81. La biblioteca
(Inspirado en hechos reales)
Nunca imaginé que la tía Rita me dejara su joya más preciada: su biblioteca. Se había pasado la vida cuidando su colección de más de dos mil ejemplares y ordenándola por género y autor, aunque en el último año ni su vista ni su movilidad le habían permitido ocuparse de ella como hubiera querido. Por eso le encargué a la señora que hacía las tareas domésticas que le pasara el plumero a los libros. Cuando hubo terminado comprobé horrorizada que había alterado el orden de los libros colocándolos por tamaños y colores. Se sentía muy satisfecha del resultado, por fin había convertido ese cuchitril en un espacio donde todo era armonía de colores y no sobresalía un tomo más que otro. Ella no salía de su asombro por mi estupor. Decepcionada se dio media vuelta y mientras se marchaba iba diciendo que los libros del Darling los dejaba encima de una banqueta para que yo los tirara o hiciera con ellos lo que quisiera porque allí no pintaban nada.¡Los libros del Darling! ¿a qué se referiría? En el lugar indicado encontré la colección del Dalai Lama, al que por cierto, me encomendé para arreglar tamaño desastre.


!Qué relato más simpático!, basado en la realidad, allí de donde se nutre la inspiración.
Cada uno tiene una idea de lo que debe de ser el orden. Me imagino la escena, entre el estupor por el desaguisado y la reacción de la chica ofendida y muy digna. Sí señora, buen relato!
Gracias por tu comentario Pilar. ¿qué es el orden? difícil respuesta tiene esa fatídica pregunta y sino que se lo pregunten a los personajes del relato. Abrazos.
Jajaja. A mí también me ha pasado alguna vez y sienta fatal que te alteren el orden con el que tú te encuentras cómoda. Para eso nacieron las instrucciones, aunque me temo que, a veces, ni aún así.
Un abrazo, Esperanza.
Gracias por tu comentario Ana. Bastaron dos días para deshacer el trabajo de toda una vida. La empleada doméstica todavía se está planteando que ha hecho mal. Jajajaja- Abrazos.
Cada uno tenemos nuestra manera de ordenar el pequeño espacio que creemos que nos corresponde de mundo, o de desordenarlo, pero a nuestra personal manera. Libros, objetos, la colocación del lavaplatos, la forma en la que está dispuesta una mesa de trabajo o un cajón. Cualquier intromisión, o cambio sin permiso, se considera una falta de respeto.
Es del todo creíble que tu relato esté basado en hechos reales, porque somos así.
Un abrazo y suerte, Esperanza
Gracias por tu comentario, mi querido Ángel. A veces hacemos las cosas con la mejor intención y metemos la pata hasta el fondo. Abrazos.
Jajajaja por suerte la herencia no se había distribuido entre dos o más bibliotecólogos: el uno por colores, la otra por tamaños, la siguiente por años, el cuarto por peteneras… Y es que, como bien nos cuentas en tu texto, el orden es algo intrínsecamente personal. Incluso para el Dalai Lama. Si le dejas la biblioteca, igual te la ordena por el karma percibido. 🤭 Suerte y abrazote, Esperanza.
Gracias por tu comentario, Rafael. No,no, no tuvo que distribuirlo entre más herederos, menos mal porque la cosa se hubiera complicado de tal manera que ni el Dalai Lama hubiera podido solucionarlo. Jajajaja. Abrazos.
Ja ja ja. Como avisas que es inspirado en hechos reales, ya no puedo decir que has sido muy ocurrente. Pero sí que lo has contado con mucha gracia y que me ha gustado mucho.
Gracias por tu comentario, Edita. Es una historia real adornada para convertirla en ficción. Me alegra que te haya gustado. Abrazos.
Lo de que te ‘ordenen’ tu biblioteca debería estar penado. Yo también me resistiría a que me los tocasen.
Pobre Dalai Lama, con el amor que pondría escribiendo sus textos. Seguro que enviaría mucha paz interior y armonía a la señora ‘ordenadora’.
Me ha gustado pasarme por tu biblioteca.
Un abrazo Esperanza.
Jajaja, qué bueno. Si es que en realidad el orden, a veces, es algo muy personal.
Eso sí, faena extra para la heredera.
Un abrazo y suerte.