92. El viaje de Aquiles
Un día a Aquiles le entró el antojo de emprender un viaje sin mapas ni brújulas.
En el camino el talón empezó a bailarle en un desorden desbocado, por más que al nacer su madre le hubiera ungido los pies con agua de ambrosía para evitar estos trastornos.
Años después, en un callejón troyano, lo encontró un arqueólogo.
Vestía el hábito de los traspapelados, de los que no encuentran nunca el camino de regreso.


No se puede tener dominio en todas las materias. A un guerrero ad irdo, con lo difícil que debe de ser eso, no se le puede exigir que también tenga dotes de orientación. Algunos se van y no regresan, pero justo ahí es cuando nace su leyenda.
Un abrazo y suerte, María
Una curiosa reescritura del mito. Ya no lo mata la flecha de Paris, deja el mundo buscando cómo volver, tratando de salir de la caótica Troya. Me gusta esa mezcla, ese universo paralelo, esa otra realidad. Traspapelado (genial). Un abrazo y suerte, María.
Gracias a los dos por leerme. Aquiles da para mucho.
Abrazos.
Si es que no se puede salir de casa sin mapa ni brújula, aunque sea en mismísimo Aquiles.
Un abrazo y suerte.