo negado tres veces. Como un humano cualquiera…
Un abrazo y suerte.
Ya sabes, Rosalía, cuando se zarandea el corazón, las chispas pueden encender una hoguera. Ja, ja, ja. Muchas gracias por tu comentario. Un abrazo.
Vaya, Salvador, qué interesante, cuando todo parecía ya resuelto, esa mirada lo cambia todo… Va a desequilibrar la balanza. Mucha suerte y un abrazo.
Pedro lo tenía hecho, pero los pequeños pecados, aun en su irrelevancia, van sumando peso, y la mirada tenía mucho, ja, ja, ja. Aurora, muchas gracias por tu comentario. Un abrazo.
Buen rapapolvo se llevó Simón-Pedro. Y bien merecido. Hasta los seres más buenos o perfectos esconden una historia detrás que no deben olvidar. Bien por el «Maestro», que no tenía un pelo de tonto. Enhorabuena y un abrazo, guapo.
La perfección es una quimera en el hombre, y Jesús así lo asumió, por lo que, al final, somos esclavos de nuestros sentimientos. Puri, muchas gracias por tu comentario y por el piropo —es mérito de mis padres— ja, ja, ja. Un abrazo.
En la mirada de Pedro hacia Maria Magdalena el Juez Supremo recordó el instante y Pedro también. Al final, se impuso la justicia sobre la debilidad humana. Muy bien contado. Enhorabuena Salvador.
Miguel Ángel, Es muy difícil desprenderse de la humanidad (pasión, celos, venganza, etc.) que nos define como seres humanos, seguro, incluso en otra realidad. Eso sí, la justicia como estandarte, caiga quien caiga. Muchas gracias por tus palabras. Un abrazo.
Un giro muy humano. Tanto Jesús como Pedro, si existieron, eran humanos, y estamos cortados por el mismo patrón.
Rosa, tienes toda la razón; se asume la humanidad con todas las consecuencias. Muchas gracias por tu comentario. Un abrazo.
¡Ay el sexo, el amor y los celos! Siempre presente en la historia de la humanidad. El la vida misma y en la que el hombre ha imaginado y recreado en la literatura. Y no se salva el relato de la biblia que tan bien has relatado tu, valga la redundancia. Como redundante es el tema.
Un abrazo
Sin esos sentimientos recurrentes seríamos seres planos, ¿y qué sería de la literatura? Nuestras miserias y virtudes nos definen y, de paso, nos dan combustible para que nuestras historias sigan avanzando. Gema, muchas gracias por tu comentario. Un abrazo.