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Me asomo a la galería interior de la finca donde vivo y el patio de vecinos es un gran mapa del mundo. Mis ojos viajan por él. Y estoy en el Tíbet viendo como vuelan los deseos de colores de sus habitantes, las banderas de plegarias, que colgadas de lo más alto se lleva el viento que se purifica entre las cumbres del Himalaya. O las ofrendas coloristas de pequeños templos improvisados en cualquier rincón budista. Y más allá, los barriletes de colorines de Guatemala, los niños que corren y los elevan al cielo de sus antepasados para que no se sientan solos el día de difuntos, su día de fiesta en los cementerios. Enfrente las sábanas, que como velas blancas de embarcaciones hinchadas por la brisa, surcan océanos de piratas y mares de contrabandistas.
Las ropas tendidas de mis vecinos representan sus anhelos por recoger pedazos de sol y cielo de imaginarios viajes, que guardarán celosamente en sus armarios.
Fui sólo un mínimo latido…
Crecí un poquito cada día, primero fue el cerebro, luego desarrollé alguna protuberancia que se transformó en pies, manos, ojitos.
Mis neuronas tomaron el mando dirigiendo a los genes hacia su destino, impresionante el orden y la disciplina.
Aunque a mi nadie me oye, puedo disfrutar las voces y arrumacos de mi madre, sentir las caricias de mi padre, asimilo las alegrías, el placer, el dolor, las penas.
Tropezaré con laberintos emocionales que deberé resolver con astucia e inteligencia, las palabras, amar, odiar, protección, desprecio, triunfo o fracaso cobraran significado
Conoceré estaciones de felicidad, habrá pérdidas importantes, sortearé escollos increíbles y dependerá de mí ser feliz.
Ha pasado el tiempo y debo tomar coraje para empujar con fuerza la puerta de salida para comenzar mi viaje de vida
Estoy decidido… Entraré al mundo con un agudo grito de triunfo.
Descubriré que el silencio muere mañana.
Mayo y sus flores me depararon un encargo: ser jurado, visitar la otra orilla. Y con total humildad y ciertos temores, acepté.
Durante el viaje he leído y releído, me he reído, me he emocionado, he reflexionado… el viento arrollador de tanto buen microrrelato me ha obligado a tener las piernas sujetas a las patas de la silla para no salir volando, he sufrido al tener que elegir unos y dejar otros en el camino, me he sentido culpable por ello, he sentido la soledad del juez, he visto cara a cara mis carencias, he dudado, he aprendido, he analizado como nunca antes, me he exprimido, me he sentido arropado por el resto del jurado y finalmente hemos llegado a un veredicto.
Por todo lo anterior mi balance es positivo, lo aconsejo a todos.
Tan sólo espero la comprensión de los que se sientan defraudados, que me sepan recibir de nuevo en la orilla de partida.
Gracias por saber entenderlo y enhorabuena a todos, finalistas, nominados, participantes y organizadores.
Un saludo indio
Mitakuye oyasin
David Moreno, jurado en la convocatoria del mes de junio
Los relatos elegidos correspondientes a Junio han sido:
Gracias por vuestra generosidad.
Y nada más, llega el momento de disfrutar del viaje, de ese viaje que tanto nos enseñó…
Comenzamos el viaje cogidos de la mano, con las maletas llenas de ventanas abiertas y con horas repletas de minutos pintados de color arcoiris. El camino fluía a nuestros pasos, amplio unas veces, angosto y serpenteante, otras, marcándonos la danza de talón o puntilla, de firmeza o sigilo, vestidos de silencios o tiñendo de risas el aire que nos envolvía.
Al doblar una esquina, un latigazo súbito, traidor y fulminante rompió el tiempo y entintó nuestra marcha de miedo y soledad. Tú resististe, agarrado a mis lágrimas, pero una tarde, te abrigué con promesas de futuro y dejé que habitaras los mares …y continué la marcha.
Este viaje me enseña cada día que he de adaptar el paso a la naturaleza del camino, que a veces he de romper los finísimos tacones valientes y hasta que andar descalza si hace falta, sorteando los charcos y las piedras, que tengo que hacer pausas para mirar el infinito, y alguna vez, he de mirar atrás, para firmar la paz con el pasado y comprobar que allá donde el camino fue proyecto, una mirada cómplice sonríe.
ZZZ…un momento, oigo pasos. Y esta vez, parece que se acercan. Cada vez más y más. Ha abierto el baúl, ¡por fin!Cuánto tiempo hacía que no veía su cara, esos ojos de ilusión, … como la primera vez que me sacó de aquel embalaje de regalo hace ya tantísimos años. Las horas de juego con ella me fueron dejando menos suave, más sucio y con un ojo menos.“Teddy pirata” me llamaba, ¡qué recuerdos! Y después de tantas experiencias vividas, tantos traslados de casa y lo que ha parecido una eternidad en este baúl, ¡al fin vuelvo a verla! Sé que vamos a comenzar otra aventura juntos, sólo que esta vez será con la nueva pequeña de la casa. La vida es un viaje que para alguien como yo puede ser infinito, o por el contrario, fugaz. Y es por ello, por todo lo que este viaje me ha enseñado, que es imprescindible confiar… Ya me ha cogido, me está bajando por las escaleras. Espera, se abre una puerta. ¿Quién tira de mi con tanta insistencia? Es ella. Me espera un gran trabajo por delante. Seré paño de lágrimas, silenciador de risas, jugador incansable, compañero de sueños, amigo… amigo de por vida.
Saúl llevaba más de dos días caminando, tenía los pies cubiertos de polvo y sangre por las piedras del camino. Un viento intenso le había secado los labios hasta cuartearlos y, el tórrido sol del verano caía como una losa sobre su espalda. Casi extenuado contempló Barden a lo lejos, su paisaje singular esculpido por las fuertes lluvias esporádicas y el viento era sorprendente, mágico.
Ya en el pueblo se dirigió a la iglesia; la gente murmuraba al verle pasar: \»Es el profeta, ha vuelto\». Saúl hizo caso omiso a los comentarios y traspasó el umbral de la capilla…
-¿Buscas confesión?- preguntó el viejo párroco.
-No vendría mal, aunque prefiero un abrazo.
-¡Sobrino, has vuelto! Después de diez años, creí que nunca volvería a verte. ¿Tu viaje ha sido beneficioso?
-Me ha enseñado que es imposible huir de lo que eres, del origen. ¿Dónde está ella?
-En el huerto… cada tarde te ha esperado.
Saúl se acercó a su madre abrazándola por la espalda. Ser capaz de predecir, anticiparse al futuro siempre le atormentó. Pero ahora, aquel sabio arte, le ayudaba a verla de nuevo.
-Te quedan tres días- anunció desolado.
-Entonces no perdamos el tiempo hijo, la muerte siempre fue puntual.
Emprendí este viaje desconociendo cuando terminaría. Al principio iba casi desnuda, no tenía telas que taparan mi piel blanca ni pensamientos ensortijados en los recovecos de los sesos. Poco a poco fui adquiriendo firmeza, me cubrieron con ropas, me alimentaron en cuerpo y alma, y así fui llegando a la edad adulta, con mis propias opiniones, con mis gustos, mis rarezas, con mil deseos y experiencias. El viaje me ha enseñado muchas cosas, y sé que me quedan muchas por aprender. He conseguido andar por la vida en solitario, me siento segura y firme, con los pies en la tierra. He comprendido que sé luchar, defenderme, caer, llorar, reir y volver a resurgir. Y ahora sé que puedo ser feliz, porque valoro lo que soy y lo que tengo. Aprecio a las personas y sé que los demás también pueden valorarme por lo que soy. Sé que todo en esta vida no se puede tener a la vez, y por ello voy a disfrutar de cada sentimiento que tenga en cada apeadero del camino, ya sea una gran alegría o un lamento desgarrador. Y espero poder hacer todo ello con la misma pasión con la que escribo, canto y leo.
El miedo colapsaba sus movimientos. El armario lleno de ausencia. Él no volvería. Pero la nueva inquilina apareció de improviso. Ella no quería verla. Cerró la puerta de su casa sin despedirse de aquélla.
Facturó su temor en clase turista y sus piernas, aliviadas, se sumaron al ciempiés protector que componía la fila de pasajeros embarcando. En el avión compartió asiento con la incertidumbre que se dibujaba en el horizonte. Atravesó montañas, cruzó ríos, divisó campos y transitó por sus recuerdos. La tibieza de la brisa mediterránea calmó y colmó su espíritu. Guardó las gafas, no necesitaba protegerse ni del sol, ni de nadie. La sombra del pasado ya no hería su rostro. Antes de entrar en la mezquita de Rabat, se descalzó, descargó la mochila de su dolor y cubrió sus hombros con un suave velo de esperanza. El Gran Canal de Venecia rebosó cuando ella estalló en lágrimas tras tantos abriles. Atravesó montañas, cruzó ríos, divisó campos y abandonó sus recuerdos tras la frontera.
La calma mecía su caminar. Abrió la puerta de su casa y entró sonriendo. Llenó su armario de ilusión. La miró. Y abrazó a su primera compañera en este nuevo viaje… se llamaba soledad.
Siento esa paz que invade al paseante. Esa manera confidente de hablarle a la vida y escucharla. Esa
forma serena de no decirse nada y comprenderlo todo. En el camino hay miradas descalzas que se cruzan, te ven y no preguntan Y tú escondes en el suelo tus versos, tus poemas. Ahora todo ya es tú y se te presenta como si en tu alma nunca hubiera habido otra cosa que desiertos. Se ha transformado en cieno calmo y fósil y forma parte de ti, de tu persona.
En cada paso se mezclan los secretos, los sueños, las nostalgias, las palabras de alguien, su mirada, las preguntas, los miedos. Cada paso que das es el camino. El tuyo. Del color con que pintan tus ojos el paisaje y te lo cuentan. Y si miras atrás, el principio está lejos y no es reconocible. Es lo que has avanzado.
Sólo al final percibes que habías iniciado, sin saberlo, un viaje. Un trayecto desconcertante y útil
en el que llegar a alguna parte es lo de menos. Porque un paseo…también es un viaje.
El viaje me enseñó a disfrutar de las cosas cercanas, tangibles, aquellas con las que yo venía disfrutando desde hacía años, pero aún no lo sabía, las personas de carne y hueso queridas que tenía alrededor, mis libros, mis lluvias, mis palabras, mis silencios, pero, a la vez, también me enseñó a disfrutar y compartir las más lejanas, mis silencios, mis palabras, mis lluvias, mis libros, las personas de carne y hueso queridas que tenía alrededor. Aquel viaje, que en realidad casi me acercó hasta la muerte, supuso en realidad mi nacimiento. Hoy sigo vivo, esperando poder viajar de nuevo.
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