Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

FOTOGRAFÍAS

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en el tema que te proponemos

Bienvenid@s a ENTC 2020 En este momento podemos ofrecerte la posibilidad de participar con un relato que esté inspirado en LAS FOTOGRAFÍAS... Bienvenid@
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27 DE JULIO

Relatos

ABR.76. GOTA LLUVIA, de Pilar López Moraga

Ahora acabo de tocar el cristal, es una sensación agradable, me deslizo, me dejo llevar, al otro lado, unos ojos miran asombrados, es un niño, parece que disfruta viendo llover, yo sigo mi camino, cuando llegue al suelo todo habrá acabo, mi efímera vida se habrá terminado, puede parecer triste, pero no es así, serviré de alimento a los árboles, a las plantas, a los animales, normalmente mi llegada es motivo de alegría, es un escaso tiempo el que existo, pero muy placentero. A cambio de perecer tan pronto se nos concede el don de ver el futuro de las personas con que nos encontramos, como este niño, he tenido suerte, será feliz, todo lo que se puede ser, y verá muchas veces llover. Mientra me voy diluyendo veo lo que será su vida, esos grandes ojos amarán y serán amados y dejarán un recuerdo imborrable.
 Toco la tierra y lo que he sido, ya no seré, ahora existiré a través de este precioso rosal amarillo. Siento que ha merecido la pena.

ABR.75. EL CEMENTERIO, de Isabel Fernández

Guiado por una incesante lluvia, Obo acude aturdido hasta la puerta de hierro del viejo cementerio, que se abre al compás del sonido estrepitoso de las bisagras, anunciando sin pudor la llegada del cachorro. El impertérrito silencio sale a recibirle, envolviendo su pelaje mojado y encaminando sus pasos entre la maleza desbordada y abundantes ramificaciones de enredaderas, que trepando desde la verja que separa lo terrenal de lo incorpóreo, reptan descaradas hasta las patas de su exiguo huésped. A su paso, incesantes tumbas olvidadas y asoladas por el devenir del tiempo, coronadas por apacibles y abundantes cipreses, observan al pastor alemán que sortea entre saltos las piedras desdibujadas en forma de cruz cristiana incrustadas en sepulcros que acogen en sus manos efímeras historias que reposan eternamente. A los pies de una inutilizada e inutilizable fuente sumergida en la tierra, un vetusto panteón con olor a hierbabuena, reclama la atención del perro, ofreciéndole el cobijo deseado. Con asombro y algo de desconfianza, Obo se introduce en el sepulcro, acunándose entre el gélido calor que desprende la tumba. Con la humedad latente en su piel, y los sentidos expectantes, aguarda paciente a que la tormenta cese.

ABR.74. MI BENEFACTORA, de Mayte González-Mozos

Hace un mes yo era un desconocido, estaba extraviado, el miedo y la lluvia que caía queriendo arañarme, me hacían temblar. Aprecié de refilón una bruja tras un castaño centenario, y temí que me lanzara su trillado encantamiento. Pero me tranquilizó el ver unos elfos que retiraron la hojarasca del bosque a mi paso. Un zorro al cruzar el Camino, se detuvo para lanzarme una mirada misericordiosa. Yo debía proyectar una imagen lastimera y desoladora. Así recorrí el húmedo Sendero y llegué a la puerta de un alojamiento. Aquella noche las hadas tejían mi destino. Toqué la puerta y Ella me abrió. Y allí chorreando agua, con mi aspecto patético, me quedé paralizado, mirándola, a merced de su piedad y bajo el aguacero. Fui invitado a pasar al acogedor interior de piedra.
    Volvimos de vacaciones. Hoy distingo que Ella se agita bajo la ropa de la cama. Suena la urgente alarma. Como todos los días estoy a su lado y percibo su ansiedad al pensar en su jefe, en la jornada que le espera… ─Si yo fuese humano también sufriría el absurdo de la vida-. Me pasa su cálida mano por el lomo y yo intento alegrarla moviendo el rabo.

ABR.73. SEQUÍA, de Rubén Gozalo

Algunas noches aporreaba la máquina de escribir con furia y el aguacero de frases mojaba el papel. Los párrafos caían en tromba. El chaparrón de metáforas calaba los textos. La borrasca de personajes inundaba los capítulos. Los chubascos de pasión, celos, asesinatos y amor formaban regueros de lágrimas alrededor de las historias. Un día dejaron de llover las ideas y la sequía creativa se adueñó de mi cabeza. Tras meses sin caer una gota, busqué inspiración en la Lluvia amarilla de Julio Llamazares, en las canciones A cántaros de Pablo Guerrero, November Rain de Guns N\’ Roses y Ojalá que llueva de Juan Luis Guerra. Nada. La aridez creativa se apoderó de mí. Para remediarlo, contraté los servicios de un meteorólogo. Predijo nubosidad variable por el este, precipitaciones en la meseta sur del hemisferio cerebral y que en abril caería algo de chirimiri. Se equivocó. Y ahora, meses después, mis familiares me han internado en un psiquiátrico. Los médicos me han dicho que estoy como una regadera. Pero yo, por más que canto, no consigo atraer la lluvia.

ABR.72. AJUSTANDO CUENTAS, de Miguelángel Flores

A mi marido me lo trajo una tormenta. Y no es un decir, me lo entregó envuelto en lluvia. Estaba de romería con mis amigas, las pocas que quedamos, cuando empezó a caer un chaparrón de los que empapan el ánimo.  Salimos corriendo mientras nos tapábamos con las sillas plegables. Y al pasar por el abrevadero viejo lo vi allí tirado. Hice como si no lo hubiera visto, seguí mi camino con ellas. Cuando llegamos a casa, esperé prudentemente a que cada una llegara a la suya. Me puse la gabardina y salí a buscarlo. Estaba empapadito. No hablaba. Me lo llevé a casa, lo bañé, le di de comer, y hasta hoy. Lo llamo Paco, y él a mí, vida mía. No sabe de dónde viene, y ni falta que me hace. A ellas les he dicho que lo conocí en el Carrefour de la capital y que se quedó prendado de mí. Yo no sé si me creen, pero tampoco me importa. Que se alegran, me dicen. Ya, les digo yo. Ahora a la romería voy de su brazo. Y si llueve, nos quedamos en casa, recuperando lo que la vida me debe.

  www.eternidadesypegos@blogspot.com

ABR.71. VEINTE DE ABRIL, de Manuel García

 Veinte de Abril, me situaba en una peculiar cafetería de Murcia, algo dentro de mi ser me decía que debía estar allí. Mientras leía « El amor en los tiempos del Cólera´´ se oía de fondo « someone like you´´ de Adele. Me levanté a pedir un café cuando de repente comenzó a llover, algo bastante raro ya que la situación meteorológica de mi provincia no es dada a que llueva. Se abrió la puerta y ahí estaba él, para nada me resulto raro, sabía que iba a venir, y así fue, lo trajo la lluvia. Se sentó y me invitó a pasar toda su vida con él.
La mayor declaración de amor es la que no se hace; el hombre que siente mucho, habla poco. Platón.

ABR.70. LOS TRAJO LA LLUVIA, de G. Gilart

La camioneta se paró en la encrucijada. El chófer les indicó el camino a seguir a pie. Era de noche cerrada y, al bajarse de la camioneta, un viento cargado de lluvia les abofeteó. Los dos hombres emprendieron el camino cuesta arriba. Pedro se subió el cuello de la chaqueta, un gesto mecánico pues no servía de mucho ante el diluvio que les caía encima. Juan echaba pestes de todo: de la tormenta, de la guerra que habían perdido, del hombre que les había indicado ese camino embarrado.
De vez en cuando, un relámpago iluminaba la escena: dos hombres encorvados bajo la lluvia que iba formando riachuelos entre las piedras.
Pedro recordaba a su mujer muerta bajo los bombardeos de Barcelona; recordaba otro camino, el del exilio; recordaba el campo de concentración de Argelès-sur Mer, para finalmente acabar aquí, en ese sendero pedregoso en dirección a una granja donde alojarse a cambio de ayuda en el campo.
No sabrían decir cuanto tiempo habían andado cuando distinguieron una débil luz que provenía de una casa lejana.
Calados hasta los huesos, llegaron a la granja. Al llamar a la puerta, oyeron una voz de hombre que decía:\»¡Simone!,corre, vete a abrir, deben de ser los españoles.\»

ABR.69. ADELANTE, de Miguel Ángel Frías

Postrado en la cama. Así me hallaba. De compañía, solo una deteriorada ventana al fondo de la habitación. Esa ventana, por la que tantas veces me asomaba de niño a la llamada de mi madre, haciéndola injustamente esperar, entretenido en mil quehaceres lúdicos.
Ahora llueve. Y el agua, ha traído a mi alma todos estos recuerdos, como cuando correteaba por los pasillos jugando con mi hermano, arropándonos bajo el delantal de mi madre en la cocina, o saliendo al encuentro de mi padre cuando regresaba del duro trabajo de la construcción para darle el beso de bienvenida. O gastando bromas a mi hermana, que aprendía labores de costura con mi abuela como mejor maestra.
El tiempo ha pasado. Ya no me queda nada ni nadie. Solo recuerdos…y esa ventana como testigo del paso del tiempo. Observo los visillos de siempre, y acariciando el cristal, las gotas de agua, que van trazando sinuosos y azarosos recorridos jugueteando sobre el mismo, enluciendo las apilistras del patio de mis recuerdos.
Ellos se fueron en un accidente. Pero me visitan cada día que llueve, y me observan por la ventana, golpeando el cristal, diciéndome: Miguel, coge tu silla de ruedas, ánimo y sigue adelante.

ABR.68. POR LLENAR, de Carmen Martínez

Llueve a jarrazos, como si el cielo descargase toda el agua acumulada en un amago de remediar la escasez de esta tierra  seca, como si el firmamento gris quisiera venirse abajo de una sola vez.
       En un coche con el limpiaparabrisas a máxima velocidad para poder ver la carretera, hablan de forma tranquila y serena una madre y un hijo, de todo un poco, de cosas de ayer cuando vivían en otra ciudad o de lo que surge durante el trayecto. Dialogan con la fluidez de la cercanía. Esos momentos que tanto  se echan de menos. Hoy es el día que empieza una nueva historia en proyecto.
       Al llegar al destino todavía llueve; abren el paraguas y entran juntos por el pasillo empedrado de un jardín que florece. El hijo le va explicando los pormenores: la cocina, el baño, las habitaciones, el salón… “Todo está por llenar.” Mientras, la madre lo observa y con la mirada hace un repaso ligero.  “Vosotros llenaréis este escenario… que trajo la lluvia”.

 http://aymaricarmen.blogspot.com/

ABR.67. SI LLUEVE, NO CONFUNDAS, de Irene Pastor

Siempre habrá alguien que lo considere un castigo injusto o desmesurado, pero se lo advertí mil veces, se lo dije en activa y pasiva, se lo pedí de todas las formas, entonaciones y maneras que supe, hasta el agotamiento… si llueve, Manolo, límpiate bien los pies en la alfombra de la entrada porque me manchas de barro el gres del pasillo… 
Era una simple norma de convivencia, una estúpida costumbre que una y otra vez terminaba con la peregrina disculpa de “ya sabes, es que yo soy así de distraído”… 
Hoy me salto yo la norma… he puesto perdido el gres, y hay salpicones hasta en el zócalo de castaño, pero la sangre sale mucho mejor, dónde va a parar…

ABR.66.LA DANZA, de Belén Molina

Todos los días los pasaba hablando de temas que no le interesaban mientras lavaba el pelo a los clientes. Sus dedos bailaban bajo el chorro de agua, antes de lanzarse a frotar los cueros cabelludos.
  Llegó con la lluvia la fotografía mojada de un velero. La secó y la guardó con cuidado. Deseaba cambiar el escenario de la danza de sus dedos y sería todo su cuerpo el que bailaría con el agua.
  Una mañana, sus manos se detuvieron en el lavado de una melena y enseñó la foto del velero, ya ajada. Se quitó el delantal y se fue en busca de aquel barco que trajo la lluvia.

ABR.65. LO TRAJO LA LLUVIA, de Julio Olmos

Lo trajo la lluvia. Esta lluvia dulce, blanda y redonda que viste de lentejuelas los campos cuando saluda el sol entre dragones de algodón… Lo trajo la lluvia. Esa lluvia incolora que suspendida levanta puentes irisados e intangibles… Lo trajo la lluvia. Aquella lluvia que estampa con formas y colores la primavera.

El ruido, el estruendo… los trajo la lluvia… Aquellas lluvias que se llevaron la paz.
El miedo, el insomnio… los trajo la lluvia… Esas lluvias que mataron el amor.
El vacío, el abandono… los trajo la lluvia… Estas lluvias que borraron toda vida.

Después… desolación y silencio. Más tarde un perpetuo comienzo.

Lo trajo la lluvia.