Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

INCERTIDUMBRE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en LA INCERTIDUMBRE

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto de LA INCERTIDUMBRE. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
30 DE SEPTIEMBRE

Relatos

09. HÉROES LATENTES (Mariángeles Abelli Bonardi)

El hombre, ocasional transeúnte, que encontrará a un perro atropellado, más muerto que vivo, y lo llevará de urgencia al veterinario.

El veterinario, que pese a encontrarlo más muerto que vivo, reducirá la fractura, y limpiará y tratará la sarna que lo aqueja.

El perro, que ya recuperado, será bueno, agradecido y fuerte, y morderá el pañal del bebé para evitar que el bebé, hijo del hombre que lo supo rescatar, meta el dedo en el enchufe.

08. El cazador de Dragones

Cada vez que el pequeño Daniel sentía el pinchazo en el brazo, imaginaba que aquella aguja era la espada con la que luchaba contra los dragones alados que vivían en su cuerpo. Aquellos monstruos se alimentaban de su sangre, moviéndose por sus venas amenazando con devorarle. El era el apuesto corcel que les hacía frente con las pócimas mágicas fabricadas por alquimistas legendarios. Y asi se convertía en un valiente soldado armado para una terrible pelea, en donde el premio era la vida y la derrota la muerte.
En esta lucha desigual, el perdió su dorado cabello, pasando a ser el bravo guerrero calvo que volvía del infierno, magullado, agotado y malherido, pero sabedor de que había sobrevivido y de que miles de las bestias negras que en él habitaban habían caído y aunque su cuerpo cada vez estaba más debilitado, màs delgado y consumido, su voluntad era cada vez más fuerte para afrontar las embestidas.
Sabía que debía de esperar años para ganar la guerra, pues había veces que algunos dragones escapaban y permanecían dormidos en sus mazmorras. Pero el espíritu del héroe tenia el poder de estar siempre preparado para empezar de nuevo la lucha.

07. RAMIRO, JUSTICIERO (Ángel Saiz Mora)

Hubo risitas, incluso de Victoria, cuando anuncié el título de mi exposición verbal sobre un superhéroe.

Elegí una de sus últimas aventuras, que comenzó al recibir la visita de dos supuestos operarios de la empresa del gas, que enseguida detectaron una avería falsa en su caldera. Hasta los seres excepcionales tienen algún punto débil. El suyo era el buen carácter, que no le hizo sospechar y abonó un costoso servicio inexistente. Algo después, al saberse engañado y sin poderes para sobrevolar la ciudad, salió en su busca con un teléfono móvil que le regalamos, tecnología tan compleja para él como la que utiliza Batman.

Encontró a los villanos y supo fotografiarlos sin ser visto. Gracias a sus imágenes la policía desarticuló a una peligrosa banda de estafadores, azote de ancianos desvalidos.

Emisoras y diarios intentaron entrevistarlo por este y otros muchos hechos, aunque él siempre mantuvo la identidad oculta. Antes de dejarnos, me pidió que transmitiese sus andanzas; dijo que así no moriría nunca.

La clase entera me dedicó un sincero aplauso. Desde entonces todos quieren conocer más gestas del abuelo Ramiro, aunque nunca usara capa ni ajustados trajes de colores, pero yo solo se las cuento a Victoria.

06. JUSTICIA SIN GLAMOUR (ÁNGEL BARCELÓ)

En pocos días los congeladores de la morgue se han ido llenando con los cuerpos de destacados personajes de la vida pública, todos ellos han estado presuntamente relacionados con asuntos turbios en los que nadie ha podido demostrar su implicación, entre ellos, el reciente «accidente» de contaminación radiactiva.  El inspector habla con su amiga la forense.

–Necesito resultados, me están presionando mucho.

–Lo único que tenemos es esa sustancia pastosa, mezcla de color blanco y marrón verdoso, que aparece sobre la cabeza de todas las víctimas.

– ¿Quieres que nos tomen por locos? Debe haber otra explicación.

–He experimentado con muestras del residuo halladas en el lugar de los hechos,  junto a los cadáveres. Es completamente inocuo, salvo al contacto con determinadas pieles. Te parecerá increíble, pero todo apunta, por así decirlo, a que altos niveles de corrupción en sangre pueden producir una mutación mortal selectiva.

– Creo que podrías estar dejándote llevar por esa invención de los periodistas.

–Yo realizo mi trabajo de manera científica y objetiva, tú decides si seguir la línea de investigación de ese justiciero que sobrevuela la ciudad cagándose en todo aquel que lo merece, ese al que todos empiezan a llamar Palominoman.

05. SUPERHÉROE (EDUARDO MARTÍN ZURITA)

Veo caer un trocito de cielo azul y lo agarro antes de que el otro mendigo llegue siquiera a parpadear. Se acabó la mano alargada sentado en el suelo poniendo cara de pena. Adiós a las ropas mugrientas y a los hurtos. Mi superhéroe, providencial, me arde sin embargo en la mano. Lo suelto, me tuerzo el tobillo y me doy de bruces contra la gravilla del parque donde malvivo. El compañero de penurias me supone jugando, y me pide que le cambie, a cielito, por el azulenco trozo de cristal que termina de sacar del bolsillo y frota brioso contra el pantalón. Cielito suelta doce diabólicos exabruptos, tal vez alguno más, mi oído no es ahora sutil, encapotándose hasta volverse marengo. Hubiera querido ser mirlo, con su trotecillo, para poder refugiarme en un seto. Se me han roto los pantalones y la chaqueta y no encuentro el sombrero de pedir. El diluvio me traspasa: voy a coger una pulmonía doble. Agarro de nuevo ese trocito de cielo y lo tiro a la papelera. Lo de los superhéroes no pasa de engaña muchachos. Terminan jugándotela. Yo sí que soy un superhéroe. Un superhéroe sin poderes.

04. GENARO (MARÍA JOSÉ VIZ)

Genaro era el mejor en todo. Se podría decir que tenía un don mágico, como el de los clásicos superhéroes. En el barrio lo conocían muy bien, aunque muchos desearían no tener un trato tan cercano con él. Era un experto en “birlar”, un verdadero artista del hurto. Desbordaba simpatía y esa era el arma poderosa que poseía para conseguir sus fines. Siempre trabajaba en solitario. Solía decir que más de uno eran multitud, sobre todo a la hora de repartir el botín.

Han pasado los años. Aquel niño travieso ha crecido y ha mejorado sus técnicas de apoderamiento de lo ajeno. Un séquito de niños lo rodea cada vez que sale a la calle. Para ellos es su héroe; mucho mejor que Superman, sin duda.

Genaro se siente viejo. Ha devuelto la cartera que se le había caído a una anciana, ante testigos. Sus poderes especiales parecen haberse esfumado.

03. Y, al fin, voló (Jesús Garabato)

¿Por qué dudabas? ¿Ves cómo desde lo alto de esta muralla todo parece diferente, a pesar de la oscuridad? Sé que, muchas veces, deseaste tener la fuerza de Hulk y que soñabas con desaparecer, como el Hombre invisible. Pero lo que más te hubiera gustado sería conseguir los poderes de Superman. Y volar. Si así fuera, cogerías de nuevo tu bici y remontarías, incansable, hacia aquellas nubes que ahora se apartan, dejando paso al amanecer. Allí, ya erguido y protegido del mundo, nadie se atrevería a insultarte ni a pegarte, como hacen cada día. Por qué a mí, te preguntabas, si solo quiero ser libre. Ser libre y que mis ojos sigan aunque paren mis pies, pensabas. Ser libre, Jokin… Y volar.

02. Ángel de metal

La cámara captura el instante en el que una pluma blanca flota hasta la superficie del charco viscoso, se vuelve rosa, se apelmaza y forma un coágulo irreconocible.

Un final impactante.

El gentío, enajenado, inconsciente, teledirigido, inhumano, manipulado, insensato, aplaude por inercia la victoria definitiva del Megarobot L1-83R4 sobre el  incómodo rastro de los últimos héroes desconocidos y los salvadores tradicionales. El mundo está, por fin, desangelado.

Nadie sabe aún, ni se pregunta, contra qué enemigos van a programarlo en su próxima misión redentora.

01. PODEROSAS (JAMS)

El nuevo traje de grafeno y los refuerzos de codos, rodillas y muñecas. El pectoral electromagnético, los guantes de titanio y el cinturón multiple con toda la munición explosiva revisada. Pero necesito las gafas zoomer-X sin las que me es imposible la visión alejada y a través de los objetos. Sin ellas estoy perdido en una misión como la de hoy.

Oigo pasos al fondo del pasillo y puedo intuir su sonrisa con el gesto de quien se cree superior. Conoce todas mis armas y sabe neutralizarlas sin esfuerzo. Aparece en medio de la puerta como si fuera un gran poster al natural, con sus mallas de lycra y su camiseta traspirable de tirantes, y ese implacable poder de la telequinesia y telepatía que la hacen aún más poderosa.

-Están en el tercer cajón, con las manoplas adherentes y las ventosas que ya no usas.

-Gracias mamá -le digo, sabiendo a ciencia cierta que, aunque ya haya revisado el armario diez veces, aparecerán allí.

Y siento de nuevo que la paz en el mundo es posible.

134. MAL MENOR

Desea que él desaparezca. Perderlo de vista. Y ser libre para decidir su propia vida.
Pero sabe que de nada le serviría esconderse, replegarse en una esquina y descansar de su constante vigilancia, de su poder y de sus deseos.
Y es consciente que si la abandona, si se cansa de ella, si por desgracia él muere, su existencia quedará también truncada.
Así que se resigna a ponerse de nuevo en sus manos, vivir lo que él le deparé y seguir siendo la sufrida protagonista de la historia en ciernes del escritor.

133. Musa espectral

Cuando acepté la propuesta de Nicolle de escribir su truculenta historia, nunca pensé que la muerte podía ser contagiosa. Sus apariciones se fueron tornando más frecuentes e intempestivas a medida que avanzaba el libro, y al poco tiempo yo también me veía como un fantasma. Noche a noche su presencia seductora me quitaba el sueño, y la cordura. Acabé por encerrarme en aquella habitación que albergaba su atormentado espíritu, con el afán de transcribir palabras sórdidas que hablaban de sexo, prostitución, traiciones, y un sangriento final.

Al principio la anciana dueña de la pensión me traía la comida y, mientras sacudía las sábanas, me contaba lo bien que había cuidado siempre de los escritores que habían pasado por allí. Aunque, cercano ya al desenlace de la novela, dejó de hacerlo. Yo continué escribiendo hasta desfallecer.

Días después la antigua Madame entró en el cuarto con un pañuelo en la nariz, protegiéndose del olor que emanaba mi cuerpo. Apartó mi cabeza, que reposaba sobre las últimas páginas, y recogió con mimo el manuscrito. Antes de llevárselo cambió mi firma por la de Mort Farragan, el famoso escritor de novela negra.

 

 

132. SIN FUTURO

Hace ya meses que se encuentra vagando por las calles. Cada día ve a cientos de personas que caminan por ellas. Todos parecen saber a dónde van. Entran en tiendas, en portales, en oficinas, pero él no tiene rumbo. Recuerda donde estuvo un tiempo atrás. Tenía un piso en el edificio más alto de la ciudad, trabajaba en un despacho de abogados, solía quedar con los amigos y celebraba los cumpleaños y otras fiestas con María —su mujer—. Y ahora está estancado en una avenida principal, tal vez deba ir a la estación, o entrar en un bar. Pero no lo sabe. Se siente desamparado. El autor ha decidido abandonar su novela.

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