Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

CORAJE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en EL CORAJE

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto CORAJE en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
15 de MAYO

Relatos

73. Superhéroes en tierra hostil (Alberto Benito Fernández)

Bassâm no coleccionaba cromos de superhéroes, como el resto de sus compañeros en el orfanato de Nasiriya. Nunca valoró esos estúpidos disfraces, ni esas máscaras infantiles que ocultaban el rostro de vete a saber qué embaucador fracasado con necesidad de gloria “anónima”.

No, Bassâm no era así. Él era más de hazañas cotidianas, de mirar a los ojos a los adultos que de cuando en cuando aparecían por su destartalado edificio y radiografiar sus emociones, o de calmar con frecuencia el dolor de sus compañeros, enfermos de soledad, con una descarga indispensable de cariño. La criptonita para otros, él su energía ya la traía de serie.

Por eso la primera vez que vio a Farid supo que, tras una apariencia corriente, se ocultaba un ser sobrenatural con una fuerza interior fuera de lo común. Era diferente al resto, se trataba de un titán camuflado en cuerpo frágil que con sus grandes dosis diarias de vitalidad devolvió en pocas semanas la ilusión y las ganas de vivir a las veintiocho criaturas con las que convivía.

Actitudes tan subversivas molestaron a los villanos de la zona. Desgraciadamente, Farid nunca tuvo blindaje antibalas ni capa acorazada, para júbilo de los cobardes.

72. SUPERHORMIGA

Trepas lentamente los peldaños que conducen a la copa.

Entrarás de puntillas en la cabaña para no ser vista, para que no te señalen, te acurrucarás al fondo. Aun así, seguirás escuchando murmullos, les verás susurrarse palabras al oído.

Detestas sus juegos de estúpidos superhéroes. Temes a Spiderman y sus pringosas telarañas en las que solo tú caes prisionera. Temes subir al Batmóvil, los trombos en las curvas, los derrapes. Odias los Rayos-X de Superman, tus pechos minúsculos, sus risas crueles. Jamás te dejan elegir. No vales para superhéroe, dicen. Superhormiga Invisible, te apodan.

Estas a punto de abrir la puerta. Las bragas se te pegan a la piel del sudor, la furia fría. Superhormiga, murmuras entonces, y desciendes los peldaños con firmeza. Superhormiga, repites sin miedo. Superhormiga, gritas señalando a la cabaña.

Te sientes enorme mientras menguas de estatura, te arrastras por túneles hasta el corazón del árbol, roes la madera con fauces de feroz termita, devoras el tronco hasta escuchar un chasquido de terremoto. Saltas al exterior. Te alejas unos metros. Contemplas el viejo arce que se viene abajo con la cabaña y los súper-idiotas dentro, mientras te arrancas indiferente los trocitos de astilla atascados entre las muelas.

71. Todavía quedan hombres buenos (Ginette Gilart)

Cuando llegó al puente y vio como aquellos energúmenos acuchillaban, con saña, a la muchacha tirada en el suelo, no se lo pensó dos veces; agarró su monopatín y se precipitó sobre los asaltantes dando a diestro y siniestro.
No todos los superhéroes llevan capa.

70. Héroes de la vida

Las piernas apenas le sostienen al abandonar la consulta. Las palabras del médico retumban, una y otra vez, en sus oídos.
Durante más de dos horas estuvo vagando, sin rumbo, por las calles de la ciudad. Pero a medida que el tiempo pasaba una decisión cobraba más fuerza en su cabeza. Aceleró el paso en busca de su objetivo. Ajeno a todo lo que ocurría a su alrededor, no escuchaba ni el murmullo de la gente, ni los pitidos de los coches. Ya iba a alcanzar el puente, cuando un obstáculo detuvo su acelerada marcha. Era una joven en silla de ruedas.
– Te he estado observando. Creo saber lo que te ocurre.
– La vida ha sido dura conmigo, pero yo soy más dura que ella porque sigo luchando.

Han pasado dos años. Hoy juntos dirigen un grupo de apoyo para enfermos de cáncer.

69. Ángeles en paro

 

De: Administración de Potestades Celestiales.

Para: Ciudad del Vaticano.

Ref.: Ángeles de la Guarda.

 

Desde mediados del siglo XX venimos observando cómo crece el número de personas que marcan para ellos o sus hijos la casilla Ateos, Agnósticos u Otras Religiones, motivo por el que nos vemos obligados a retirar el ángel custodio que los protege. Y aunque automáticamente se les asigna un superhéroe de oficio, con el que parecen sentirse satisfechos, estos no dejan de tener sus limitaciones: el que es superveloz carece de habilidades telequinéticas; si posee una fuerza sobrehumana no domina la manipulación mental; otros no saben volar ni materializarse en seres diferentes ni alterar las leyes físicas… Nada que ver con nuestros ángeles, diseñados en exclusiva para cada ser humano, y que además de contar con una experiencia de dos mil años reúnen en sí mismos todos los poderes inimaginables para atenderlos y facilitar su salvación eterna.

Mediante esta circular los instamos a reivindicar su figura. Si fuera necesario hagan uso de las mismas armas de los superhéroes. Que protagonicen películas y cómics atrayentes, que sean el reclamo de parques temáticos con fuertes emociones, y planifiquen un merchandising irresistible.

No podemos seguir perdiendo clientes. A trabajar.

 

68. SALVACION

Entre las paredes blancas se distinguia tu silueta tan blanca como ellas, llegué y vi que dormías, te traía tu pastel preferido, sabía que no lo ibas a comer porque llevas tiempo sin tener hambre. Me senté a tu lado, y miraba tu respiración, ¡casi me duermo yo misma! Que paz irradias hijo.

  • Hola mamá – te despertaste y me hiciste volver a la realidad
  • Hola cariño , ¿que tal has dormido?
  • Bien, perfecto, tengo tanto sedante en mis venas que podría convertirme en el Ceniciento del hospital – y ahi sonríes con esos dientes brillantes .

Empiezo a contarte historias del día a día, y mi mente no deja de urgar en mis recuerdos, el diagnostico,resultados, tratamiento….la palabra, ¡cancer! ¿y tu? ¿que dijiste? Con trece años, solo me miraste y me tranquilizaste, y al salir del hospital te vi girando hacia mi , ¡mamá! Ahora tenemos que ser fuertes, lucharemos y si no ganamos, ayudaremos a otros a ganar.

Desde ahí, nos fuimos al banco de donantes, ahora se que cuando tú faltes estarás en el cuerpo de más niños como tu. Nunca pensé que serías mi tabla de salvación. Y…solo sonríes.

67. MIENTRAS DURE Y HAYA AMOR

El ruido de los truenos asusta a los niños, la tormenta se acerca y no es la lluvia que caerá torrencialmente lo que los hace más vulnerables. Les recuerda el resquebrajado ruido de morteros y granadas que caían cerca del pueblo donde vivían, cuando escapaban asustados y se refugiaban, entre gritos y llantos, con su madre y abuelos bajo el viejo puente sobre el río que atravesaba el pueblo. Con el agua a las rodillas se abrazaban a su madre, llorando a cada golpe machacador.

Ahora que perdieron a su familia en la guerra crecen en un orfanato donde su mejor amiga juega con ellos, intentando hacerles olvidar lo que pasaron. Cualquier ruido violento, cualquier grito desgarrado les devuelve al pasado, que aún está muy cerca.

Hoy ella está nuevamente con ellos, y por suerte hoy cuando el cielo amenaza lluvia con sus ruidosos llamados, confortándolos con su dulce voz, sus suaves manos, en su labor callada y noble de voluntaria en una organización extranjera, como ella.

Hoy está con ellos, y lo estará siempre que sea necesario, mientras dure su misión, mientras aún quede amor en esta tierra llena de odio sin razón ni escrúpulos.

66. ANTIHÉROE FORZOSO (Edita)

No tuvo mucha suerte con los padres que le tocaron, siempre endeudados y de mal humor. Además, llegó tarde al reparto de genes y hubo de apandar con las sobras. Los guapos y simpáticos ya los habían pillado sus hermanas mayores. Por eso le gustaba tanto disfrazarse, olvidar su estampa durante unas horas.

La primera vez fue de Superman, en el parvulario. Su madre improvisó el atuendo: calzoncillo sobre pantalón raquítico y capa rasgada de un mandil viejo. Todo el mundo se rió de él, pero tardó años en saber por qué. El desgraciado descubrimiento le hizo comprender de golpe las burlas sufridas por los sucesivos disfraces, y que era urgente un cambio de rumbo.

Se echó al mundo vestido de mendigo, dispuesto a dar pena.  No se despidió de nadie y nunca supo si lo añoraron. De puerta en puerta, de iglesia en iglesia, de puente a puente… se hizo rico y regresó. Ni su familia pudo averiguar la verdadera identidad de tan misterioso y encopetado caballero. Esa fue su venganza.

Una mañana, desapareció de nuevo. Definitivamente. En la habitación del lujoso hotel donde se hospedaba, encontraron un calzón infantil ajado y una especie de capa deshilachada.

65. El (a)lijo

Mi padre es un superhéroe, pero sólo lo sé yo. Usa uniforme como ellos y su trabajo es limpiar las calles de la ciudad de delincuentes, de ladrones y de espías; pero él dice que recoge la basura, para disimular, claro. Tiene un supercoche de color azul y amarillo, con un escudo amarillo y azul que pone “B.S.” (“Brigada de Superhéroes”, pero él, para despistar, dice que es “Brigada de Servicios”). A veces enciende la sirena, pero sólo para hacer maniobras peligrosas, como circular marcha atrás. ¿No me creeis? Pues hoy le ha contado a mi madre que han encontrado un “lijo” de drogas y municiones en un descampado.

—¿Qué es es un “lijo”?—le he preguntado.

— “Alijo”, hijo: son cosas prohibidas con las que juegan las personas malas. Suelen esconderlas, pero siempre las encontramos —me ha explicado.

Después me ha dicho que mañana iba a “limpiar” mi habitación… es un superhéroe y lo descubrirá…Pero lo que él no sabe es que yo también tengo superpoderes (yo también tengo un uniforme con una “S”: mi pijama de Superman) y no encontrará el compartimento secreto de debajo de mi cama con el “lijo” de golosinas y petardos; estoy salvado.

64. Superabuelo (Javier Ximens)

De mi abuelo heredé su sombra. Mi abuelo tenía el don y la gracia. El don porque en su paladar se veía una Cruz de Caravaca. La gracia porque lloró en el vientre de su madre. Así que no le mordían los perros rabiosos y tenía poderes. Por ejemplo, cuando íbamos al colegio, al entrar en el andén del metro, él levantaba la mano y el tren se detenía. Al cruzar las calles se situaba de espaldas al semáforo, se concentraba y hacía que el rojo se apagara y se encendiera el verde. Por las tardes, después de comer dejaba de respirar media hora y yo aprovechaba para ver los dibujos animados. Un día que fuimos al cementerio observé que al entrar en el panteón familiar desaparecía su sombra. Me dijo que aquello no eran poderes, que era por el sol, pero que cuando se fuera con la abuela me la dejaría como recuerdo. Ahora el abuelo se ha ido y he comprendido que me tomaba el pelo con lo del metro, el semáforo y dejar de respirar, pero me cuesta mucho explicar, a los que se dan cuenta, el motivo por el cual tengo dos sombras.

 

63. SUPERSEXO, O ALGO ASÍ, EN NUEVA YORK (Rafa Olivares)

En la asociación de superhéroes me llevan últimamente entre lenguas a cuenta de mi virilidad. Que si me gusta más el pescado que la carne, que si esa ropa tan entallada, que si el caracolillo en la frente… Precisamente a mí, que hasta en el nombre llevo mi hombría en superlativo. Y todo por el incidente de hace unos días. Hacía mi ronda habitual por los cielos de la ciudad cuando, en la azotea de un rascacielos, divisé a Supergirl. Estaba desnuda tomando el sol. Puse mi visión en modo telescópico y aprecié que abría las piernas, realizaba voluptuosos movimientos de pelvis y su lengua lubricaba salazmente los labios. Sin duda, sabía que la observaba y me mostraba ahora la disposición que me había negado tantas veces –todas, a decir verdad– con la excusa de la socorrida superjaqueca. Estimé ángulo y dirección adecuados de aproximación y orienté mi vuelo hacia el objetivo. Conforme descendía, y por ganar tiempo, me fui desprendiendo de botas, calzoncillos y mallas, por ese orden, y conseguí un acoplamiento perfecto –eso pensé entonces–, ¡y mira!, alcanzamos el orgasmo a la vez. Los tres. Sí, también el Hombre Invisible, que se la estaba tirando en ese momento.

62. MARLOWE Y EL CASO DE LA MUJER INVISIBLE (Manuel Menéndez)

Cuando entré en Ciro´s el panorama era desolador. Junto a la barra Clark Kent yacía con el cuello torcido en un ángulo imposible. Al lado del teléfono, el pequeño Peter Parker empapaba con su sangre el linóleo del suelo, mientras los sesos de Bruce Wayne se repartían sobre las teclas del piano. Superman, Spiderman y Batman habían sido destrozados con saña cuando se relajaban después de una dura jornada combatiendo el crimen. El asesino les había cogido desprevenidos; sin duda era alguien de confianza, conocedor de sus costumbres. Por encima del olor a pólvora y sangre percibí un tenue aroma que me trajo imborrables recuerdos de la noche anterior.

Volví a mi despacho y me serví un bourbon. Aguardé contemplando pacientemente la silla vacía hasta que Susan Storm se materializó ante mí. Llorando, intentó explicarme lo despreciables que habían sido, cómo la utilizaban para luego abandonarla haciéndola sentir invisible. Después se giró insinuante desabrochándose la blusa. El olor a lavanda inundó la estancia y sonreí hastiado mientras le vaciaba el cargador en la espalda. Luego encendí un cigarro y aspiré el humo, felicitándome por mi trabajo como detective privado. No ser ningún héroe es lo que me mantiene con vida.

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