Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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52. Los hilos de La Virgen

Solo veo nubes y alguna paloma, pero quiero contarlo ordenadamente. Fue el sol en noviembre quien me animó a salir con mi cámara (soy fotógrafo). Había una pareja en un parque. Estaban solos, apoyados en un árbol. Enseguida  me di cuenta de que tenían edad para ser padre e hija, pero él parecía un depredador. Les hice una foto, ella se asustó y salió corriendo. El tipo me exigió el carrete y me negué.

Cuando lo revelé, amplié la imagen para colgarla en la pared. No paraba de mirarla. Aun así, tardé en advertir la leve agitación de las hojas. Después, se movieron ellos. Me alegré al verla correr. El hombre salió del encuadre. Ella, sin embargo, pasó a un primer plano. De pronto, se detuvo. Oí su respiración. No sé si gritó, pero le tapé la boca. La otra mano no respondía a mi conciencia. Autónoma, se deslizaba por su cuerpo hasta esconderse en sus bragas. Entonces cerré los ojos.

Ahora, desde que aceptaron la foto como prueba de cargo, solo pasan nubes. Lo que queda por contar son nubes, como esa que entra por la izquierda y se pierde por la derecha de la ventana de mi celda.

 

 

3 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Vaya manera elegante de dar la vuelta a una historia. El fotógrafo-observador de una escena repudiable pasa a confundirse con el villano mediante una fotografía, que solo necesitaba un cambio de punto de vista, una reordenación de los actores, para desvelar la realidad.
    Ese trozo de papel, fiel reflejo de lo que en verdad sucedió, sirve después como prueba para incriminar por sus desmanes a ese extraño retratista, con independencia de lo que ocurriese en su mente enferma, cuya narración particular, que quizá al principio pudo engañarnos, no hace sino confirmar su desvarío. Se trata de un enfermo peligroso y dañino.
    El comienzo y el final, ese cielo despejado, solo con alguna nube viajera, podría simbolizar el vacío en el que queda este personaje, él ante su atroz equivocación y la justa expiación de sus errores en una celda.
    Pese a la crudeza de lo que sucede comencé hablando de elegancia. Creo que es justo terminar insistiendo en ella, porque también sería extensible al título.
    Un abrazo y suerte, María.

  2. María Gil

    Los hilos de La Virgen también se conocen como las babas del diablo. Y a eso me refería. Quería hacer una relectura de ese relato de Cortázar. No lo he conseguido, por lo que veo. Ángel, siempre me encantan tus comentarios. Hoy más elegante que mi relato. Ya sabes que lo espero y que me hace mucha ilusión cuando lo leo. Muchas gracias por el tiempo que nos dedicas.

    Un abrazo enorme.

    1. Ángel Saiz Mora

      Casi con seguridad que los que andamos por aquí hemos leído todos los cuentos de Cortázar y le admiramos, con lo que, al valor de tu relato, se suma el de un siempre merecido homenaje al maestro. He sido yo, al no recordar que «Los hilos de al Virgen» es lo mismo que «Las babas del diablo», leído en el final de la adolescencia, no he sabido interpretar todos los aspectos como debía. Ello solo demuestra que infalible no soy, ni mucho menos, al tiempo que añade más aspectos positivos aún a esta buena historia.
      Ahí va otro abrazo.

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