Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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ENTCERRADO 4 … buscando la luz

En la cuarta propuesta vamos a proyectar un poco de sombra en el comienzo y en el final y… a esperar que vuestra luz ilumine el trayecto entre ambos y encienda un último punto de de color.

Os recordamos las condiciones que debéis cumplir para participar:

El relato no puede sobrepasar las 100 palabras sin incluir en su cuenta el título y la frase de inicio y de final obligatorias.

El periodo para su publicación coincide con el del concurso general, o sea, hasta el próximo 28 de julio, incluido.

Cada autora o autor solo puede presentar un relato en esta propuesta.

El relato debéis publicarlo como “comentario” en esta misma entrada, y una vez hecho no se permitira correcciones ni cambios.

Estas son las frases obligatorias

 

Frase de inicio

No pudo encontrar la paz…

 

Frase final

…cinco tulipanes púrpuras.

 

Elegiremos 4 relatos para la final anual.

71 Respuestas

  1. 1. PURGATORIO

    No pudo encontrar la paz en toda su vida.
    Una visión recurrente le venía a la memoria casi todos los días.
    Fue durante la toma de Madrid, en el Clínico.
    Los morteros y los disparos, le obligaban a correr por los pasillos encorvado, aterrado y con el chambergo empapado.
    Con la bayoneta calada en el máuser entró en una habitación, vislumbró una silueta, gritó y arremetió contra ella.
    Los ojos abiertos, que le miraban, eran los de su novia que tuvo durante cinco años antes de la guerra, ahora miliciana de Urruti.
    Hace poco, apareció el cadáver de un anciano en el hospital, con cinco tulipanes púrpuras.

    1. Marian Ramos

      51
      No pudo encontrar la paz ni en el ruido, ni en el silencio. Ni en la soledad, ni en las multitudes. Solo a veces conseguía algo parecido, cuando el alcohol adormecía la guerra y la culpa que llevaba dentro desde que, siendo niña, el florista recorrió una y mil veces los recovecos de su cuerpo. Este será nuestro secreto, le susurraba, y le prometía, para el siguiente encuentro, cinco tulipanes púrpuras.

  2. Esperanza Tirado Jiménez

    2. ESPÍRITU ENTREGADO

    No pudo encontrar la Paz entre los hombres. Por eso pensó que con su muerte terminarían todos los males de la Tierra. Pero no fue así. Y cada año, durante una semana, las gentes de bien le piden perdón por todos los pecados cometidos. Acompañando su magra figura con velas, aroma de incienso, pétalos blancos, hojas de palma o cinco tulipanes púrpuras.

  3. 3. INTERPRETACIONES

    No pudo encontrar la paz ni la guerra. Eran tan ambiguas las obras de arte. ¿Cómo desentrañar el simbolismo de la victoria o la derrota. ¡Qué difícil distinguir el bien del mal! Aquel ángel tan hermoso, aunque caído, no podía ser un demonio, y ¿cómo una mujer armada, caminando entre cadáveres, era considerada motivo de orgullo, de victoria y libertad? Eloísa amaba el arte, aunque le costaba interpretar la intención del artista. Tal vez por eso la castigó él. Como el escultor o el pintor incomprendido que arremete contra el espectador… Pero, míralo ahora, arrodillado, colocando las flores favoritas de ella, una por cada puñalada: cinco tulipanes púrpuras.

  4. Cristina

    4.FUMADOR DE FONDO

    No pudo encontrar la paz que sentía cada vez que daba una calada a su Fortuna. Sucedió cuando estaba en tránsito entre vuelos y le vino la necesidad imperiosa de fumar. Desesperado, recorrió el aeropuerto en busca de una zona de fumadores. Encontró una pecera de vidrio nublosa, con adictos de pie dando caladas compulsivamente a sus colillas y sin tan siquiera dirigirse la palabra. ¿De verdad que él era como ellos? ¿Tan desesperado estaba para encerrarse en una caja llena de humo, con gente que ni conocía, mientras su familia le esperaba fuera? Desde entonces, encuentra el placer meditando frente a sus cinco tulipanes púrpuras.

  5. Ángel Saiz Mora

    5.DÍA 9

    No puedo encontrar la paz. Mi cabeza repite inmisericorde la fecha nefasta. Un camión nos sacó de la carretera. Tardaron horas en rescatarme del fondo de un precipicio, rodeado de amigos que no respiraban y cinco sangres distintas, ninguna mía. Los médicos curaron los traumatismos de mi cuerpo; perduran, oscuros, los del alma.
    El 9 de cada mes entro en una floristería e intento conducir hasta aquella curva con un puñado de flores. La ansiedad creciente me hace dar la vuelta. Quizá algún día lo consiga y comprenda por qué sigo vivo, pero hoy vuelvo a llorar sobre otro ramo con cinco tulipanes púrpuras.

    1. Ángel Saiz Mora

      Vaya, he puesto «puedo» en la frase inicial en lugar de «pudo». Supongo que eso invalida el relato. Qué le vamos a hacer. Lo advierto para que nadie más se equivoque, no sea que alguien lo lea y repita el mismo error que yo he tenido.
      Suerte a todos.

    2. Francisco Javier Igarreta

      Aunque las consecuencias no sean tan trágicas como en el relato,es una pena ese pequeño»desliz», porque lo que cuentas es precioso, pese a su dramatismo. Un abrazo.

      1. Ángel Saiz Mora

        «Una vez publicado no se admitirán correcciones ni cambios». Las normas no son muchas, pero están ahí para cumplirlas, si no, sería un caos. Aunque haya quedado fuera del concurso, ahí está para quien le apetezca leerlo y me alegro mucho de que te haya gustado, Javier. Mil gracias y un abrazo

  6. 6. Notas al margen
    No pudo encontrar la paz en el fondo del armario. Ni en las míseras habitaciones del barrio chino. No aprendió a volar ninguna primavera, ni a apreciar la poesía escrita en nubes de tormenta. Siempre fue más de lucir en algún escaparate o de conquistar entre sábanas bordadas. Prefería tirarse a tumba abierta, apurar los versos de un whisky con hielo; perder muchas batallas para ganar la guerra. Nunca agachó la cabeza, aunque tuviera que arrastrarse para mendigar un beso o un plato de comida. Jamás dio a torcer su brazo, pero quienes recuerdan sus caricias, aseguran que tenía en cada mano cinco tulipanes púrpuras.

  7. Eva García

    7. Disecciones
    No pudo encontrar la paz ni en la molleja. Revisó decepcionada aquel amasijo ensangrentado de plumas blancas y lo tiró a la basura. Otra mentira más. Como la del pobre gato negro o la rana de la charca. Asqueada de tanta muerte guardó el bisturí y cogió una tijera de podar decidida a investigar en el mundo vegetal. Buscaría la pasión en las rosas rojas del jardín o la eternidad en los crisantemos del cementerio.
    En la casa ya no se oían los gritos. Se asomó al pasillo y le desconcertó ver la habitación de sus padres cerrada y, en el jarrón de la mesita, cinco tulipanes púrpuras.

  8. 8. Los gritos del silencio

    No pude encontrar la paz y tampoco tuve el valor de confesar y oírme hablando de aquello. Oculté el pecado a los hombres pero nunca he logrado olvidar que Dios lo vio todo. Y hoy, en esta nota que escribo justo antes del final que busco, no habiendo logrado que ceda el remordimiento, elijo de nuevo el silencio cobarde, como si no hubiesen existido aquellos niños de rostros amoratados con las huellas de mis manos en sus cuellos.
    No, nunca sabréis por qué quiero yacer debajo de, ni uno más ni uno menos, cinco tulipanes púrpuras.

  9. Rosa Gómez

    9. SEGUNDA OPORTUNIDAD

    No pudo encontrar la paz, a pesar de que todo el mundo le dijo que había hecho lo correcto, que el interés de su familia estaba por encima del suyo propio. Aceptó casarse con quien le impusieron renunciando a la mujer que amaba, pero los remordimientos asoman a sus sueños cada noche provocándole oscuras pesadillas. Después de cincuenta años, ya no puede más, así que esta mañana, vestido con sus mejores galas, se encamina hacia la casa de aquella que siempre estuvo en su corazón. Lleva en la mano un ramo con cinco tulipanes púrpura.

  10. María José Escudero

    10. A mí me gustabas tal y como eras, gordito mío

    No pudo encontrar la paz en vida y, aunque batalló con energía contra su metabolismo y se hizo vegetariano, siguió ocupando mucho lugar—que era de lo que le acusaba la engreída de mi hermana, esa sílfide materialista y simple—. Es cierto que, a pesar de sus contradicciones y otras dietas, consiguió ser elegante y magnético. Pero acabó realmente enfermo y perdió su libertad creativa. Nunca pudo conquistarla y ahora se desdibuja serenamente en una caja de pino tamaño estándar, y no sabrá que lo quise, que soy yo (no ella) la que acude cada sábado al cementerio para depositar sobre su tumba cinco tulipanes púrpura.

  11. María Jesús Briones Arreba

    11. SENTIMIENTO DE CULPA.

    No pudo encontrar la paz, después de haberle desconectado el oxígeno.
    Para congraciarse, encargó a «Interflora», cinco tulipanes púrpura.

  12. 12. Reconciliación
    No pudo encontrar la paz ni aun muerto. El soldado López cayó un día antes de terminar la guerra; cuentan que defendió su posición en solitario hasta que supo que aquello era insostenible. Quiso confeccionar una bandera blanca, pero su ropa estaba mugrienta por el sudor, las bombas y el barro. Salió de su trinchera gritando “I surrendo” hasta que una ráfaga de ametralladora le silenció. Hoy descansa en una fosa olvidada a miles de kilómetros de su hogar. Encima de él circula una carretera; en una de sus curvas el teniente Barkley deja cada semana cinco tulipanes púrpuras.

  13. Daniel

    13. EL CABALLERO DE LA MIRADA ESQUIVA.

    No pudo encontrar la paz en la victoria y hubo de buscarla en la derrota. El singular Caballero de la Mirada Esquiva, triunfante en centenares de justas y torneos, la fama de cuyas hazañas le atormentaba dondequiera que se escondiese, apenas era capaz conciliar el sueño. Decidido a poner término a la turbación de su alma, siguió el consejo de gitanas y adivinos. De ese modo, el entuerto se desfizo, al fin, al ser descabalgado en la que habría de ser su última liza. Yacente sobre el campo sinople, encontró su paz en el tan humilde, jovial y hermoso rostro de quien le ofrecía cinco tulipanes púrpuras.

  14. Asun Paredes

    14. DEMASIADO TARDE

    No pudo encontrar la paz desde que su mujer le dejó para siempre.
    Su cuerpo desnudo aún se le aparecía en la cama por las noches, en posición fetal, surcado por hematomas multicolores.
    Ahora solo sale de casa los días veinte de cada mes, duchado y afeitado, vestido como para la primera cita.
    Los otros visitantes lo ven hablar solo, maldecir el día que ella reunió el valor suficiente para comprar las pastillas y pedirle perdón por décadas de maltrato, amparándose en el amor.
    Luego se marcha, arrastrando los pies y dejando en el florero de la tumba cinco tulipanes púrpuras.

  15. Salvador Esteve

    15. Las flores del paraíso

    No pudo encontrar la paz, jamás nada ni nadie tejería de nuevo su vocación. Tras ser quebrantada por varios hombres, la novicia cerró la puerta al mundo, dejó de hablar, su mirada viajaba a la deriva. La policía la interrogó sin éxito, las monjas intentaron ayudarla.
    Solo dibujar la saca de su ostracismo. Refugiada en su habitación, a veces se sorprende garabateando compulsivamente sobre una hoja. El recuerdo le hace daño, las lágrimas caen sobre el papel que, arrugado con decepción y odio, es lanzado a un rincón; la tenue luz de la lamparilla deja ver una hilera de cruces menguantes, y tachados con saña cinco tulipanes púrpuras.

  16. Alvaro Abad

    16.- Hablar o callar para siempre.

    No pudo encontrar la paz tampoco allí. En su nueva parroquia se formaban corrillos después de cada liturgia. Algo ya sabían. El traslado a más de cuatrocientos kilómetros resultó ineficaz: los móviles de los aldeanos hicieron de repetidores y pronto toda la comarca empezó a señalarlo.
    Tan solo había intentado protegerla. Conocía los malos tratos a los que su prometido la sometía. Tras las duras confesiones la abrazaba para consolarla. Sus mejillas se rozaban inocentemente. Nada para ella, un mundo nuevo para él.
    Pero en el maldito video viral aparece corriendo después de arrancar de las manos de la novia aquel precioso ramo coronado por cinco tulipanes púrpuras.

  17. 17. Al otro lado

    No pudo encontrar la paz. ¡Asombroso! —dijeron al unísono la mariposa y el escarabajo.
    ¿Por qué desapareció de golpe? —le preguntó ella.
    —¡No lo sé! Tal vez olvidó la llave al cerrarse la puerta y alguien del otro lado se lo llevó —le contestó el escarabajo.

    Al rato, vino un caracol viajero que había observado el prodigio.

    —La explicación es invisible al ojo humano —les advirtió a ambos.
    —¿Cómo puedes asegurarlo si no estabas aquí? —le preguntaron.
    —Estaba al otro lado y se lo escuché decir a una afilada guadaña que acababa de cortar cinco tulipanes púrpuras.

  18. Jose Maria Galvan

    18.

    No pudo encontrar la paz haciendo lo que todos. Por eso Alberto buscaba otras experiencias, otras relaciones. No todos entendían sus dibujos pero no le importaba, él les sonreía, como si crear fuera una forma de celebrar estar vivo.

    Cuando entró en aquel túnel su adrenalina se disparó. Ahí podría expresar lo que llevaba dentro desde hacía tanto tiempo… cogió su spray de pintura, de pronto ruido estridente, un fogonazo de luz y una brutal fuerza le arrastró hacia el último trayecto, solo quedaron en el muro los rastros de su dibujo, parecían cinco tulipanes púrpuras.

  19. 19. Atanasio
    No pudo encontrar la paz. De poco sirvieron sus denodados intentos como decano del gremio. El sector de las pompas fúnebres llevaba tiempo convulso por la competencia desleal. Atanasio, que tenía más de un cadáver en el armario, llegó a conseguir una pequeña fortuna con su negocio de lápidas. Pero la dilapidó.
    El día en que cumplía cincuenta años, apenas vio la luz del sol. Tras recibir aquellas flores, perdió la conciencia en medio de un penetrante olor a almendras amargas. El forense dictaminó envenenamiento por inhalación de ácido cianhídrico. Atanasio se llevó a la tumba el misterio de los cinco tulipanes púrpura.

  20. Paloma Casado Marco

    20. TENTACIONES
    No pudo encontrar la paz ni bajo el bonete ni bajo la sotana desde que la sobrina de su vieja ama, la sucedió en los cuidados de la parroquia. María era dulce como una «madonna» de Filippo Lippi pero puro fuego (y no fatuo) como un atardecer de Turner. Era además tan hábil jardinera que enseguida consiguió que reverdeciera el huerto agostado del párroco. Temiendo las represalias de Dios y los beneplácitos del diablo, el padre Juan solicitó el traslado a otro lugar en donde ejercer tranquilo el sacerdocio. Llevaba un mes en su destino cuando divisó desde el altar un rostro semioculto por cinco tulipanes púrpuras

  21. 21. EL SOLDADO FIEL

    No pudo encontrar la paz cuando por fin se los llevaron a las cámaras, y el barracón se quedó en silencio. Sin las salmodias que esos hombres susurraban para confortar sus almas, le era imposible dejar de escuchar esa voz que gritaba en su interior, pidiéndole que desertara, algo tan imposible como ver floreciendo, en medio de aquel cruel invierno, cinco tulipanes púrpuras.

  22. Modes

    22. FRIDAY

    No pudo encontrar la paz definitiva, aunque durante cinco años probó su sabor.
    Pero todo estalló la tarde en que aparecieron su mujer, su suegra y sus siete hijos.
    Y aún sonrío al recordar que mientras yo entretenía a sus familiares, mi amigo aprovechó para escapar de la isla a nado.
    Y desconozco si pudo llegar a tierra firme o el mar lo engulló, pero, esté donde esté, le deseo la mejor de las suertes.
    Por eso hoy, para celebrar el quinto aniversario en que lo conocí, paseo por la playa y después, con una infinita nostalgia pensando en mi amado señor Robinson, arrojo al agua cinco tulipanes púrpuras.

    1. Vanessa Gomez

      23. CRUZAR FRONTERAS

      No pudo encontrar la paz y quiso buscarla insistentemente en la cama de diferentes hombres que se hacían llamar caballeros. Fantaseaba con salir en las revistas de moda, con cruzar fronteras y ser princesa en Holanda.
      Pero se borraron las fronteras entre el amor y el odio. Un caballero se convirtió en rana. Nadie se percató de los golpes que su cuerpo y alma habían recibido.
      Y ella solo fue un número más envuelto en una bolsa negra con cremallera.
      Ahora su lecho eterno no era compartido por nadie más, era de roble bien tallado y lo cubrían cinco tulipanes purpuras.

  23. 24. VIAJERO A SU PESAR

    No pudo encontrar la paz en la aldea desde que él se vio obligado a casarse. Su corazón marchito quiso acariciar la dicha en otras latitudes, pero se le resistía en desiertos, oasis, en otros ríos. Le amargaba el mar con su compás involuntario e infinito.
    Una eternidad después regresó al nido de la tierra como pájaro humilde, agostada su antigua sed, para descubrir, junto al río de siempre, bajo los álamos de entonces, la espina de un antiguo recuerdo: de cada mano le brotan cinco tulipanes púrpuras.

  24. Pepe Sanchis

    25. ENCERRADA.
    No pudo encontrar la paz. O eso dicen de ella. La realidad es que no ha salido de su pueblo en los últimos quince años. No es capaz de abandonar su casa. Siempre encuentra alguna vecina que le ofrece su ayuda. Nunca pasó por los estados del duelo. Con su recuerdo, se encerró en sí misma de una manera enfermiza. Hoy, por fin, ha decidido salir a la vida. Se acercará al camposanto. Le ha comprado un precioso ramo con cinco tulipanes púrpuras.

  25. 26. SERENDIPIA FATAL
    No pudo encontrar la paz desde aquel día. La conjunción de casualidades hizo que coincidieran en su casa las cinco. Ana apareció porque se tomó literalmente lo de «puedes venir cuando quieras», Eva porque se cumplían el primer año de relación, María aprovechó un viaje de trabajo que tenía cerca, a Elena le apeteció pasar juntos un día de campo y Claudia quería comunicarle en persona lo del embarazo. Con lo bien que había funcionado hasta entonces el contacto epistolar y los encuentros ocasionales con cada una de ellas… Ni siquiera le tranquiliza el saber que hoy sus corazones, unidos, alimentan cinco tulipanes púrpura.
    EdH2019

  26. Nuria Rozas

    27. La vida en púrpura

    No pudo encontrar la paz desde la temprana muerte de su esposo. Atrás quedó el sueño de tener hijos y envejecer cogidos de la mano. A partir de entonces, vagó sin ningún interés por las vidas que se le fueron concediendo. Pasó de ser aquella joven a ser un buen hombre solitario, y luego a ser perro lazarillo. Finalmente fue tierra y, así, logró coincidir con los restos de su amado para descansar juntos, por fin, lo que restara de eternidad, pensó. Pero los caminos del Señor son inescrutables y, de aquella unión nacieron unos brotes que, con el tiempo, se convirtieron en cinco tulipanes púrpuras…

  27. 28. En busca de una respuesta

    No pudo encontrar la paz hasta un tiempo después de la muerte de su madre. Cuando ella partió, lo dejó atrapado en un opresivo interrogante.

    El día que regresó a la casa materna, un punzante silencio esperaba tras la puerta. Guiado por un pálpito subió hasta el desván. Desempolvando el pasado, se reconoció en los rasgos de un hombre retratado en un viejo lienzo, en cuyo reverso rezaba una dedicatoria.
    Lleno de agitación, bajó al recibidor. La respuesta tan anhelada estaba ante sus ojos; en el cuadro preferido de su madre, el de los cinco tulipanes púrpuras.

  28. 29. Preliminares
    No pudo encontrar la paz hasta que comenzó a ganar dinero. Sus clientes, anónimos, le hacían llegar 15000 dólares y una foto de la futura víctima que estudiaba hasta aprenderse sus rasgos. Jamás se equivocó de persona. Ni sintió remordimientos. Aunque siempre dejara junto al finado un pequeño ramo de flores.
    Hace diez años que se retiró. Su familia no podría imaginar a qué se dedicaba. Él lo había olvidado, pero hace un mes, de forma aleatoria, revive alguno de sus crímenes en sueños.
    Desde que ha despertado hoy, examina una foto de sí mismo mientras sostiene cinco tulipanes púrpuras.

  29. Juan A.Iglesias

    30.
    No pudo encontrar la paz, nació en una España gris, turbulenta.
    Su condición sexual no correspondía al casto decoro de entonces, tampoco su estatus social con sus ideas de justicia entre diferencia de clases. Convencionalismos que aún hoy son capaces de dividirnos.
    Nació en Fuente Vaqueros, un «cinco» de Junio, murió en una cuneta cerca de: «La fuente de las Lagrimas» sobre la misma hora que naciera, las «cinco» de la mañana.
    Lo cierto es que asesinaron vilmente al poeta y a su pluma, robándonos así joyas futuras que jamás serian escritas.
    Pudieron haber sido «cinco» disparos, dejando dibujado en su impoluta camisa blanca «cinco» tulipanes púrpuras.

  30. Sonia Gonzalez

    31. Sin noticias
    No pudo encontrar La Paz en los letreros luminosos. El vuelo que tanto ansiaba no figuraba por ninguna parte. No era el único que esperaba expectante la llegada del aparato; muchas personas se concentraban frente a las pantallas parpadeantes a la espera de que los puntos dorados compusiesen por fin el ansiado nombre. Ninguna novedad por megafonía. Varios pasajeros se habían acercado al mostrador pidiendo explicaciones, pero las azafatas se limitaban a decir que no estaban autorizadas. De repente, el nombre se iluminó en todos los monitores. La Paz – Disappeared. No hubo supervivientes. En su mano se ajaron los cinco tulipanes púrpuras.

  31. Pablo Cavero

    32. Los tatuajes
    No pudo encontrar la paz desde aquella noche en que su princesa no regresó a casa. En aquel hospital ella balbuceó sus últimas palabras, mencionando esos tatuajes que fueron acicate para despertar la sed de justicia en su padre. Él ya no dormiría hasta verles entre rejas. Ese violador y sus cuatro cómplices le habían arrebatado a su niña. La justicia no encontró pruebas y quedaron libres. Creyó que la venganza le daría sosiego, planeó al detalle cada paso, él tampoco dejaría indicios. Pero su conciencia tampoco está tranquila tras marchitar, con saña y uno a uno, los cinco tulipanes púrpuras.

  32. 33. PEREGRINACIÓN

    No pudo encontrar la paz la duquesa ni en la cola para venerar las reliquias de la Santa, y eso que se había esforzado. Pero le daba muchísimo bajón ver gente sin piernas, brazos o manos, y su mirada vagaba de las vidrieras a las inscripciones de las lápidas del suelo y otra vez hacia arriba. Todo menos ver tanta miseria. Pero lo que le hizo marcharse por donde llegó fueron los latigazos que se daba en la espalda desnuda un señor calvo con gafas que tenía delante.
    «La media hora más horrorosa de mi vida», pensó, muy acalorada, pisando al escapar del templo cinco tulipanes púrpuras.

  33. 34.PERSONAJE
    No pudo encontrar la paz, encerrado entre las páginas de esa novela de moda. Lo descubrieron en el primer capítulo y, aunque intentó ocultase entre párrafos anodinos, su suerte estaba echada. Los lectores lo señalaban como el asesino, a pesar de que en la historia había un detective que, en la investigación, a él no lo consideraba sospechoso. Letra a letra era devorado y no comprendía por qué despertaba interés si lo único que lo conectaba con la víctima era el recibo en su bolsillo, manchado de rojo, de esas flores que compró para ella; eran cinco tulipanes púrpuras.

  34. Elena Bethencourt

    35. FLORES Y ESPINAS
    No pudo encontrar la paz en veinte años con aquel jardinero capaz de amar las flores, pero no a una mujer, así que se propuso dejar de quererle.
    Cuando volvió a hacerla llorar juró que se iba, pero flaqueó y usó las lágrimas para rociar las rosas que él cultivaba. Cuando en otra ocasión la hizo sangrar, dijo que esta vez sí, pero se echó atrás y con la sangre le pintó unos claveles muy rojos para alegrarle el día.
    Cuando la encontraron sin vida, todos suspiraron. Ahora sí. ¡Por fin le dejaría de querer! Pero para consolarle por su ausencia, de cada cardenal brotaron cinco tulipanes púrpuras.

  35. 36. El hombre bala

    No pudo encontrar la paz; quizá tampoco la buscaba. Momentos antes un público expectante de emociones fuertes le esperaba. Tras el silencio mortuorio respiró profundo, un olor a tulipanes frescos, el preferido de su amada, inundó toda la cápsula. Pensó en ella.
    «Esta noche le daré la sorpresa. Llegó el momento de dejarlo; está será mi última actuación».
    A la voz de «cinco, cuatro, tres, dos, uno» salió disparado. Repentinamente se desinflaron sus alas. Fue asombroso verla desde el aire del brazo del domador. Antes de estrellarse contra el suelo ya estaba muerto. Cada año, en el mismo sitio, florecen cinco tulipanes púrpuras.

  36. 37. QUITANDO TELARAÑAS

    No pudo encontrar la paz en aquel refugio que le recomendó el psicólogo. A orillas del arroyo se encontraba más tranquilo, pero cuando llegaba la noche los fantasmas volvían y no lograba dormir. Optó por coger la linterna y bajar al sótano. ¡Alguna vez tendría que hacerlo! Allí encontró aquella correa con la que le azotó tantas veces, era lo que le dolía de aquellos feos recuerdos. Le costó subir con ella y tirarla al contenedor de la esquina. Tiritaba. Por último decidió arrancar definitivamente esa telaraña que tanto le empequeñecía y eso, solo lo consiguió por la mañana llevando al cementerio los cinco tulipanes púrpuras.

  37. Belén Sáenz

    38. SENTIDO Y SENSIBILIDAD
    No pudo encontrar la paz tras el suicidio de la protagonista de su primera novela; demasiadas lecturas decimonónicas en el temario del taller literario. Morfeo le esquivaba desde que entregó al editor su Yolanda. La imagen del cuerpo cimbreante destrozado entre los riscos se le adhirió como una segunda piel. Para su próxima obra se inspiraría en Palahnuick, decidió. Concisión y parquedad. Vidas pequeñas y mediocres. Pero la culpa, o quizás una musa sensata, le susurraba que se cercenara los dedos de la mano escritora. En una oda de su poemario, ya como autor laureado y tullido, no pudo resistir la tentación de compararlos con cinco tulipanes púrpuras.

  38. Ton Pedraz

    39. FOBIAS
    No pudo alcanzar la paz hasta notar que la soga la asfixiaba.
    Flotando sobre el taburete acostado sintió cómo mermaban sus pulmones, mientras comprobaba que las cortinas quedaban echadas, para que el sol no molestase al periquito, el portarretratos relucía sin huellas de dedos sobre el cristal, los orejeros se alineaban frente a la chimenea, y la nota, impoluta, aguardaba doblada en cuatro sobre la mesa.
    Urgida por la apnea, sin fuerza para entornar los párpados, la crispó un olvido: el búcaro de cristal vacío, y junto a él, envueltos para siempre en papel de celofán, los cinco tulipanes púrpura.

  39. Yolanda Nava Miguélez

    40. Encerrada
    No pudo encontrar la paz dentro de aquel jarrón. Ella, que era amante de cielos y horizontes, se asfixiaba –inmóvil- encima del aparador. Odiaba el murmullo de la tele, el eco de las conversaciones en las que alguna vez se hablaba de ella con tópicos: “era tan joven”, “tenía toda la vida por delante”. No mencionaban ya sus excentricidades ni los quebraderos de cabeza que les dio con su afán de volar, los muertos, ya se sabe, se ganan el respeto de los vivos aunque sean un puñado de polvo, muriendo dos veces dentro de un jarrón decorado con cinco tulipanes púrpura.

  40. 41. CINCO TULIPANES PÚRPURAS

    No pudo encontrar la paz hasta que adquirió el viejo caserón. Al estar deshabitado durante más de cien años, ha tenido que acometer importantes reformas. El contratista le ha asegurado que finalizarán en una semana. Tan solo falta por derribar una pared, que hay al final de la escalera, para tener acceso a lo que parece ser un desván. Hoy, le ha llamado angustiado el encargado de la obra. Le dice que lo tienen todo preparado para demolerla, pero cada vez que levantan la maza, escuchan con estupor que alguien susurra al otro lado de la pared: «Al fin, podré descansar bajo cinco tulipanes púrpuras».

  41. 42 . CUENTA ATRÁS

    No pudo encontrar la paz jamás. Sus demonios lo devoraban por dentro. Éramos tan jóvenes que nos aplastó el miedo. Debía querernos, protegernos, pero actuaba con impunidad al llegar la noche. Se alimentaba de nuestra inocencia sin piedad. Temblábamos hasta el amanecer esperando que no viniera. Para sobrevivir anestesiábamos los sentimientos, ya que la ceguera que nos rodeaba enmudecía nuestro infierno. El tiempo nos hizo fuertes y el alma recuperó el aliento, pero entonces, comenzó su cuenta atrás hacia la dependencia.

    Su cobardía suplicó clemencia ante la justicia de mis manos. Reconoció lo que habitaba mi mirada al tumbarlo en aquel hoyo, junto a cinco tulipanes púrpuras.

  42. Ana Alcocer

    43. Punto de partida

    No pudo encontrar la paz y eso que la buscó con denuedo incansable, demasiado exigente consigo misma y una responsabilidad mal entendida la hacía sentirse culpable de cualquier cosa que sucediera alrededor de su universo. Ama de casa.

    Soy mujer y me niego desde ahora mismo a que esto sea el epitafio de mi vida. Adoro el color de las flores, de la vida y voy a impedir que los tulipanes amarillos de mi alma se tornen como las cinco llagas de Jesucristo, en cinco tulipanes púrpuras.

  43. javier Palanca

    44. Ahora y en la hora

    No pudo encontrar la paz perdida, el pasillo era tan largo y tan oscuro como él en realidad ya estaba asumiendo. El sonido de sus pasos le perseguía como un eco de confirmación de que todo atisbo de lo que tuvo y lo que fue ya había quedado atrás como un maldito imposible.
    Explotó una luz tan rápida como un instante incontable, pero fue suficiente, los vio, y se dejó caer lentamente, muñeco de trapo, sobre esos cinco tulipanes púrpuras.

  44. Pilar Yebras

    45. Últimas noticias.
    No pudo encontrar la paz ni siquiera sentada en su silla de bordar, refugio de sus tristezas, de sus esperas y de su futura vida en común.
    Su vida giraba entorno a él y ella era todo su mundo. Ernesto había marchado fuera de su pueblo para ofrecerle un mundo mejor tal y como Carmen se lo merecía.
    Noticia de última hora: un camión provoca un accidente ferroviario. Una única víctima, varón de 27 años. Llevaba en su mano un ramo con cinco tulipanes púrpuras

  45. Gregorio Vega

    46. La pérdida.
    No pudo encontrar la paz perdida desde niño. La muerte de su madre le obligó a enfrentar la realidad sin comprenderla. Consiguió salir adelante mendigando, o con pequeños hurtos… Luego llegarían los delitos y el centro de menores. Salió de allí a los seis meses, con un trabajo de aprendiz. La vida le daba otra oportunidad. El día de su primera paga se dirigió a la tumba de su madre. Plantado frente a ella, leyó en voz alta el nombre y la fecha que allí figuraban. Las lágrimas brotaron espontáneas: la armonía regresaba así a su vida. Besó la lápida y dejó sobre ella cinco tulipanes púrpuras.

  46. 47. VOCACIÓN
    No pudo encontrar la paz, estaba claro que el seminario no era para él, demasiado aburrido. Sin embargo, seguía siendo un buen refugio. A nadie le extrañó que aquel joven atolondrado y con cara de niño sufriera una repentina iluminación. Como tampoco sospecharon de él las cinco chicas a las que robó sus últimas horas.

    Y como cada uno de noviembre, sin saber la razón, bajará temprano al pueblo para comprar cinco tulipanes púrpuras.

  47. Aman L. Lordén

    48. DESCONTROL NARRATIVO
    No pudo encontrar la paz que le permitiese avanzar en su actual novela. Su editor le presionaba sin piedad, y el exceso de problemas familiares asfixiaba sus ideas. Así las cosas, sus personajes vagaban en un limbo de inconcrección y medias tintas. Su argumento no terminaba de moldearse. El asesino permanecía desde hacía días con las manos apretadas alrededor del cuello de la joven víctima, y no había forma de materializar su tarea. La moribunda seguía sin clarificar su destino final. Sin embargo, su doliente madre ya tenía comprados cinco tulipanes púrpura.

  48. Josep Maria Arnau

    49. Marcado en el calendario

    No pudo encontrar la paz en la cárcel. Todos sabían que ellas no habían podido defenderse. Lo condenaron por tres, pero a él le gustaba presumir y se fue de la lengua.

    El día señalado hubo un incendio en la segunda galería. Una vez sofocado, él no se presentó al recuento de presos. Lo encontraron sin vida en su celda, empalado y sin ojos. No había ninguna nota, solo un mensaje. Alguien había dejado sobre la mesa cinco tulipanes púrpuras.

  49. Pablo Núñez

    52. 49565
    Nunca pudo encontrar la paz desde que vivió en un campo de concentración. Allí le quitaron la dignidad y cambiaron su nombre por un número tatuado en su mano. Ya hace años de aquello, pero aún le persiguen las mismas pesadillas. Ahora trabaja en una floristería, junto al estudio de una pintora que le ha robado el corazón. Ella visita la tienda para inspirarse ante tal explosión de colores, aunque hoy ha confesado que realmente va a verlo a él. Después se han besado mientras David escondía su mano. Sara se la ha cogido, ha sacado un pincel y ha dibujado encima de los números cinco tulipanes púrpuras.

  50. Karibel Pérez Villalba

    53. Adiós
    No pudo encontrar la paz ni el sosiego necesarios para escribir tan bien como ella solía hacerlo. Sólo cien palabras le dijeron. Ni una más. Cuanto antes acabara con esto, antes se recuperarían. Cómo explicarles en tan poco espacio que la vida que había elegido para ellos, su decisión de donarlos a esa mujer, no era fruto del desamor, ni cobardía. Ella podría ofrecerles todo lo que necesitaban: calor, alimento, un lugar tranquilo donde crecer felices junto a otros retoños. Cómo explicarles que aún así les amaba. Cómo admitir que había sido egoísta. Ella ya sabía, que en la próxima expedición a Marte no aceptarían cinco tulipanes púrpuras.

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