Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

2019 ENTCOLORES

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en el color rosa

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC. Este verano te ofrecemos la posibilidad de participar con un "relato rosa" y el reto de encontrar una propuesta para el ENTCerrado...
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Esta convocatoria finalizará el próximo
17 de septiembre

Relatos

174. UN AMIGO LLAMADO ÁRBOL, de Claro

Recuerdo aquel invierno cuando le encontré casi sin vida. No era más que una pequeña  rama que brotaba desde el suelo. Marchito y con una esperanza de vida bastante improbable en aquel inmenso bosque lleno de robustos árboles; no era más que una indefensa criatura en un mar de fieras. Sin embargo con él compartí mis escapadas al bosque de mi libertad, respiré las cuatro primaveras y le vi crecer como lo hice yo. Aún recuerdo que aquel proyecto de árbol desarrolló un tronco fuerte en el que apoyé mi cuerpo y me dediqué a observar con mis sentidos el paraíso. Nuestros caminos se separaron cuando me abandonó mi infancia y perdí de vista aquel bosque. Fue una mañana cuando con mi hijo me perdí en la inmensidad del bosque en su busca. Aterrado pude contemplar como aquel tronco había sido desgarrado junto con muchos otros y fue cuando perdí en el horizonte mis ojos brillantes alejándome de mi hijo. Desperté de mi paseo hipnótico cuando mi hijo descubrió con sus manos una pequeña flor en su tronco, un hijo como el mío. Desde entonces en un rincón de mi jardín vive parte del bosque, parte de aquel amigo.

PARA AQUELL@S QUE PASEAN POR ESTE BOSQUE

Antes de recurrir a otras soluciones, nos gustaría recordar que la libertad de expresión pierde toda legitimidad cuando su objetivo es la ofensa arbitraria y fuera de lugar. Consideramos oportuno que tomemos consciencia de dónde estamos en cada momento; unas cuantas pistas para este caso concreto: no encontraréis ningún sello editorial como patrocinador, ningún escritor de éxito apadrinando el proyecto, ningún emblema de alguna facultad universitaria, ni ninguna referencia a espacios intelectuales digitales… Somos dos pequeños alojamientos rurales publicando, tal y como llegaron, los relatos enviados de aficionados y amigos, unos mejor trabajados y otros como verdaderos experimentos, alguno de ellos tal vez inacabados, de estilos y planteamientos muy variados, algunos con faltas de ortografía, con términos extraños de dialectos lejanos o con errores gramaticales, algunas historias que no terminan de funcionar o que visitan territorios que no son de nuestro interés… pero todos con el propósito y la ilusión de compartir, de forma lúdica y amable, ese maravilloso mundo que nunca existió, el de la ficción literaria.
Os ruego, por tanto, que seáis comedidos y amables en vuestros comentarios, con la tranquilidad de que habrá un jurado que terminará valorando las circunstancias de cada relato. No vamos a permitir que este espacio, que se ha planteado como un lugar de encuentro, se convierta en un foro de discusión, porque ese es un escenario que los convocantes de esta iniciativa rechazamos. Gracias.

173. CIERRA LOS OJOS, de Murciélago

Estaba corriendo, una vez más. Escapando de él. Otra vez el mismo sueño. Sentía un nudo en mi garganta. ¿Estaba triste?  Me costaba correr, sentía el corazón pesado y tenía ganas de rendirme y tirarme a un lado, esperando a que me mate. Una lágrima resbaló por mi mejilla, cosa que me enfureció. No iba a derramar ni una más, no por eso. Seguí corriendo, mientras sentía los árboles observándome. El bosque estaba oscuro. Tenía bien claro que él podía alcanzarme en menos de dos segundos, ¿Estaba jugando con migo? Me detuve de golpe y comencé a mirar los alrededores buscándolo, firme. Como esperaba una silueta se apareció, era él. Mi corazón comenzó a latir de un modo extraño. Lo conocía, sabía quién era, pero el sueño se negaba a dejar pasar la realidad. El comenzó a acercarse, y un par de lágrimas brotaron de mis ojos.
_ ¿Por qué?_ le pregunté. Inclinó la cabeza a un lado, sin responder. Su mirada era fría y parecía cansado.
_Cierra los ojos_ dijo, mirando a un lado por un momento. Volvió a dirigirme la mirada_ no te va a doler.
Tan pronto como dijo eso, lo vi abalanzarse sobre mí, demasiado rápido.

171. EL BOSQUE DE LA FELICIDAD, de La Secuoya Roja

La luz cegadora por fin se había disipado. Estaba en un bosque lleno de árboles de todo tipo y tamaño, había árboles gigantescos: secuoyas rojas, gomeros gigantes, abetos; árboles frutales (manzanos, naranjos, cerezos, mangos…), pero lo más impresionante eran las flores, entre ellas amapolas, margaritas, rosas, orquídeas, gardenias… de todos los colores.
 Había gente vestida de blanco, y contemplé una secuoya roja a poca distancia de ciento cincuenta metros de altura y cuarenta de perímetro. Pero lo increíble fue observar bajo el gigantesco árbol muchísimos niños jugando con leones, tigres, lobos, ovejas, gatos, perros y un montón de otras distintas especies.
       El día era inmejorable…, el sol luminoso…, todo era perfecto como un mundo ideal. De repente un hombre con la barba encanecida se acercó a mí. “Bienvenido, estás en el mundo real”, me dijo con una voz agradable.
       ¿Cómo se llama este paraíso…? —inquirí.
       “Se llama el Bosque de la Felicidad”, sonrió. Luego me tocó en la frente…
       —¡Ya ha vuelto! —escuché. Era un doctor—. Las descargas eléctricas al fin han conseguido que lata su corazón. Has tenido un accidente muy gordo —me dijo.
       —Pero yo no quería volver —lamenté—. ¡Quiero volver al Bosque de la Felicidad!

170. LAS OREJAS MÁS GRANDES DEL MUNDO, de Moral

Tenía las orejas más grandes que había visto en toda mi vida.
—¿Me estás mirando las orejas? —me preguntó sonriendo.
—¡No!… Si.
—Llaman la atención, ya lo sé. No me molesta que las miren.
—Perdone, pero son…
—¿Quieres tocarlas? A veces me lo piden. Puedes tocarlas si quieres.
—No… gracias. Me conformo con mirar.
—Lo digo porque mañana será tarde: me voy, vuelvo al bosque y no volveré hasta finales de otoño.
—Ya…
—Soy el escuchabosques. Solo paso el invierno en el pueblo.
—El escuchabosques… el escucha-bosques, el escuchador de bosques, el que escucha los…
—No sabes quién soy, ¿verdad?
—Pues claro… ¡No!
—Para que lo entiendas: soy como el forestal del sonido. Catalogo, clasifico y cuido los sonidos del bosque. Que todos se oigan, que no falte ninguno: el murmullo del agua, el canturreo y gorjeo de los pájaros, el aullido del lobo o el zorro, el gruñido del oso, el ulular del búho o el mochuelo, el chasquido de las hojas, el croar de las ranas, el berreo, los bramidos, relinchos, zumbidos, chirríos, graznidos, silbidos, mugidos,… Que todo se oiga donde, cuando y como tiene que oírse.
—Y ¿eso importa?
No me contestó, solo me miró con pena.

169. EL HOMBRECITO DEL BOSQUE, de Fantasma del Río

Hay quienes al ver su madriguera en mi jardín, dicen que parece el hoyo de un conejo, pero no es así: allí vivió hace un tiempo, el hombrecito que vino del bosque. Lo sé porque yo lo conocí, soñé con él una vez, y se enamoró de mí.
 Una noche de luna golpeó mi ventana, y le di paso al reconocer su sonrisa.
 Compartimos largas pláticas; él deseaba mudarme al bosque y que me integre a su familia. Contaba que allí cada fogón era un hogar, que el cielo daba de comer planetas, que aún había lobos con quien hablar, y, que con paciencia, me volvería como él.
 Yo, que no soporto el barro, asentía con la cabeza, pero dilataba mi decisión.
 Una noche de septiembre, hizo que los árboles ladearan sus copas para que la luna iluminara la ría.
—Volveré al bosque —dijo señalándolo—, y allí te esperaré.
 Zarpó sonriendo, acoplado al tallo de una rosa. Lo sé, porque lo vi a través de la cruz de mi ventana, desapareciendo entre los reflejos de una luna redonda, brillante, y libre, como ésta.
 Desde entonces, al pasar por cualquier bosque, se me humedecen los ojos.

168. ¡AY CIELO! de Abelia

Nunca imagine que pudieras pesar tanto…
En tu caida me aplastaste. Te ví venir pero me crei tan fuerte que no me molesté en apartarme.
Y aún así, gestado en mis escombros de recuerdos olvidados,  sueños incumplidos y promesas caducas, consigo respirar,coger aire, inflar mis pulmones de ilusiones renovadas.
Ay Cielo! Yo que siempre miraba al frente preocupandome tan solo del suelo que pisaba…Solo temía por trampas en el camino, de ti, Cielo, me fiaba.
Me cubriste con tu sombra, creía que era cobijo que me dabas.
Ay Cielo…alumbrabas los días que, ahora ya negros, se suceden en un continuo vaivén de preguntas que siempre empiezan igual…
Por que?

167. ENTRE LOS ÁRBOLES, de Palosanto

Rogelio Gómez, ultimó a su cuñado en medio de una discusión de familia, por este delito fue confinado durante veinte años e ignorado por todos.
Ayer recupero su libertad y deambuló sin rumbo.
Atardecía cuando se abalanzo con saña sobre un joven, completo su faena sanguinaria y luego escudriño en sus bolsillos con avidez. Con eso de poco valor que saca del caído compro una botella de coñac y se embriagó. Un par de horas después y todavía bastante mareado se dirigió hacia la espesura del bosque donde se hallaba el antiguo hogar de sus padres y al llegar se encontró con la noticia que alguien había asesinado a su hermano menor para arrebatarle unas pocas monedas. Al ver las fotos del muchacho en la pared supo quién era el criminal y debió pensar –¡Qué ironía! ¡Primero mate para salvarlo y ahora le quite la vida!
Porque salió huyendo hacia la espesura y con el cinto que sacara del finado se ahorcó.

166. LÁGRIMA DE SAL, de La Lágrima del Sauce

Y poco a poco me fui transformando en lo que soy ahora ¡un pájaro! Puedo volar dejándome llevar por el viento hacia ningún lugar, hacia ninguna parte. Mis alas nuevas remontan el vuelo sin descanso bañadas por el rocío de un nuevo amanecer. El sonido de un arpa despierta en mi lo que se hallaba dormido en silencio. Esa melodía perfora mi alma y engendra más de lo que ahora soy. El bosque de sueños que visité un día siendo niño ahora es mi hogar ¡Soy libre! Así me siento. Con mis acrobacias en el cielo puedo dibujar un destino mejor ¡Ahora sé que puedo! Ya no tengo miedo a las alturas ni a la caída. El sol dibuja una sonrisa en mis labios ¡Mi corazón revolotea en mi pecho como antes lo hacía! Siento que me elevo y puedo respirar un aire más fresco, más limpio. Y poco a poco sigo cambiando como el color de las hojas del sauce llorón que un día fui, poco a poco aprendo a ser lo que soy; Un hombre con alas de pájaro enamorado de una lágrima de sal.

165. BATIENDO MIS ALAS AL VIENTO, de La Lágrima del Sauce

¡Jamás aprendí a volar! Perdida en un bosque de ilusiones me ahogo en mil lágrimas saladas. Confundida en la soledad de un día sin luz remiendo los descosidos de mi alma rota. Tu ausencia ha dejado mudo al corazón y no puedo creer que volverás. Estoy atrapada en un laberinto de dudas y soy incapaz de hallar la salida. El viento me trae tu recuerdo y aquel tronco de árbol que marcamos con un beso robado de tus labios me devuelve al mundo real ¡ya no estás! Palabras derramadas sobre un manantial de sueños se hunden y tocan fondo. Tus alas volaron como las del colibrí hacia tierra de fuego y yo no pude seguir tu vuelo. Intenté elevarme contigo pero caí y mis manos tocaron tierra firme. Tuve miedo a volar de nuevo, a reunirme contigo en ninguna parte y así te perdí. Ahora me pierdo en un bosque de ilusiones y me ahogo bajo una tormenta de lágrimas de sal. El viento me trae tu recuerdo y se lleva consigo los trocitos k no pude coser de mi alma rota.

164. EL LAGO DE LÁGRIMAS DE PLATA, de Claro

Había leído los suficientes libros como para saber que el amanecer es anaranjado y que desdibuja haces de fotones produciendo la más placentera de las sonrisas. Había conocido en aquellos libros que cuando el día acecha, se comienzan a esparcir sombras por bosques plagados de vegetación y de fauna. Sabía, pero no por cuenta  propia, que cuando llegaba la noche, aquel lugar cálido y cercano se convertía en una zona sombría y quizás para muchos tenebrosa, o para otros pocos en un lugar mágico, en el que la fantasía hacía sus estragos sobre la realidad. Había escuchado hablar de un claro de luna que se reflejaba sonriente en las pacíficas aguas de un lago que albergaba el más misterioso de los páramos, un lugar en el que los lamentos iban a parar como lamentos de las almas descarriadas, el lago de lágrimas de plata. Suspirando terminó la última página de aquel libro y repasando con las yemas de sus dedos la última línea, suspiró y cerró la tapa. Entre lamentos dos lágrimas aterrizaron en el lago y perdiéndose entre las sábanas, una vez más deseó que aunque fuese solo por  un instante la ceguera no le acompañase.

163. EL REFLEJO DEL AMOR PERDIDO, de Carballo

La senda se estrechaba y, de repente aparecia un hermoso bosque de sauces llorones, que rodeaban un pequeño lago de aguas cristalinas, en el que se reflejaban sus largas ramas , que caían como lagrimas sobre aquel espejo tranquilo. En aquella laguna que permanecia quieta como un plato brillante donde se reflejaba la luna llena, la muchacha se miró en las aguas y en ellas vio la nostalgia del amor perdido. Se había refugiado alli buscando un lugar tranquilo donde llorar a su enamorado. Este, la había abandonado aquella tarde, al quedar atrapado en los brazos de otra mujer más madura,  enredado en sus tiernas palabras.