90. Héroes y villanos
El abuelo muerde las hojas de los tebeos, las mastica, las deglute y da un sorbo de vino para evitar atragantarse. Mamá le regaña porque después, ni atiborrándole a zumos de kiwi o de pomelo, es posible desatascar el estreñimiento que le produce la ingestión de tanto papel impreso. Al final, incapaz de soltar ese vientre vetusto y cabezota, recurre a los laxantes. Solo así, aunque de forma algo atropellada, empieza el quimo a circular, rugen sus tripas con la potencia ancestral de una leona; escapan a borbotones, de lo más ruin de sus entrañas, personajes híbridos que se dispersan por el piso, como cucarachas sorprendidas por una luz inesperada, antes de alcanzar el inodoro: pitufos descoloridos con cabeza de Batman o de Robin, agentes de la TIA con la silueta felina de Catwoman, Jokers con la cara pintarrajeada y elegantes vestidos de damas cavernícolas. Las arañas ceden sus rincones a Spidermans desfigurados, Toby comparte sus pulgas con un amasijo de patas y hocicos de Idefixs y Milús, de Plutos y Rintintines. Terminadas las deposiciones una esponja y unos polvos de talco dejan el culo octogenario inmaculado. Un poco de lejía purifica el suelo hasta el próximo festín.

