74. No sirve de nada construir en la orilla los castillos más hermosos
Cuando despertó, Ruben comprobó el desorden de la habitación y lo asimiló al de su vida. Olía a alcohol y marihuana. La maleta estaba abierta con la ropa por el suelo, el espejo torcido, la televisión encendida en un canal donde emitían imágenes de playas hermosas. Todo era confuso desde que ella lo dejó llevándose a su hijo; desde que lo despidieron del trabajo; desde que discutió con sus padres. Desde aquel día.
Intentó moverse, pero a cada tentativa sumaba un nuevo caos. Se asfixiaba. Su cabeza era un rompecabezas, y sus pensamientos mala sintaxis de recuerdos con faltas de hortografía incluso.
Aun así, atinó a recordar cuando, desatinado, acudió al trabajo pesando en mil cosas y olvidando al pequeño dormido en su sillita, en el asiento de atrás del coche. Tras unas horas, una compañera se lo advirtió a tiempo, pero su mundo colapsó.
Lo siguiente fue un melodrama de interminables capítulos que todavía dura.
Todo estaba sucio, el porro y el ron ya se habían consumido. A Rubén poco le faltaba.
Volvió a tumbarse para huir, y se sorprendió rezando por su redención.
Al tercer ruego se durmió.
Cuando despertó, el desorden todavía estaba allí.


Hay una intrahistoria dentro de tu historía que explica el estado emocional del personaje. Aunque parece que no acabó dramáticamente fue lo suficientemente dura para descomponer la vida de Rubén. A veces los errores pueden perseguir siempre a las personas. Buena historia Un abrazo
Gracias, Gema, por tu comentario.
Uno intenta tener todo ordenado, pero…
Saludos!!! 😉
Hay quien despierta, cree ver un dinosaurio que vuelve de manera recurrente, con el que compone una historia breve que nadie acaba de entender, pero triunfa. Hay quien despierta creyendo que el desastre en el que se ha convertido su vida desaparecerá, pero la realidad es obstinada, como el dinosaurio, que siempre está ahí, y hay errores con consecuencias y sin redención.
Un drama de difícil arreglo.
Un abrazo y suerte, Marca, ¡campeón!
Campeón, gracias por tu comentario!! 😉
Bien dicho, la realidad es obstinada y siempre está ahí.
Saludos!!!
Me has sacado una sonrisa con la frase final, Miguel Ángel, que cierra la inicial y suena a lo que nos suena. Me gusta la historia en la que nos metes, el juego que haces con las dos visiones de espacios y vida. Suerte y un abrazo.
Muchas gracias, Rafael!!
La frase es un guiño a los «micros», pero también a la obstinación de la realidad, que cometaba Ángel.
Tan hermoso como doloroso.
Muchas gracias por tu comentario, Edita.
Desde luego, doloroso sí que es.
Saludos!!!
Esta historia me pone los pelos de punta al recordarme algún caso similar que no acabó tan bién.
Yo misma creo que algún día tuve que volver a la guardería, porque había pasado de largo.
Un abrazo y suerte.
Ayyyy las cabezas!!! Esos desórdenes!!
Gracias por tu comentario, Rosalía!! 😉
Saludos!!!