49. Familias (Juana María Igarreta)
Los papás llevan días desaparecidos. No están en la casa, ni tampoco en la autocaravana. Alaia lo expresa con su lengua de trapo, sentada en el suelo con las manos abiertas y un triste desconcierto en la mirada. La pequeña se ha estrenado en incertidumbre, pero ella todavía no sabe que existe esa palabra tan rara y difícil de pronunciar.
Asier, el hermano de Alaia, afirma haberlos visto hace poco, pero igual es que lo ha soñado. Intenta animar a su hermana diciéndole que la operación de búsqueda acabará siendo un éxito, pero en el fondo no descarta un final desafortunado. No es la primera vez que sufren una pérdida que acaba siendo una desaparición definitiva.
Mientras continúan las pesquisas para localizar a los papás, a las que se han sumado también tíos, primos y abuelos, Alaia ha decidido que no se separará de Peppa y George hasta que aparezcan.
Ajenos al revuelo que están generando, Papá Pig y Mamá Pig, tras haber conseguido zafarse de las fauces glotonas del aspirador gracias a sus orondas figuras, disfrutan de una apacible estancia en los últimos confines del salón.


Esta pequeña que, como bien se expresa, «se ha estrenado en incertidumbre», siente como un drama no encontrar sus peluches, padres de un personaje muy conocido, a los que llega casi a identificar con sus propios padres, por pura empatía, en su mundo de fantasía. Se puede imaginar el júbilo que sentirá esta niña, y su hermano, cuando loa encuentren
Un abrazo y suerte, Juana.
Pues sí, para los pequeños perder sus juguetes preferidos es un drama. Y reencontrarlos un motivo de gran alegría. Doy fe. La verdad es que este relato me lo han inspirado mis nietos. Muchas gracias, Ángel, por tus siempre bien recibidas palabras. Otro abrazo para ti.
Muy bueno ese giro en el que pasamos de una inminente tragedia familiar a un simple juego, aunque a la pequeña le parezca lo más importante del mundo localizar a esos peluches que, por lo que parece, necesitaban un respiro.
Un abrazo, Juana María.
Celebro que toda una experta en relatos con giro sorprendente valore de esta forma el micro. Muchas gracias, Ana María, por decírmelo. Otro abrazo para ti.
Juana, hace tiempo que no comentaba, pero la jubilación, en su benevolencia, me va a regalar tiempo y espero poder comentar algún que otro relato (las buenas costumbres hay que retomarlas). Muy original relato y sorpresivo final que, a manos de un mundo imaginario de la familia Pig y la inocencia de la niñez, sirve como pretexto para crear un universo de emociones, miedos e incertidumbres que, al final, van proyectando y conformando nuestra personalidad. Muy bueno. Un abrazo y suerte.
Pues qué alegría, Salvador, que estés de nuevo por aquí, y que tengas la intención de dedicar más tiempo a ENTC gracias a tu jubilación. ¡Enhorabuena! Te deseo que disfrutes muchísimo de esta nueva etapa y realices todos los deseos que tengas pensados.
Gracias por tu amable e interesante comentario del micro. Si te parece original y el final sorpresivo, no puedo pedir más. Otro abrazo para ti.
Desde luego la incertidumbre que puede sentir un niño pequeño,sobre todo porque aún no la comprende, debe ser más angustiosa que la de un adulto. Y aquí en este relato queda reflejado muy bien.
Un abrazo
Totalmente de acuerdo con tus palabras sobre la incertidumbre y los niños, Gema. Y si crees que el micro refleja bien el tema, pues mira qué bien. Muchas gracias por comentar. Otro abrazo de vuelta.
Muy bien plasmada la incertidumbre infantil y muy bien ese final de juguete que supone un gran alivio para el lector. Ja ja ja.
Me alegro de haber plasmado bien la incertidumbre infantil, y si el final ha sido un alivio, quiere decir que lo anterior parecía ser un drama. Qué bien, esa era mi intención. Muchas gracias, Edita por comentármelo. Un abrazo.
Muy buen relato Juana. Me ha encantado esa incertidumbre de la niña por no saber dónde están sus muñecos.
Un saludo
Qué bien que te haya gustado el micro, Blanca. Y muchísimas gracias por decírmelo. Un abrazo.
Me he tenido que documentar: mis hijos crecieron con otros dibujos animados. Había oído hablar de Pepa , pero no de su familia. Un alivio para nosotros que los papás sean juguetes. Pero en tu relato has demostrado que es relativo: Alaia no lo ve así.
Bueno, yo conozco a la Familia Pig gracias a mis nietos. De hecho, ellos me han inspirado el micro.
Sí, como bien dices, la niña vive como un drama la desaparición de sus muñecos. Muchas gracias, Rosa, por leer y comentar. Un abrazo.
Juana, me gusta como va girando la historia desde la incertidumbre por la desaparición hasta la ternura, con el punto final de humor. Y es que todos los padres y madres necesitan descansar.
Un abrazo y suerte.
Bueno, pues para mí es un regalo tu comentario tan positivo, Rosalía. Muchas gracias y otro abrazo para ti.
¡Qué maravilla de micro, Juana! Lo que comienza como la desaparición de una mamá y un papá de carne y hueso, al final se revela como la de dos queridos peluches, Mamma Pig y Pappa Pig. Fue una suerte que sus orondas figuras los salvaran del hambre de la aspiradora, lástima que los niños de la aurocaravana aún no lo sepan… Nada hay peor para quienes hemos amado un peluche que la perspectiva de perderlo, y en este caso, por partida doble…
Me encantó esta historia de incertidumbre infantil.
Un beso grande,
Mariángeles
Jolín, Mariángeles, muchas gracias. Celebro que te haya gustado tanto este micro que me inspiraron dos de mis nietos jugando con la Familia Pig. La verdad es que se me ocurrían cosas muy trilladas para hablar de la incertidumbre y mira tú, surtió esta idea viéndoles jugar. Otro beso grande para ti.
Gran giro final. Los adultos respiramos al sabe rque eran los peluches. Pero oye, a los niños con sus juguetes no les angusties. Enhorabuena.
Muchas gracias, Sergio. Así es, lo que a los ojos de los adultos no tiene mayor importancia, para los niños lo que pasa con sus juguetes a veces se convierte en un drama. Muchas gracias por comentar. Saludos
Jajaja, tú sí que me has engañado, casi hasta el final, con tu excelente micro. Para nada me imaginaba que estabas hablando de esos cerditos tan originales, a mi nieta le encantan.
Mucha suerte, Juana.
Un abrazo.
Pues qué bien si te he engañado, Rosy. Con lo mal visto que está el engaño en la vida real, en los relatos cortos suele ser muchas veces el objetivo a lograr.
Qué bueno que conozcas a los Pig por tu nieta. A mí me pasa lo mismo. Los nietos jugando con ellos me inspiraron el micro. Muchas gracias por tus palabras. Otro abrazo de vuelta.
Hola, Juana:
Me ha encantado la imagen que se ha creado en mi cabeza después del giro final.
Toda la familia unida buscando a Papá Pig y Mamá Pig. Y, por supuesto, el modo en que has jugado con nosotros para hacernos ver lo que no era.
Genial.
Un abrazo y suerte.
Me alegra lo que me cuentas, Hugo. Si te ha gustado la búsqueda en familia y la sorpresa final, no puedo pedir más. Muchas gracias por comentarlo. Otro abrazo para ti.
La incertidumbre siempre es dolorosa. Para los niños, más. El buen corazón de Asier consolando a su hermana Alaia y movilizando a toda la familia. Es un hermoso cuento de amor fraternal. Enhorabuena Juana Maria.
La primera frase ya nos deja mal cuerpo a los lectores cuando sabemos que hay una niña con «lengua de trapo» y hermano mayor que hace lo que puede. Vas manteniendo la tensión hasta que la última frase nos saca una sonrisa al mostrar que se trata tan solo de una tragedia «juguetil»… Pero, ¡qué mal lo pasan los peques al perder sus juguetes preferidos!
Un abrazo,
Carme.
Me alegra haberte hecho sentir esa tensión. Y sí, para los peques que desaparezcan sus juguetes es un drama.
Muchas gracias por comentar, M.Carme. Otro abrazo de vuelta.
Qué bien que te haya gustado, Miguel Àngel. Gracias por comentar. Un abrazo.