Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

FOBIAS

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en FOBIAS

Bienvenid@s a ENTC 2025 ya estamos en nuestro 15º AÑO de concurso, y hemos dejado que sean nuestros participantes los que nos ofrezcan los temas inspiradores. En esta ocasión serán LAS FOBIAS. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
30 DE SEPTIEMBRE

Relatos

63. Libertad condicional

Cuando hacemos el amor se me olvida de lo que está hecho el mundo, y huyo hasta sus orígenes.

Allí, agazapado, descubro el fuego que te aturulla, construyo pirámides de caricias, desembarco exhausto en América, compongo el primer motor de explosión en tu ombligo, y también el primer ordenador, para saber en qué piensas cuando suspiras. Me abrazo como un mono a tu rascacielos, me ovillo en tus redes sociales y hasta te invito a que le des a me gusta.

Pero luego gimes, gimo, gemimos… y entonces comprendemos que nuestro corazón pronto dejará de volar libre. La gigantesca mano, esa que le da cuerda a los relojes y a los coches, a los peatones y a las palabras, entrará otra vez sigilosa por la ventana, sin que podamos hacer nada para impedirlo.

Y sentiremos ese crujido triste y metálico en la espalda.

62. ROTOS

Le desaparecen las palabras casi sin quererlo. Se les va y es incapaz de decir lo que siente. Aquello que pierde. Y llora.

Recuerda pero son imágenes mudas de algo que le pasó a alguien y no reconoce que formen parte de ella. Y llora. Y, entre sollozos, pronuncia la palabra PENA.

Y unos brazos la cogen. Unos ojos la miran  y unos labios la besan. Pero no conoce ni la fuerza, ni el color, ni el sabor de ninguno de ellos. No sabe si es su marido, hijo, padre, nieta, hermana, madre o…

Él la conoce y la lleva a dar un paseo. Y, entonces, lo ve. Su primer coche. Y se recuerda de niña y ya cree saber quién es. Papá. Y lo abraza y le dice que lo echa de menos.

Sube al coche. Al coche que girando la llave, recorría con música el suelo de su casa. Pero ahora no hay  música y antes no subían como están haciendo ahora. Arrancan.

A ella no le salen las palabras. Él sólo las  tiene en su cabeza. Se saben en mundos distintos llenos de recuerdos que no llenan ni nutren una vida.

Y lloran. Los dos. De pena.

61. Ciclos

Hicimos el amor hasta que se nos terminó la cuerda. La cosa iba bien, estaba excitadísima y él me espoleaba con su miembro sin tregua pero con dulzura. Poco a poco todo se hizo más lento. Decayó el compás de mis caderas y el ritmo de sus embestidas se ralentizó hasta detenerse. Un metálico zrrrrrrrr nos confirmó que aquella aventura había terminado. Yo le di cuerda desde abajo y él inició unos movimientos torpes y violentos, hasta que le puse freno. Le pedí que girara la llave que había en mi costado para tensar el muelle en mi interior. Después nos levantamos. Que no hubiera funcionado no quería decir que no volviéramos a intentarlo. Me acerqué a la ventana mientras él se vestía con gestos mecánicos. Su coche esperaba fuera. A su alrededor otros coches iban y venían, la vida pasaba a su lado a gran velocidad primero, después más despacio, hasta pararse, poco a poco, como un tiovivo al que por fin frena la inercia. De repente, como empujada por un artilugio universal, volvieron a seducirme los ojos de aquel hombre de hojalata, volví a acorralarle en el sofá, a arrancarle la ropa. Hicimos el amor hasta…

60. Pienso rayar todos los deportivos de tu barrio.

 

 

Lo nuestro fue un verdadero calvario. Desde que perdí la cabeza por ti, nuestra relación fue un suplicio insoportable  porque un día descubrí que por las noches eras de otro. Todo se precipitó cuando me abandonaste en un restaurante para huir  con tu amante en un deportivo azul

Cuando casi consigo olvidarte,  recibo una llamada tuya  para suplicarme que te perdone, que deseas volver conmigo. Me cuentas que tienes muchas ganas de verme y que hace tiempo que habías abandonado a tu amante porque resultó tan falso como su descapotable de juguete.

Como pensé que aún me querías, decidimos vernos esta misma noche en un bar del lejano barrio donde ahora vives, pero hace horas que vago por estas calles tan distantes del mundo, buscando una dirección  que nadie conoce. Ya no veo taxis y las calles están desiertas. Veo como familias de gatos callejeros cruzan la calle, como revientan las cucarachas bajo mis pies. Es muy tarde, tengo hambre y estoy muy cabreado por esta pesadilla a la que me has arrastrado. Te juro que no pienso marcharme sin rayar todos los deportivos de tu barrio.

59. VIOLETA MARCHITA (Belén Mateos)

Yo deseaba el azul agua marina de una manera obsesiva, ella el rojo. Yo babeaba por esa intensidad del color del cielo, del mar… ella se iba por el tono encarnado de la sangre. Le insistía en la coloración primaria ante la frialdad de su mirada, le reiteraba en ese pigmento secundario en la escala de los colores que conseguiría aplacar las lágrimas de la pérdida entre las aguas, pero ella mezclaba mis intenciones con el espectro de su alma.

Ya no podía hacer más. Me abandoné en la trasera del coche y dejé que ella condujera nuestra vida contra el cromatismo del arco iris tras esa lluvia persistente… una vez más.

 

En la quinta curva fusionamos una gama violeta que dejó su huella en el lienzo de la carretera con rayas blancas y negras.

La última ola nos llevó al encuentro de esa promesa que ella tanto deseaba.

58. PASEÍLLO

«Vámonos«, dijo ella saltando dentro del coche. «Sácame de aquí«.

Él la miró asustado; sólo quería impresionarla, charlar… No estaba preparado para ir más allá y su corazón empezó a latir a mil por hora. Ella se retiraba con soplidos laterales el mechón castaño que le caía sobre el ojo y toqueteaba curiosa e impaciente los mandos. Embobado, pensó: Qué bonita es…

«¿A dónde quieres que te lleve?«, preguntó intentando parecer resuelto.

«Lejos, muy lejos».

Esbozó su mejor sonrisa de Capitán América (aunque se quedó más bien en capitán calzoncillos) y apretó el botón. La máquina chirrió y, tras un estornudo suave, se apagó. «Vaya, tendremos que dar cuerda…». Ella le miró como si estuviera loco: «¿Qué?» Se bajó del coche con la misma rapidez con que se había subido.

«Ya me escaparé otro día. Además va a a llover».

Él se quedó allí, pequeño, dando vueltas a la cuerda, mientras observaba como ella entraba en su casa sin girarse siquiera para decir adiós. El viento jugaba con la falda de su uniforme y saltaba entre su pelo… ¡qué bonita es! Apretó el botón del coche, que esta vez sí arrancó, y volvió a tiempo para cenar en casa.

57. La excepción viste de azul eléctrico (Manoli VF)

Tía Hermelinda siempre había sido una mujer muy apañada que respondía frente a los cambios tecnológicos oponiendo sus propios recursos. Fiel a su forma de ser, cuando los primeros coches híbridos comenzaron a salir al mercado y sus vecinos trataron de convencerla de sus ventajas, tía Hermelinda les dejó claro que no necesitaba de sus consejos. Muy pronto, el barrio se llenó de electro-gasolineras y servicios de auto-cargadores, pero ella seguía desplazándose cada día en su auto azul eléctrico. Con la melena ondeando al viento y una sonrisa eterna salía en su pequeño descapotable a cuerda cual si fuese una actriz de cine. La cuerda del coche la llevaba justo hasta la dirección del ministerio del tiempo. Una vez allí, mi tía aparcaba su mini con sumo cuidado y subía las escaleras de tres en tres. Lástima que, por mucho que se apresurase, las reuniones de los ministros hacía años luz que habían dejado de celebrarse.

56. Cambio climático (Josep Maria Arnau)

Las sequías en el pueblo eran cada vez más largas. Donde había campos surgió el desierto. Llegó un momento en que el lago desapareció. Fue entonces cuando descubrieron las gafas de buceo y los restos de mi hermano. A su lado estaba el coche de cuerda que me regalaron el día de mi cumpleaños. No muy lejos hallaron al pretendiente de Brenda, con el reloj de oro del que tanto fanfarroneaba. Y a don Braulio, el padre de Brenda, que siempre se opuso a nuestra boda. Ella no sabía nadar. Nunca dejé que se bañara, hasta que nos mudamos aquí. Con la ingente fortuna también heredó esta casa al otro lado del océano, cerca de un lago. Cumplí mi promesa, le enseñé a desenvolverse en el agua y perdió el miedo. Ese día quiso ir sola, así lo he declarado. Jamás la encontraron. Cuando voy a la iglesia siempre rezo por ella. Luego pido perdón al Señor y que las sequías nos respeten mientras yo viva.

55. Choque generacional (Marta Navarro)

¡Me agotan! ¡Esta familia mía despedaza mi paciencia! Tradición, normas, responsabilidades… Sieeempre el mismo discurso, sieeempre la misma regañina, sieeempre esos odiosos aires suyos de superioridad. Muy joven, dicen ellos que soy, demasiado joven e inexperta todavía para comprender la importancia inmensa de nuestros ritos, de nuestras costumbres, de nuestros blablabla… ¡Ja! ¡Si supieran! No entienden nada. Mucha clarividencia, mucha perspicacia pero… nada de nada. Ni lo intentan, vaya. Y lo peor es que ni siquiera me escuchan, ¡maldita sea! Habitan un mundo inexistente. Un edén de fantasía. Un paraíso que se extingue bajo sus pies y no se dan cuenta. ¡Qué ciegos están! Traición llamaron a mi feliz innovación ¡Traición! Y al instante, de inmediato, mi varita y mis hechizos requisaron. Castigada como una criatura, ¡qué vergüenza! Los tiempos cambian y también nosotros algo con ellos habremos de cambiar, digo yo. Y, sí, por supuesto, reconozco que mucho más romántico, más adorable y cautivador, quizás, resulta transformar ratones y calabazas en carruajes y zapatos de cristal pero las niñas de hoy en día ya no sueñan ser princesas y gracias a mi (¿imprudente?) picardía, mirad cuan radiante y orgullosa conduce ahora Cenicienta su ferrari por toda la ciudad.

54. En el punto de mira

Desde que a Leonardo le tocó una cena con Marilyn Monroe en un concurso de radio y no pudo disfrutarla, debido a la inesperada muerte de la actriz, comenzó una lucha contra su cruel destino, fabricando una máquina del tiempo. Cuando culminó su invento, viajó hasta 1952 y apareció en pleno rodaje de Me siento rejuvenecer, una película en la que Marilyn hacía un pequeño papel. Tuvo la suerte de que se escapara un mono amaestrado, fundamental en el argumento, y, aunque tuvo que sufrir horas eternas de maquillaje, lo contrataran para sustituirlo. De esa manera pudo seducir a su amor platónico. El galanteo fue un éxito hasta que una estrella del béisbol se interpuso en su camino. Ante tal contrariedad, decidió quedarse en segundo plano, aceptando papeles de poca monta en las películas que Marilyn protagonizaba, para estar cerca de ella, no perderla de vista y escuchar sus confidencias. El día que descubrieron su cadáver, supo quién estaba detrás de aquello y decidió vengarse. Se montó en su artefacto, programó el lugar, la fecha, y aterrizó en la azotea de un edificio de Dallas el 22 de noviembre de 1963, justo cuando el coche del presidente doblaba la esquina.

53. ILUSIONES AÑEJAS (Edita)

Toda la vida he soñado con un descapotable, pero hube de conformarme conduciendo cualquier utilitario de segunda o enésima mano, hasta que se caía a pedazos y lo podía reemplazar por otro similar. Al fin, voy a conseguirlo. Mis hijos ya no me necesitan; mi querida esposa, la pobre, se ha ido;  y yo, para lo que me queda… Lo vi en un establecimiento dando el paseo diario. Regresé a toda prisa, asfixiado de emoción. Rebusqué por la casa mis ahorros escondidos y creo que he reunido lo suficiente para abonarlo al contado. Ahora mismo salgo a buscarlo. Cuando lo tenga en el garaje, antes de nada, lo pintaré de negro porque el azul brillante que luce me parece poco discreto para una persona de mi edad; además, si le arranco la llave de la cuerda, ganará elegancia. ¿Dónde habré metido la bolsa reutilizable del súper? Debo llevarla para traerlo, no vaya a ser que me lo pongan en una de plástico y la tenga que pagar.

 

52. La sospecha

 

Hugo oculta el filoso cuchillo en uno de los bolsillos de la mochila.

Lleva los ojos entrecerrados y brillo de carbones encendidos. Con pasos rápidos ha llegado a la esquina.

Labios cenizos con sabor a cobre

La sospecha ha crecido en su mente, como plantas rastreras en jardín sin dolientes.

Mercedes, su mujer ha cambiado en las últimas semanas.

Se pinta los labios exquisitamente, peinándose con frecuencia.  Se ha puesto guapa cuando él regresa a la residencia.

Ella no es así!

La vio saliendo de un auto azul estacionado en la esquina.

Un hombre que no conoce, a su lado camina. Un  extraño de pelo gris y largas patillas.

Mercedes sonríe al verlo, pero Hugo tiene ojos duros y un brillo homicida.

Apresurando el paso, lleva su mano al cuchillo oculto en uno de los bolsillos de su mochila.

-Te presento a mi padre.  Dijo ella.

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