Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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ENTCERRADO 4 … buscando la luz

En la cuarta propuesta vamos a proyectar un poco de sombra en el comienzo y en el final y… a esperar que vuestra luz ilumine el trayecto entre ambos y encienda un último punto de de color.

Os recordamos las condiciones que debéis cumplir para participar:

El relato no puede sobrepasar las 100 palabras sin incluir en su cuenta el título y la frase de inicio y de final obligatorias.

El periodo para su publicación coincide con el del concurso general, o sea, hasta el próximo 28 de julio, incluido.

Cada autora o autor solo puede presentar un relato en esta propuesta.

El relato debéis publicarlo como “comentario” en esta misma entrada, y una vez hecho no se permitira correcciones ni cambios.

Estas son las frases obligatorias

 

Frase de inicio

No pudo encontrar la paz…

 

Frase final

…cinco tulipanes púrpuras.

 

Elegiremos 4 relatos para la final anual.

71 Respuestas

  1. La Marca Amarilla

    54. LA REINA MADRE

    No pudo encontrar la paz hasta que dejó al planeta yermo y vacío. Atrás quedó su enfermizo malestar con todo lo que le rodeaba. Pero poco duró su reinado. La euforia dio paso a un dolor eterno cuando, sólo cinco días después de que los océanos se secaran y cesara la lluvia de cenizas, brotaron de la grieta más cercana al núcleo cinco tulipanes púrpuras.

    1. manuela balastegui

      55. La novia
      No pudo encontrar la paz el día de su boda. Los invitados la husmeaban. El sacerdote pisoteaba las palabras. La torturaba su ajuar; le apretaba el vestido y los corchetes pellizcaban su espalda. Las horquillas se le clavaban como púas de cactus. Los zapatos parecían un callejón sin salida, con el calor. Le sudaban las manos. Las niñas de las arras jugaban a ondular el velo, pelo ella seguía notando muchísimo calor. Le costaba respirar. Estaba aturdida. Los móviles se preparaban para captar el “Sí quiero”. El momento se veló como una fotografía y se precipitaron de su mano los cinco tulipanes púrpuras.

  2. Blanca Oteiza Corujo

    56. VACÍO

    No pudo encontrar la paz entre las flores del jardín. La buscó también en el silencio de la noche, pero se distraía contando las estrellas. Tantos años esperando la soledad y ahora se le hacía extraña. Ya no tenía a quien mirar, a quien hablar, a quien cuidar. Los días eran distintos, a veces llenos de nubarrones que rompían a llorar, otros soleados que invitaban a realizar ramilletes. Su recuerdo era tan fuerte, que dolía su ausencia, inerte postrado sobre la cama.
    Y en sus manos, cinco tulipanes púrpuras.

  3. 57. Tiempo de regreso
    No pudo encontrar la paz, quizá no fue tan buena idea desaparecer.
    Quizá cuando decimos “olvídame” lo que queremos gritar es “te necesito”.
    Quizá los portazos no cierran espacios sino que invitan al del otro lado a que nos siga. Quizá somos tan complicados que no sabemos decir lo más sencillo.
    Quizá el tiempo no cura sino que agranda la herida.
    Quizá…era hora de volver.
    Compró sus flores preferidas y las vistió con el color más vivo, más puro.
    Uno por cada año de ausencia.
    Regresó con cinco tulipanes púrpuras.

  4. Alberto Benito

    58. Recuerdos de barbarie

    No pudo encontrar la paz cuando regresó de Alepo. Lo allí vivido en su adolescencia era a todas luces difícil de olvidar, pero aún así confiaba en poder empezar de cero cuando regresara a su Medina del Campo natal.
    Imposible: cada vez que divisaba el Castillo de la Mota no podía evitar recordar la Fortaleza de la ciudad siria que le acogió como hijo del embajador de España. Aquella en la que hoy reposa eternamente su padre, asido a su rosario de alabastro bajo cinco tulipanes púrpura.

  5. 59. BULO
    No puedo encontrar la paz a pesar de mi penitencia diaria. Tampoco me ha sido útil intentar divulgar mi engaño al mundo entero. Nadie me cree. Me consideran senil. Fui el nuevo Colón de nuestro tiempo, aclamado por las gentes, periódicos y televisiones de todo el planeta. Alcancé la gloria, pero todo fue un engaño por mi parte. Yo nunca pisé la luna.
    Ahora, a mis ochenta, lo digo y sólo me creen: mi doctora, la enfermera y las tres auxiliares que me cuidan. Como ya no puedo salir al jardín, acabo de prepararles un cuadro y sobre mi nombre, Neil Armstrong, he pintado cinco tulipanes púrpuras.

    IsidroMoreno

  6. Isabel Torralba

    60. VENGANZA
    No pudo encontrar la paz porque yo me encargué de eso cada minuto de cada hora de todos los días que le quedaron por vivir. Le obligué a recordarlos todas las veces que se mudó de casa, que cambió de ciudad, de trabajo; le hice verlos en cada esquina que torcía, en cada cara que veía. No importaba a dónde fuera o dónde posara sus ojos, siempre estaban ahí. Al final, incluso cuando ya estaba ciego, seguía viéndolos. Lo sé porque se le descomponía el cuerpo y el corazón se le salía por la boca cada vez que le susurraba al oído: cinco tulipanes púrpuras.

  7. 61. Siempre marzo

    No pudo encontrar la paz alejándose de los sitios que se lo recordaban. De nada sirvió renunciar a su trabajo soñado, dejar de viajar en tren, poner quinientos kilómetros de distancia con Madrid. Había estado en sus manos, y no lo había hecho. No es tu culpa, tú no pusiste las bombas, le repetían. Pero ella sabía que podría haber hecho mucho más. Que si no se hubiera quedado paralizada al reconocerlo entre los cuerpos mutilados… Si no hubiera abandonado su puesto…
    Cinco mil noches sin dormir, quinientos kilómetros de vuelta, cincuenta llamadas para averiguar dónde había sido enterrado. En su mano temblorosa, cinco tulipanes púrpuras.

  8. Arcos Lado

    62. LIBERACIÓN

    No pudo encontrar la paz en aquel paraíso de los mares del Sur.
    Era mucho el peso que cargaba en su dolorido corazón.
    Jaled, que huía de la guerra en Siria, creyó que poniendo diez mil kilómetros de distancia podría olvidar todo el horror que anidaba en su memoria.
    Alejándose intentó no recordar como su familia había perecido tres meses antes a manos de los yihadistas por negarse a delatar su paradero.
    Desde entonces su sentido de culpabilidad le impedía dormir y le causaba terribles pesadillas.
    Por eso, para sentirse liberado y en homenaje lanzó al océano cinco tulipanes púrpuras.

  9. 63. PEQUEÑOS DETALLES
    No pudo encontrar la paz hasta que su marido murió. No paraba de hacerle la puñeta con lo que a él le parecían gracietas. Era un continuo, todo el día chinchándola. El único consuelo que tenía era haber enseñado al perro a mearse en los tulipanes, la planta del jardín que Rufino más apreciaba: les quitaba las hierbas, les ponía abono, buscaba nuevas variedades… y echaba al perro. Volviendo de ser emigrante en Holanda, se trajo el amor por esas flores. Por eso cada lunes, al pasear con el perro por el cementerio, Manuela observa que, como siempre, sus hijos han dejado sobre la lápida cinco tulipanes púrpuras.

  10. José María Garcés

    64. ¡Lástima! Una mala elección para la humanidad.

    No pudo encontrar la paz entre aquellos pastos voluptuosos. Se adentró atraído como un Adán. Sintió que todo podía volver a comenzar. Se despojó de su civilización, de su ropa, de sus aromas, de todo. Incluso se propuso no hablar, por aquello de alejar de sí lo aprendido. De vuelta al Edén. Sabía que no había nadie, quería que no hubiera nadie. A mitad del camino vino el dilema: «Para seguir, elimina dos de las siete rosas rojas». Arrancó la rosa de la pereza y la de la gula. Error. El odio estalló estrepitosamente y, de repente, las cinco peores rosas se transfiguraron en cinco tulipanes púrpura.

  11. Esperanza Temprano Posada

    65. CULPA
    No pudo encontrar la paz, el recuerdo de aquella noche le perseguía allí dónde iba. Temía cerrar los ojos y revivir una y otra vez el instante del impacto, de los cristales rotos, de los cinco cuerpos atrapados entre el amasijo de hierros, del silencio helado de la muerte. Temía cerrar los ojos y dormirse, como aquella noche. Desde que salió de la cárcel alguien seguía sus pasos, ayer no lo soportó más y se descerrajó un tiro en la sien. Le había vuelto a encontrar. Esta vez había dejado sobre su felpudo cinco tulipanes púrpuras.

  12. 66. ESCONDIDA

    No pudo encontrar la paz alejada de la metrópolis. Vivía entre rebaños y producía su propio queso. Quería ampliar el negocio y crear también mermeladas, la finca contaba con muchos árboles frutales. De día estaba entretenida, las tareas en la granja no acababan jamás. Sin embargo, el miedo a ser descubierta la perseguía a cada instante. Por las noches venían a invadir sus sueños escenas del pasado. Era habitual despertarse empapada en sudor y con una imagen en sus pupilas: la señal por la que debía ponerse en acción; una carta en su puerta con el objetivo a liquidar y un ramo de cinco tulipanes púrpuras.

  13. 67. HASTA FIN DE EXISTENCIAS

    No pudo encontrar la paz interior. La que tenía en el armario estaba pasada de moda y se lanzó a buscar una nueva en los grandes almacenes. No tuvo suerte. Las rebajas habían comenzado hacía días y su talla estaba agotada. Decidió probarse una menos. Si perdía algo de peso quizás…
    Inhaló y exhaló el aire, repitió mentalmente el mantra de la paz universal y encogió la tripa. Pero la cremallera se resistía y, cuando se miró al espejo, la angustia y la desesperación apenas quedaban cubiertas por la tela. Llena de rabia, abrió la boca para gritar y las venas de su cuello dibujaron cinco tulipanes púrpura.

  14. 68. Caer al cielo

    No pudo encontrar la paz en ese túnel gris que era su existencia. Por eso ahora su cuerpo cae desde el puente como un lastre. Cien metros. Un chispazo de luz quema el rastrojo oscuro de su mente. Cincuenta. El vacío le remueve el estómago, como aquellas antiguas mariposas. Veinte. Planea sobre el río que hace brumas al sortear las rocas mientras sigue escapando de su cuerpo. Cinco. La cuerda que agarra sus tobillos comienza a elevarlo como un ángel. Su mirada recoge pedazos de cielo, la selva húmeda de la orilla, los diamantes salvajes del río. Y cinco tulipanes púrpuras.

  15. Eliana Soza

    EL PERFUME

    No pudo encontrar la paz, recorría la casa buscándola; se conformaba sintiendo su perfume parecido al de los tulipanes púrpuras que a ella le gustaban tanto.
    No fue fácil para su madre verlo perder la cordura. No tuvo remedio, si lo alejaba de esa efímera ilusión lo mataría.
    Los días para él carecían de sentido, prefería dormir y comer para sobrevivir. Después del ocaso empezaba su vida. Años estuvo así, hasta que una noche la vio, pálida, delgada y vestida de blanco como en su matrimonio.
    Al día siguiente la madre recibió, en el funeral de su único hijo, cinco tulipanes púrpuras.

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