53. La sorpresa
En la ciudad reinaba el desorden: los semáforos discutían entre sí, los relojes mentían y los vecinos hablaban todos a la vez. Así que me marché al campo en busca de paz para el espíritu.
Tardé en encontrarla, pero al final apareció. Con ella llegó también un oficio inesperado: me hice agricultora.
Un día recogí semillas de calabaza y las sembré. Regué la tierra y esperé pacientemente, confiando en la lógica tranquila de la naturaleza. Pero cuando llegó el momento de la cosecha, en lugar de calabazas habían crecido tomates.
Desde entonces, mi vida empezó a torcerse.
Ahora, puedo estar aquí y allá al mismo tiempo. Si busco el azúcar, aparece en la lata de galletas que pone «Café». Me compro un vestido azul y al día siguiente es rojo. Salgo a buscar setas y vuelvo con una cigüeña. Pongo una trampa para ratones y atrapo a la luna llena.
Con el tiempo me he acostumbrado a vivir en este embrollo, pero esta mañana algo inesperado me ha ocurrido: no sé cómo explicarle quién es el hombre que ha amanecido en mi cama… al marido que no tengo.


Cuando el desorden aparece impone su ley y nadie puede escapar de él, ni huyendo al campo, tampoco intentando una vida en solitario.
Un relato lleno de imaginativas y divertidas situaciones.
Un saludo y suerte, Cecilia