LAS CABEZAS DE CUDEYO (Jesús Alfonso Redondo Lavín)
“En la cueva “La Graciosa” del Cutelliun Castrum se encontraron ocho cráneos”.
Las tribus que habitaban Trasmiera subían en verano a los bosques de las fuentes del río Miera; ese río que desemboca en la bahía santanderina y que, cuando la sal le cambia el sexo, llaman ría de Cubas. Allí organizaban sus cacerías de corzos y rebecos. Así llenaban las despensas invernales. Cuando terminaban las batidas recorrían cargados con sus presas el camino de retorno. Al salir al llano, subían a un montículo cónico anejo a Peña Cabarga. En la cumbre, ofrecían, invocando al sol y a la luna, las cabezas de los cadáveres de los cazadores fallecidos por despeñarse o por ser víctimas de los osos cavernarios. Los cuerpos descabezados quedaban atrás, en las garmas de aquella selva donde sus espíritus volarían al albur de vientos y abantos.
El montículo, por su forma de cuchillo, bautizó a la zona como Cudeyo.
Pues sí, parecen funcionar las pastillas chinas para excitar la imaginación que me llegaron ayer por AMAZON.
Desde esos bosques, testigos de aquellas correrías, ya roturados en prados, bajó mi abuelo Victoriano, con la cabeza en su sitio, para instalar sus ganados en las marismas de Cudeyo.


Donde los hechos constatados no llegan, aparece la imaginación para rellenar huecos, que amalgama realidad y leyenda. A veces no hace falta pastillas para desarrollar la fantasía, aunque un impulso químico puede que ayude.
Otro ejercicio de memoria que dejas como legado.
Un abrazo y suerte, Jesús