Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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03 LAS BUCHONAS

Cuando las ves, notas cómo se te eriza el vello y se te hiela la sangre en las venas, porque son las queridas de la muerte. Provocativas con sus escotes generosos, sus faldas tacañas y sus medias de rejilla juegan a la seducción homicida. Porque si te señalan, no lo dudes amigo, tu cuerpo aparecerá colgado de un puente y tu cabeza en un estercolero. Cubren sus rostros con máscaras -idénticas en sus falsas sonrisas- que esconden las sonrisas auténticas, aún más siniestras.

Les gustaron mis ojos: “Ay, mi hijito, tan verdes…” y tal vez por eso me rodearon en corro hasta que llegaron ellos. Pude distinguir la inicial de mi nombre tatuada en el muslo de la más pendenciera. Éramos casi niños entonces y al poco desapareció del barrio. Tan bonita como para convertirse en capricho de un narco, tan insensata como para corromperse con el poder sucio del dinero. Quizás por ella me dejaron con vida, aunque para qué. Duermo en un galpón junto a otros desgraciados y de día salgo con Mellado, mi perro. Parado en una esquina espero las limosnas que los transeúntes quieran arrojar a un pobre ciego.

4 Respuestas

  1. Javier Arroyo

    Hola Paloma,

    Lo que más me gusta del relato es tu forma de contar, precisa y preciosa a la vez, ver como nos guías hasta ese final inesperado peo implícito en el texto. Miedo de verdad tuvo que pasar ese crío y a buen seguro vivió con el, ciego y a oscuras, durante toda su vida.

    Mucha suerte. ¡Saludos!

  2. María Jesús Briones

    Recorrido en la vida de un invidente contado con sugestiva narrativa, «Las queridas de la muerte». Impactante, Paloma.
    Suerte y un besito virtual

  3. Ángel Saiz Mora

    Cuando la fatalidad se apodera de una persona, o más, bien, se encapricha con ella, lo único que se puede pedir es no salir demasiado mal parado. Tu protagonista, tras convertirse en el juguete roto de quien puede conseguir cuanto quiere, al carecer de límites, podría haber terminado de la peor manera. Sin embargo, sigue con vida, aunque con una existencia marcada y menguada. Ya no tiene el miedo y la ansiedad pegadas a la piel y al alma, lo cual debe de ser un alivio, pero el precio pagado ha sido muy alto.
    Una historia con mucha fuerza, con la sensación de sufrimiento primero, y resignación después.
    Un abrazo y suerte, Paloma

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