46. Las Américas de mi abuelo
En el Casino del Muelle todos llamaban “don Ernesto” a mi abuelo. Mi madre decía que pasaba allí las mañanas por el respeto que despertaba, aunque él dijera que iba por echar la partida. Los sábados me llevaba con él y, por el camino, me dejaba sus cosas. «Ten cuidado con el bastón —decía— que es de materiales nobles». El sombrero, en cambio, si por casualidad se me caía al suelo, lo recogía con aire paciente, lo limpiaba en la manga de la guayabera y me lo ponía de nuevo. Era un Panamá antiguo, pero tenía un armario lleno de ellos. A veces, en sitios donde nadie podía vernos, me dejaba también el diente de oro. «Ahora sí que pareces un indiano de verdad», me decía ufano, adelantándose un paso para poder mirarme. Yo levantaba entonces la cabeza, me encajaba bien el sombrero y agarraba fuerte el puño de marfil tallado, pero sobre todo intentaba no tragarme el diente, que según contaba mi padre, enarcando mucho las cejas, el abuelo lo había obtenido a cambio de una persona sin “tachas”.


Me recordó a mi abuelo, emigrado a Argentina muchos años, que nos contaba sus batallitas fabuladas a los nietos. El texto muy bueno, todo estupendo, muy gráfico, costumbrista incluso, graciosísimo los del niño con el diente… Hasta las últimas palabras, que me dejan descolocada y pensando mal.
Hola, Edita. No hace mucho lei que parte de los indianos europeos hicieron fortuna gracias a la esclavitud, bien usando su mano de obra en las plantaciones, o bien dedicándose al tráfico de esclavos. Parece ser que esto ocurrió sobre todo en la zona del Caribe y que, como digo, no todos los hicieron.
Muchas gracias por tus palabras. Me alegra que te haya gustado, y siento también que el final te haya descolocado.
Un abrazo.
No bay nadie más objetivo que un niño, observador, inocente y ecuánime por definición. Para el de tu relato, que también hace las veces de narrador, la figura de su abuelo es fascinante, aunque nota que no es oro todo lo que reluce, y nunca mejor dicho, la valoración de su padre también contribuye a ello.
Siempre es un gustazo leerte, Enroque.
Un abrazo y suerte
Hola, Ángel. No es raro que una apariencia respetable esconda un pasado turbio, ni tampoco que la riqueza te genere el respeto de muchos, venga esta de donde venga. Sea como sea, supongo que cualquier abuelo renunciaría a todo eso con tal de no perder la aprobación de los suyos.
Muchas gracias por todo, amigo.
Un abrazo y suerte para ti también.
Qué poco se habla de esa página negra de nuestra historia. Se pasa de puntillas, como si no hubiera ocurrido, imagino que en parte también para ocultar el origen inhumano de algunas de las fortunas de rancio abolengo de nuestro país.
Por lo demás, el micro está muy bien narrado, llevándonos poco a poco hasta el desenlace terrible.
Un abrazo y suerte.
Hola, Rosalía.
Pues sí, parece un asunto del que se prefiere hablar poco, y que si se hace se relativice su importancia, comparándolo con los abusos cometidos en las mismas circunstancias por otros países, cuando no echando mano de le empatía histórica, ese concepto tan socorrido para intentar justificar lo injustificable. Esto no quita, por supuesto, que hubiera indianos honrados que, además, al volver con los suyos contribuyeron al desarrollo y el bienestar de su tierra natal.
Muchas gracias por tu lectura y tus palabras. Un abrazo.
Tremenda historia donde muchos paisanos hicieron fortuna por otros medios y con ello, ocultándolo, se convirtieron en insignes personajes en su tierra natal. Muchos fueron los que no lo consiguieron y quedaron en el olvido de lo menesterosos. Y posiblemente de los honrados y dignos.
Muy bien contado, Enrique. Enhorabuena.
Hola, Miguel Ángel.
Sí que hay estatuas de estos paisanos insignes adornando plazas, como hay también calles y edificios oficiales con sus nombres. A saber cuáles de ellos consiguieron su fortuna honestamente y cuáles no, aunque tiene mucho sentido que ocurriera según dices, que la posibilidad de éxito fuera en relación inversa con los escrúpulos de cada uno.
Muchas gracias por todo y un abrazo.
Efectivamente hay una historia detrás de esta historia que se intuye en ese final. Yo me quedo con la entrañable complicidad de un abuelo y su nieto que tan bien describes. Es evocadora y seguro que a muchos nos ha trasladado a la niñez. A mí desde luego.
Un abrazo
Hola, Gema.
Cuánto me alegro de que te haya evocado esas cosas tan bonitas, y más de que te haya trasladado a la niñez. Como abuelo que soy, valoro muchísimo cada momento que paso con mis nietas, y confío en que al menos un poco de esa experiencia se quede para siempre en ellas.
Muchas gracias por tus palabras y un abrazo.
Hola, Enrique
Uf, «a cambio de una persona sin tachas», qué mal rollito.
Qué bien cierras, con esa expresión, un micro en el que se muestra la personalidad y el pasado de ese abuelo.
Enhorabuena y suerte
Muchas gracias por pasarte, Alberto.
Me encanta tu comentario.
Un abrazo.