Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

FE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en LA FE

Bienvenid@s a ENTC 2026 Comenzamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto de FE en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
15 de FEBRERO

Relatos

DIC98. ENCUENTROS EN LA TERCERA FASE, de Antonio Ávila Calmaestra

La mañana del día de Navidad,andaba Maruja por la Ruta del Colesterol intentando quemar las cinco mil calorías ingeridas la noche anterior,cuando presenció algo que la dejó pasmada: en el parque aledaño estaba aterrizando lo que tenía pinta de ser una olla express Magefesa.
Corrió hacia allí llegando justo a tiempo para ver cómo se abría una compuerta y de dentro salía un alienígena. Sin embargo, a Maruja, aquella pequeña criatura le pareció un bonito agaporni.
El extraterrestre sacó su pistola de protones dispuesto a fulminarla. Maruja, perpleja ante todo lo que sabía hacer aquel adorable pajarillo se sacó del mandil unas miguitas de pan…
Media hora más tarde, el «agaporni» de las galaxias estaba dentro de una jaula acompañado de un canario, una carcasa de sepia a medio picotear y alpiste, mucho alpiste.
– No te lo comas todo de golpe «cari«, no vayas a explotar, como el último… ¡Ay, qué bonico, si parece que quiere hablar!
– XRP-33 a nave nodriza. Abortamos misión de exploración previa a la invasión del planeta tierra. Una vez más hemos sido capturados por las Fuerzas Especiales Maruja. Inmolación en 3, 2, 1…

¡BOOOOUM!

DIC97. ÍTACA EN NAVIDAD, de Vicente Fernández Almazán

Mi vida de niño fue siempre ejemplar, hasta que una nochebuena, mis padres, decepcionados, me subieron a aquel maldito tiovivo. Allí, a lomos de un caballo mustio, me hicieron firmar el finiquito y me centrifugaron entre arengas y burlas. Ni que decir tiene que al rato estallé, transformado en cristales de agua y chispazos azules. Luego, todo cambió… Ahora floto en el aire, sin carga negativa ni rencor, jugando entre isobaras y ventiscas. Nunca volví a ver a mis padres, aunque no estoy solo; somos muchos. Viajamos, bulliciosos, formando edredones níveos sobre los coches, o luciendo, con orgullo geométrico, sobre la fachada del Corte Inglés. Si te fijas bien, podrás verme. A veces bajo en zigzag sin llamar la atención, salvo por un soniquete de velcro cuando caminas. Disfruto espiando parques llenos de luces navideñas. Aunque me quedo poco tiempo. Sólo hasta que vuelve esa tristeza antigua. Entonces hago malabares para no licuarme y me elevo raudo, con la esperanza envuelta entre nubes. Luego huyo sin tregua; desbocado, como un caballo sin tiovivo bajo la tormenta; y me pierdo, otra vez, buscando el camino de vuelta a casa; siempre errando en círculos.

DIC96. UNA CAJA VERDE, de Yolanda Nava

Este mes me ha enviado un dibujo acorde con estas fechas: un enorme abeto decorado con motivos navideños rojos y dorados, la estrella –su adorno favorito- está un poco torcida, sonrío al recordar cómo me apremiaba a que la subiera en mis hombros para colocarla. Al pie del árbol hay cuatro cajas enormes bellamente empaquetadas, por afuera están los nombres de cada uno de nosotros. La mía es de color verde y no puedo evitar el nudo en mi estómago: tampoco este año podré abrirla. Me dice que la guardará con las anteriores y las siguientes. “Necesitará mucho espacio para las veinte” –pienso- mientras la emoción de conservar un lugar en mi familia humedece mis ojos. Por megafonía nos llaman a cenar. Coloco el dibujo al lado del catre y me dirijo al comedor, seguro que el menú de hoy es especial, acorde con estas fechas.

microsyotrashistorias.blogspot.com.es

DIC95. UN ACRÓSTICO NAVIDEÑO, de Carmen Martínez Marín

En un cajero al abrigo del frío con los cartones húmedos enrollados hasta que el vigilante llegara y a cajas destempladas los echara, allí estaban. Entré a sacar dinero. Son esos días en los que el dinero se te acaba y tienes que comprar. Dos hombres escribían sobre un papel arrugado:

Nada como los días de fiesta.
Sacad los pastores a cantar.
Consumamos cordero lechal.
Invitemos a un indigente a cenar.

A quién tocará la lotería.
Que brillen las luces sin pagar.
La sombra vendrá en la factura del gas.

Vivir y cantar, comer y dormir.
Cada uno en su casa.
No habrá peleas familiares.

Id de compras señoras.
Derritamos tarjeta de crédito.
La cuesta no llegará hasta enero.

Demos a los pobres los buenos días.
Regalemos lo que no nos sirve.
Derrochemos en generosidad.

A la calle con los niños
En casa manchan las alfombras.
¡Gorros y bufandas qué hace frío!

De hoy para mañana, un año más, venga vamos a celebrarlo:
Feliz navidad, Noche buena, Noche vieja, un año más.
Y, hale a cantar: “Ya vienen los Reyes…”

Me cantaron su villancico a modo de rap. Salí del cajero y me fui a mi casa.

http://aymaricarmen.blogspot.com/

DIC94. APARECIÓ LA NOCHEBUENA, de Javier Palanca

Aunque ella no puede recordarlo en ese momento, se llama Elena. Su madre, filóloga, le puso ese nombre porque significa “antorcha resplandeciente”. En el barrio la conocen por “La pelirroja”. Poco más pueden saber de ella. La distancia es el baúl donde se acumula la ignorancia.
Ahora, mientras le sangra la nariz y el oído derecho, tampoco sabe que vive ambulante entre cuatro calles durante el Sol y en un cajero cuando este se oculta. Que su deambular no tiene otro objetivo que conseguir dinero para la próxima papelina.
No es consciente de haber sido vapuleada y violada por “El Puma” a cuenta de deudas . Ni tampoco puede escuchar la conversación de este con “El Palos”:
– ¿Que es ese jaleo a estas horas de la noche?
– Son los que salen de la misa del pollo.
– Es la del gallo, ¡So bruto!
– ¡Perdone vuvesensia!

DIC93. COMPAÑEROS, de Reyes Alejano Monge

Corría dando zancadas imposibles con sus piernas aún cortas, para no ser alcanzado por el chucho rabioso. De un bote subió a un árbol; y descubrió cuanto le gustaba ver el mundo desde arriba. El arce se convirtió en su secreto refugio, receptor de llantos, dispersor de risas, silencioso confidente. En el otoño de sus ochenta y cinco años, aún ágil, ya cansado, trepó a su árbol una vez más un día de nieve y calma. Se acurrucó en su hueco y se durmió. Los suaves copos abrigaron su cuerpo, y las hojas susurraron una canción triste de despedida…solo cuando el arce se liberó de todas sus hojas otoñales le encontraron. En Navidad.

www.adondelcaminoira.blogspot.com

DIC92. REGALO DE NAVIDAD, de María Jesús Pueyo (Patricia Richmond)

Me cogió las manos y las besó con ternura.
– Pídeme lo que quieras.
– ¿Lo que yo quiera?
– Lo que sea.
– Quiero… un ático.
– Hecho.
– En París.
– Muy bien.
– Con una terraza llena de hortensias blancas y azules. Y que se vea la Torre Eiffel.
– ¿Algo más?
– Amueblado y con cuadros de artistas bohemios.
– ¿Eso es todo?
– Y un bono de transporte y dinero para mis gastos, que en París hay mucho que ver y hacer.
– Va a ser mucho. Si se entera mi mujer me echará de casa.
– En mi ático siempre habrá un sofá para ti. Así que cómpramelo cómodo.
Me sonrió y nos abrazamos. Así me despedí de mi amigo y compañero durante los peores momentos de mi vida, del encierro que debía sanar mi mente enferma.
Salí de la clínica y me reencontré con mi familia. Subí al coche de mi hermana, de noche ya, y las calles que fuimos recorriendo me desconcertaron con sus colores y estrellas resplandecientes. La gente parecía tan feliz…
Hasta que comprendí: era Nochebuena.

patriciarichmond.blogspot.com.es

DIC91. CRISIS, de Edweine Loureiro

Oficina central de Coca-Cola, un poco antes de Navidad:
― Está usted despedido, Papá Noel.
Y después de que salió el bondadoso viejito:
― ¿El siguiente? ¿Quién? ¿Jesús? ¡Pues bien, que pase!

DIC89. LA ABUELA ESTHER, de Paz Alvar

La comida de Navidad hacía de ella una artista de circo insuperable. Nos enseñaba a hacer equilibrios con los platos mientras servía la mesa. Se contorsionaba cuando pasaba entre las sillas del comedor, esquivando a mis primos y saltando por encima del perro, sin derramar ni una gota de sopa. Como el mejor de los mimos, hacía señales a mi abuelo y a mi madre mientras hablaba por teléfono con mis tíos de Chicago. Y al final, como por arte de magia, recogía todo en un momento y nos entregaba los regalos que más deseábamos.
Según se hizo mayor fue perdiendo estas destrezas. Sin embargo, comenzó a desarrollar unas increíbles dotes de adivinación. De esta forma, anticipó su partida y pudo prometerme antes de marcharse, que me visitaría cada veinticinco de diciembre.
Por eso hoy, cuando he encontrado su broche de cristal, no se lo he contado a nadie. Lo he guardado con el resto de regalos que aparecieron de forma mágica bajo el árbol encendido y mientras lo hacía, como cada Navidad, la he visto sonreír con picardía desde la foto que hay encima del mueble del salón.

DIC88. DESPERTAR EN NAVIDAD, de Julio Guzmán (Caballero Andante)

Me gustaría despertarme cuando llegue Navidad…
Septiembre. Ciudad florida, al Norte de Florida. Ella me amaba y yo la amaba. Sus sábanas de seda siempre estaban cálidas. Las dudas llegaban a nuestras mentes golpeándonos como goterones sobre el cristal.
De pronto cayó la lluvia a cántaros. Ya no eran dudas, sino un horizonte quemado por el Sol y mojado por una cortina de agua que empañaba el presente y oscurecía el futuro. Dormir, dormir, dormir y despertar en Navidad.
Navidad ha llegado y yo no quiero despertar…

DIC87. FUERZA Y BENDICIÓN, de Amanda Catalán

Luego de calmar mi rabia y las lágrimas que caían por mi rostro como ácido, entré de nuevo al apartamento ensayando una sonrisa que más bien parecía una grieta en mi cara mal afeitada. La mujer que amaba me miró, estiró su mano para alcanzar la mía y tardé en reaccionar, perdido en mis temores, enojado estúpidamente con ella. Su cáncer apareció por navidad- eso me confesó al exigirle una explicación por su inquietante silencio- y todo dejó de tener sentido para mí, las luces de colores, los regalos, el árbol, la ahora insulsa cena que planeaba. Habíamos pasado por tanto juntos, que el pensar en una enfermedad invadiéndola sólo a ella me hizo sentir engañado por la vida.
-¿Qué haces, amor?- me preguntó al ver que retiraba los adornos navideños.
-No tengo nada que celebrar.
-Estás equivocado- dijo, devolviendo los adornos a su lugar- Hay que celebrar, y cuando cenemos durante la Nochebuena, le pediremos al Festejado que bendiga nuestra mesa mucho más.
Su admirable valor me hizo sentir como un niño perdido y encontrado en medio del gentío. Emocionado, la abracé con fuerza y las ideas para cocinar algo exquisito me llenaron de nuevo la cabeza.

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