Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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Mnstrscp2019 – R2 (fantasia)- E1


R2 – E1 :  Oberón

Los participantes con los alias :

 RATONCITO PEREZ – CAMPANILLA – SCARLET O’HARA – GARFIO

  • * deberán escribir un texto de MÁXIMO 150 palabras (titulo no incluido)
  • * antes del domingo día 17 de noviembre a las 12 de la noche (hora peninsular española)
  • *basado en el concepto Oberón: los cuentos de hadas y seres mágicos de la naturaleza. Nos valen hadas, gigantes, enanos, brujas, trolls, árboles parlantes… Puedes crear un relato nuevo o reutilizar, versionar etc cuentos clásicos o personajes ya conocidos englobados en esta idea de seres fantásticos de la naturaleza, como por ejemplo: La casita de chocolate de Hansel y Gretel, el mago Merlín etc…

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5 Respuestas

  1. Genio en nombre de Scarlet O'Hara

    Tributos imprescindibles de SCARLET O’HARA

    La salida al bosque era una actividad obligatoria de educación medioambiental. Generalmente se portaban bien, aprendían a ser respetuosos y dejar el lugar intacto. A veces alguno no resistía la tentación de morder una muscaria, pero no solían tragársela. Tampoco pasaba nada si flipaban un poco, los niños sabían alucinar sin ayuda. Pero lo de Rubén era demasiado: su desobediencia era incorregible.
    Supe que sería uno de esos días. Cuando le vi pisotear setas, arrancar corteza de los árboles, tirar el papel del bocadillo al río, gritar y aplastar orugas sin hacerme caso, me eché a temblar. Pronto advertí los conocidos ojillos vigilándole. Traté de mantenerle a mi lado, pero se me escapó y aunque fui corriendo a buscarle, los zarcillos y raíces le habían atrapado, estaba recubierto de hojas, y el musgo crecía sobre su cabeza.
    La reina Fronda ya no podía permitirse consentir ningún indicio de estupidez humana.

  2. Genio en nombre de Campanilla

    AZARES SINCRONIZADOS de Campanilla

    Residía en la ciudad desde que el último bosque se convirtió en una infernal pesadilla de una noche de verano. Ejercía de conserje en un edificio de oficinas, donde había alquilado un pequeño apartamento. Cada noche lo visitaban los duendes y hadas que sobrevivieron a todos los fuegos. En las primeras reuniones se repartían trabajos sencillos que amortiguaban el sentimiento de venganza que inundaba sus corazones: algún cortocircuito inesperado, escapes de gas y pequeñas inundaciones que apenas dejaban una docena de víctimas. Después de un tiempo, decidieron llevar a cabo una operación más ambiciosa. El día previsto, cambiaron la sincronización de los semáforos provocando miles de accidentes, fulminaron internet, las redes telefónicas y, mientras los que habían arrasado sus campos, aterrorizados ante tal panorama, acababan los unos con los otros y con lo que quedaba del mundo, ellos surcaban los cielos, guiados por mí, rumbo al país de Nunca Jamás.

  3. Genio en nombre del Ratoncito Pérez

    Fantasía y Sinrazón de Ratoncito Pérez

    Confeccionaban sus propias alas y tenían unas para cada ocasión y en todos los colores. Para pasearse por las ciudades, Sílfides se vestía las de polivinilo, iguales a los tubos, mangueras y la mayoría de juguetes para niños, ya que soportaban las tormentas, las heladas y todo tipo de vientos.
    Las de poliestireno —ligeras y suaves al tacto—, Dríades las utilizaba para sobrevolar los bosques en las tardes apacibles y con sol. Sus favoritas eran las blancas, semejantes a los protectores de aparatos domésticos y a las bandejas para hamburguesas.
    Las preferidas de las Oceánides eran las de polipropileno, idénticas a las bolsas, los envases de los yogures, las botellas del agua, del aceite, las pajitas… básicamente porque aguantaban muy bien el frío y la humedad.

    Sin duda, estas hadas eran las más actuales de las leyendas mitológicas: les encantaba ir a juego con los Océanos, especialmente con el Pacífico.

  4. Genio en nombre de Garfio

    Navajita plateada de Garfio

    Se perdió hace tiempo. En manos de mi abuelo era la varita mágica capaz de convertir un palo en jabalina, para citar en el claro a héroes griegos o apaches chiricahuas. No era suiza, pero mil serían pocos, los usos de un artefacto tan diminuto, capaz de convertir en serpiente amarilla la monda infinita de cada manzana. O, emboscada en su bolsillo, ser un machete protector para internarnos sin miedo en la selva frondosa que para nosotros era el merendero de las afueras.
    He venido con mis nietos al bosque misterioso de mi niñez, creyéndome incapaz de convocar para ellos toda la magia vivida entre aquellos árboles. Parecían aburridos de mis historias forestales hasta que el más pequeño, hurgando en la oquedad de un tocón, la ha encontrado. Las cachas rayadas, ese crujido inconfundible cuando se abre y ni una sola melladura.

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