Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

DESORDEN

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en EL DESORDEN

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto DESORDEN en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
31 de MARZO

Relatos

33. Diálogo interior (Mercedes Marín del Valle)

Todos apostaron por mí, me apoyaron moral y económicamente. Aún les estoy escuchando, con tu talento, dijeron, triunfarás, nadie es profeta en su tierra.
Hoy no me queda nada más que este traje ajado con el que no soy ni payaso, ni arlequín, con el que paso frío y calor porque para ninguna época es apropiado; y mi gorrito tan gracioso entonces, luce hoy como una tortilla francesa, aplastado a fuerza de apoyar mi cabeza en él para no sentir la frialdad de la piedra mientras duermo. He fracasado, qué puedo decir, ni para emprender el viaje de vuelta tengo. Mi cara macilenta y mis ojos enrojecidos hablan por mí. La pintura empieza a perder su consistencia y el rictus angustiado de mi boca pinta una mueca espantosa sobre el bermellón desgastado.
¿Qué es este lugar? Quizá a cambio de una pirueta pueda entrar, la gente sale riendo.
Hay un hueco libre y una taza de café sin dueño, qué suerte. ¡Está pegada a la barra! No tiene gracia, pero… ¡Si son figuras de cartón piedra!
Un decorado, un escenario de pega, como mi vida.
El flash de la cámara inmortalizará las lágrimas. Ahora más que nunca tengo que actuar.

32. El ejército de salvación (Luisa Hurtado)

Cuando pienso que fui yo quien eligió esta vida me siento como un payaso. Hace apenas unos meses que logré el ascenso pero estoy solo y atrapado, viviendo bajo el peso de la rutina, sorbiendo cafés fríos con sacarina, sin ganas y sin palabras.

Ellos tenían razón, ahora lo sé, por el modo en que he empezado a echar de menos las charlas al raso en las noches de verano, el frío dentro de las caravanas durante las heladas, las bromas a voz en grito, el zurcido incansable de mallas y lentejuelas, el maquillaje, los ensayos.

Ahora que estoy aquí, en este mundo gris en el que nadie conoce a nadie, me siendo más que nunca lo que no quise reconocer que era; por eso he vuelto a ponerme el colorido traje varias tallas más grande y les he llamado, seguro de que en cuanto les vea entrar por la puerta de la cafetería, a mis trapecistas y saltimbanquis, a mis contorsionistas y magos, volverá a aparecer la sonrisa en mi rostro, lo único que me falta.

31. Failure Pub (Alberto Benito Fernández)

Recuerdo con nitidez aquellos años del instituto. En todas las publicaciones aparecían del orden de tres o cuatro artículos con mi firma, muy aplaudidos por un público joven y entusiasta.

Mantuve esa línea en la facultad, con innumerables colaboraciones en las revistas de varios departamentos, y aquella columna semanal tan bien valorada en la Gaceta Universitaria. El Máster en Escritura Creativa, mi facilidad para los idiomas y las buenas referencias cosechadas me allanaron el camino hacia las redacciones de los principales diarios a nivel mundial.

Elegí el New York Post, y pronto tuve el primer encontronazo con Dirección, con un artículo favorable a la sanidad pública. El segundo, sobre el cambio climático, no mejoró en absoluto mi posición, y con el tercero –excesivamente crítico hacia el empresario Trump- me hicieron la cruz definitiva en el país de las oportunidades.

Años después, al acabar mi jornada como clown en el circo de la beneficencia, comparto café y fracaso en el Failure Pub con otras grandes promesas que quedaron en nada.

Como última licencia a mi truncada vocación, mientras apuro mi taza, compongo mentalmente relatos breves para publicar en ENTC.

30. LA HORA INFELIZ (Belén Sáenz)

Cambiaron el trazado de la interestatal y la cafetería de Joe moría de olvido. Se expandieron los escotes, se acortaron las faldas de las camareras para avivar las consumiciones. Mientras, los neones parpadeaban agónicos. El expositor de Coca‑Cola tamborileaba de puro aburrimiento. Era mi oportunidad de volver al mercado laboral, desde que compartimos taquilla en el instituto le tenía cariño a aquel viejo cabezota. Sin pensármelo demasiado, me apañé un disfraz de payaso con retales de cortinas, coronado por el gorro de ducha de mi abuela. Poco ortodoxo, sí, pero el maquillaje pondría la guinda. Ni los chistes ni las zapatetas animaban a los elegantes caballeros y las distinguidas damas, y mucho menos sus monederos. Desalentado, me giré para esquivar el reflejo de mi fracaso en el pulido mostrador. Fue entonces cuando empezaron a acercarse los clientes, ocupaban la barra como quien se juega la vida a las cartas. Y cuanto más deprimido componía yo el rictus, cuanto más ramplón el cafetito que sorbía, mayor el derroche en batidos espumosos, hamburguesas despampanantes y vertiginosa tarta de zanahorias. Joe está exultante y me presenta como su salvador. Un triunfador. Claro que él, como el resto de la gente, también evita mirarme.

29. Negativo por negativo

No salió bien, la idea no salió bien porque gris y ceniza no pueden crear nada en color, porque si tú me prometes por dos veces que mi número de ocho horas al día es brillante, no me lo creeré. Como no me lo creí la primera vez. Así que olvidemos la teoría matemática, rotunda, que asegura que una cifra negativa multiplicada por otra dará como resultado un sonrosado positivo. Porque ya es suficiente humillación tomar café en la barra del bar todas las mañanas siendo un payaso vestido de payaso, rodeado de payasos disfrazados de gente normal. Ellos tienen el rostro tatuado de maquillaje blanco, azul, rojo y por encima se esparcen polvos color carne, muecas como las de las fotografías en sepia de la pared, pero todos dejamos un cerco en la taza y posos en el fondo que no somos capaces de descifrar. Solo a veces entra aquí alguien que pide un capuchino para llevar, que anda como si no le molestase una costura bajo su segundo pantalón. Nervioso, se ajusta la corbata y mira su reloj, se nota a la legua que disimula, que llega con tiempo de sobra al circo.

28. ESTA NOCHE NO DUERMO (Edita)

Hace varias noches que sueño con la misma historia absurda: me encuentro ante una larga barra de cafetería atestada de personas grises, anodinas, sin rostros significativos. Un arlequín destaca entre ellas, pegado a mí, siempre rozando ligeramente mi brazo izquierdo; mira indiferente hacia el otro lado, impidiéndome ver su cara, que imagino pintada de payaso. Desprende un aroma intenso; me resulta familiar, pero no logro identificarlo. La sensación frustrante de no poder reconocerlo o mirarlo a los ojos me incomoda sobremanera, e intento llamar su atención haciendo ruido con mi taza de café. Justo en ese momento, me despierto, desasosegada. Tardo horas en poder olvidar la imagen, potente, aunque en blanco y negro. No me apetece contárselo a nadie, ni al marido.

Hoy, junto a mi pijama bajo la almohada, un traje de rombos con gorro a juego, que nunca antes había visto en casa, ha conseguido quitarme la respiración. Y el sueño.

 

27. S.O.S.

Es cierto eso de que en tiempo de crisis hay que aguzar el ingenio. Yo, que a sus ojos siempre fui un payaso, pensé que tal vez ahí tenía un filón y monté un negocio que ciertamente resultó exitoso, S.O.S PAYASOS, abierto veinticuatro horas. Al principio trabajaba desde casa, pero pronto me vi desbordado y tuve que buscar un local y empleados para atender las numerosas líneas telefónicas. Es impresionante la carencia de risas que hay por el mundo. Seguimos creciendo, tenemos delegaciones por todo el territorio nacional y pronto nos expandiremos fuera de nuestras fronteras.
Aunque ya no necesito estar al pie del cañón, sigo vistiéndome de payaso y atendiendo una de las líneas por si ella llama, pero nunca es su voz la que está al otro lado.
En mis descansos bajo al bar y la busco entre los tiburones, las pirañas y los chupatintas de los negocios de la zona y, por si siguiera sin trabajo, entre las reinas de casa que toman café con esperanza, inmersa la mirada en la sección de empleo . Me gustaría encontrarla y que me explicara por qué, si fue capaz de ver lo que soy, ya nunca se reía conmigo.

26. VESTI LA GIUBBA, JM Sánchez

—Interrumpimos la programación musical para informar de un posible homicidio en las inmediaciones del Gran Teatro…
La cafetería era un bullicio en el que apenas se podía escuchar la voz del locutor, que narraba el desenlace trágico con notas solemnes.
—…La víctima sería una mujer joven con varias puñaladas asestadas en tórax y cuello. Otro varón presentaría múltiples contusiones, pero su estado no parece grave. Ambos pertenecerían a la misma compañía lírica…
Los clientes no prestaban atención alguna al aviso de la radio y seguían con su trajín de viernes por la noche.
—…La policía busca a un individuo de mediana estatura, probablemente armado y peligroso, que estaría tratando de pasar desapercibido entre la multitud…
Al comprobar que su traje de payaso lo hacía invisible entre el ajetreo del mundo real, Canio siguió saboreando aquel café amargo con una mueca de desconsuelo y complacencia.
—…Continuamos con nuestra programación musical…

25. LA CITA (PILAR ALEJOS)

Meses atrás, en el silencio de la noche, nuestras soledades se encontraron en la red. El anonimato y la oscuridad me infundieron valor, lograron que olvidase mi habitual timidez y propiciaron que me atreviese a responder a tu saludo. No tenía nada que perder. Me pareció que podría ser divertido.

Aquella conversación, que empezó como un juego, se fue convirtiendo en una necesidad. Tras largas horas compartidas, me despojé del escudo que me protegía y las palabras triviales iniciales derivaron en confidencias. Abrí mi corazón de par en par. Te hice partícipe de mis inseguridades, de mis miedos y de mis sueños. Tú hiciste lo mismo. Nos enamoramos, poco a poco, sin vernos.

Era el momento de encontrarnos, de dar rienda suelta a aquellos sentimientos que habían ido creciendo. Acordamos un día, un lugar y una hora para vernos por primera vez.

Llegué a la cafetería con el corazón desbocado por la emoción. Te busqué entre los presentes sin lograr reconocerte. Todos permanecían sentados de espaldas. Su mirada perdida se reflejaba en el cristal situado tras la barra.

Me sentía tan decepcionada que no supe descubrir cómo temblabas al verme entrar ni tus ojos enamorados bajo aquel maquillaje de payaso.

24. LITERAL

En el fondo no me extraña nada.

De algún sitio me tenían que venir esas ganas permanentes de divertirme a toda costa. Luego está la falta de responsabilidad que me echan en cara los profesores del instituto, porque no me tomo en serio ni siquiera los exámenes. Y ojalá pudiera controlar esos ataques de risa que me entran sin venir a cuento. Como cuando me metía en vuestra cama los domingos por la mañana y acabábamos los tres revolcándonos a carcajadas con cualquier tontería.

Yo pensaba que era por la adolescencia, pero el caso es que desde que te marchaste mi vida se está volviendo cada vez más descolorida, tirando a gris.

Cuando le preguntan por ti, mamá dice que siempre has sido un payaso. A partir de ahora yo voy a dejar de defenderte, porque me he quedado sin argumentos.

 

 

 

 

 

 

 

23. Invisible (Patricia Collazo)

Soy invisible. Fue perder el empleo y empezar a desvanecerme. Mis vecinos dejaron de saludarme. Ya nadie toca mi piso si cogemos juntos el ascensor, ni comenta lo tormentosa que se ha puesto la tarde.

Mis ex compañeros, después de los iniciales mensajes de ánimo, han dejado de cogerme el teléfono y me ignoran si fuerzo el encuentro a la hora de salida.

La parte de mi familia que he conservado (que se reduce al gato y tres peces, porque mi esposa se fue con mis hijos a casa de su madre) solo me presta atención si llevo algo susceptible de ser comido en la mano. Por lo que sospecho que en realidad no me ven, si no que ven un tarro de alimento para peces flotando en el aire o una lata de comida para gatos caminando por la cocina.

Hoy he acudido a una entrevista vestido de payaso. Total, si no me ven, lo mismo les dará cómo vista, pensé. Y he acertado. Me han dicho que ya me llamarán, como en las sesenta y cuatro entrevistas anteriores. Y me han observado con esa mirada de vaca viendo pasar el tren. Tal como sospechaba, como si fuera transparente.

22. Siglo XXI

Charlie ha perdido la risa, quizás la haya olvidado o se la han robado, pero perdió ese gesto tan suyo, y con él su trabajo. Busca a quién pueda darle  una pista sobre su paradero, sentado en el bar de su amiga Melanie, que extravió la esperanza y sirve cafés a clientes anónimos sin mirarles la cara.

Se sienta en la única banqueta vacía y pregunta si alguien la ha encontrado. Un señor bien trajeado le ha dicho que no la ha visto, y le ha dado la espalda malhumorado porque no sabe dónde está su alegría. Igual ha hecho la señora que ha perdido la bondad, y no quiere hablar con alguien tan estrafalario y triste. Una anciana pregunta, aunque nadie la escucha, si alguien sabe dónde están sus ganas de vivir. Un caballero con sombrero y gesto adusto, se queja de que no encuentra su felicidad, y al  fondo del bar, un padre y un hijo discuten sobre sus ilusiones perdidas.

Al cerrar, los clientes salen, cada uno con su congoja, sin escuchar a un vendedor ambulante que pregona su mercancía: Vendo risas ficticias, alegría inmotivada, esperanza inútil, falsa bondad, vidas truncadas,  felicidad fingida e ilusiones rotas.

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