Montarse una película
El mundo andaba desquiciado. Cualquiera podía percibir las señales. Y en eso llegaron los novelistas.
Arturo Pérez-Reverte había dirigido un drama de época que él mismo interpretaba. También el guion era suyo. Prolongó su papel de pendenciero de ingenio quevedesco en los actos promocionales y esa sobreactuación lo condenó.
Eduardo Mendoza descansaba de las aventuras de su detective anónimo, cuando se embarcó en la filmación de El increíble hombre menguante que mató a Liberty Valance. Un pastiche que se quedó sin premio al Mejor largometraje de animación.
Javier Cercas encontró la fórmula del éxito mezclando en sus libros la dosis precisa de ficción y realidad, pero la extravió en su viaje al cine. Si hubiese existido la categoría de Documental de ficción…, se justificaron quienes le habían negado el voto.
Todas nuestras ilusiones puestas en los Óscar acabaron en la basura.
Menos mal que nos resarcimos meses después cuando la Academia Sueca galardonó por fin con el Nobel de Literatura a Javier Marías.


Como pronostica el título, tú también has montado una gran película con un guión de menos de 200 palabras. El Óscar no sé, pero al ENTC optamos todos los que inventamos por aquí.