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Despertó con las primeras luces del amanecer. Hacía mucho tiempo que no se encontraba tan bien, tanto, que fue el primero en asearse y vestirse. El primero en acabar el desayuno que nunca era de su agrado, y negaba a comerse la mayoría de las veces. El resto, conocedor del mal humor cuando no mutismo que le caracterizaban, le miraban con desconcierto sin acabar de entender aquella transformación, y esperando un desenlace más trágico que feliz.
Él, ajeno a esas inquietudes, recogió la bolsa que había preparado la noche anterior con esmero, dio un repaso al contenido comprobando sus nuevos cuadernos, los lápices de punta afilada y demás útiles, se la echó al hombro y emprendió el camino para iniciar el primer día de escuela.
Sólo que al poner un pie en la calle, sintió una mano en el hombro y una cara que le resultaba vagamente familiar le conminó a volver al geriátrico.
Octubre de 1875, Orejo, hogar de mis bisabuelos Castanedo-Agüero.
Virginia, en su octava falta, sentía las pataditas de mi abuela Florentina.
Aquella tarde de mortecino sol otoñal, una calesa paró frente a la casa familiar. De ella se apeó un larguirucho personaje ensombrerado. Acarreaba maletín, estampado con el escudo real, acreditándose así como médico de la Corte.
—Virginia, desnúdese de medio cuerpo, tenga la bondad.
Aplicó la trompetilla sobre espalda y pecho, no apreciando rumores que indicasen tisis. Examinó y palpó los pechos encontrándolos firmes y de buen color; no se apreciaron grietas, ni estrías, ni pústulas; los “caños” bien marcados, sin riesgo de “pelo-teta”. No sería necesario “hacer los pezones”, al uso, con un dedal sin fondo.
Las referencias morales de familia, ya fueron proporcionadas por el párroco beneficiado del pueblo.
Virginia quedó “nominada” como “ama de retén” de vástagos reales.
A primeros de noviembre nació mi abuela y a finales el que fuera Alfonso XII.
La legendaria María Gómez, de Vega de Pas, fue llamada a Palacio.
La calesa no volvió.
Mi prima Tere, la de Llerana de Saro, dice que a la romería de Valvanuz, frente al museo del Ama-de-Cría, va poca gente, pero pasiegos, a montones.
¿Cómo y Cuándo? Se preguntaban, conectamos todo, prepárenla. Hoy es el día, la bomba ha estallado, tenemos que actuar, oye las voces. Está sentada, sin destino fijo sus ojos azules se refugiaban en el mar intenso, rodeándola, casi abrazándola, su brisa me tocaba con su roció, la luz brillaba y con violenta fuerza, revoloteando, demostró su enojo a mi ser, estaba estática en cero, ¿porque repetía? De repente, tocan con tal volumen, retumbo un colapso de emociones en mis entrañas, y decían, ¡Esta y no esta!, sus sentidos invisibles, carentes de gran luz con un voltaje que no llegaba, ya lo hemos tocado no existe, de prisa el tiempo invadió su cuerpo, no hay signos, pero existe un corazón que desea llorar tanto, quiere formar una gran cascada para penetrar todo su ser, que tan ansioso lo espera para brindarle el huracán de vida reposado.
¡Conectemos ha regresado! Escucho, ¡Aprendió a oír!, lo ha logrado, las voces que corren son ráfagas de circuitos, prendió el combustible que podría traerlo, ¡su hijo! se ha convertido en una represa energética llevada con corrientes rápidas como la estrella fugaz, se convirtió en su universo, despertó, mi querida Madre del coma eterno…
-Yo volvo; tu volves; él volve… ¡No! ¡¿Cómo puede ser que todavía no sepas conjugar!?- Increpaba de manera iracunda la maestra a su alumno Rodolfo. -Volver es un verbo irregular, como tener, venir o jugar-. Sentenció.
-Jugar- pensaba el niño,- eso mismo me gustaría hacer ahora-.
El día de clases terminó y con él, la extenuante experiencia para Rodolfo. Todo indicaba que sus notas no serían buenas y que de seguir así, repetiría el curso; pero ese misterio a la vez extenso y corto que es el destino, hizo que la docente pidiera licencia; que viniera otra cuyas principales virtudes fueron el amor a la educación y la paciencia a los pequeños; que Rodolfo aprobara el año; que culminara los estudios; que se graduara de maestro y que por concurso de oposición empezara a trabajar en su antigua escuela.
Hablar de lo que a uno le aqueja, superarlo y regresar para empezar de nuevo… ¡ésas sí que son las vueltas de la vida!
Parto de un lugar oscuro y frío que me lleva sangrando hasta el infinito y es por el camino que sus bifurcaciones se multiplican hasta lo sempiterno también unas veces sangrando otras llorando ya que todo es multicolor, incierto y desesperado. Los mares se repiten pero las olas no, todo es azul o verde o gris porque todo es azul o verde o gris. Miro hacia delante y veo la foto de mi primera comunión en la que mi cabello brilla retorciéndose como oro, aunque no reconozco las cunetas de la carretera. Dicen que son mis hijos pero yo no los encuentro, solo rocas que debo escalar si quiero perderme enésimamente todos esos ojos que parece que me observan similares a túneles llenos de lágrimas como cristales. El miedo se ovilla a mi alrededor y la pena parece extraída de un pozo con brocal inmenso. Es posible que si camino infinitamente encuentre alguno de esos otros infinitos pero no puedo distinguir las voces apabullantes que me guían. Parece que lo único que deseo es perderme, perder todo, incluso mis referencias y hallar el mismo punto oscuro que perdí. Doctor adúleme, digo, ayúdeme, con ye de rey de Ítaca.
Cuarenta años después, cada rincón de Casares es un escenario vivo de mi pasado. La tienda de Miguel -ya en ruinas- que presumía de vender jabón de lagarto y chorizo de león; el balcón de Marita, cumbre de mi deseo juvenil; el banco de piedra que señalaba la parada del autobús, desde donde escapé con mi amigo Vicen para conocer el estadio Bernabeu y conseguir una foto con Zárraga que perdimos poco después.
Durante años mantuve el deseo recurrente de encontrar nuestro particular tesoro, cuyo objeto más valioso era el crucifijo de plata que le robamos a Sor María con toda la intención de cambiarle el destino. Inesperadamente, apareció donde lo dejamos, bajo la piedra plana del muro de Las Albricias. Era evidente que Vicen lo había revisado antes de morir.
Aún se conservaba, ya amarillo, nuestro “pacto de amistad eterna”, una cajetilla intacta de Peninsulares, tres estampas de mujeres desnudas y un inesperado sobre que, en el exterior, explicaba la ausencia de la joya.
“Sor María ha muerto. No creo que mereciera el infierno. Meteré el crucifijo en su ataúd, pero repongo el valor de nuestro tesoro”
Abrí el sobre y allí estábamos los tres: Zárraga, Vicen y yo.
Se nos acabó el bicherío de agosto…
El blog ha vuelto a mantener una vida que no para de sorprendernos. Las vacaciones veraniegas de agosto no han impedido que volvamos a superar las 58 000 páginas vistas, que hayamos recibido 167 relatos, y que pese a las complicaciones que ha supuesto el registro de usuarios para los comentarios hayamos vuelto a rondar los 4000 en este mes. Vuestro interés es la mejor motivación para continuar esta aventura…
Tampoco se ha tomado vacaciones nuestro jurado. Rosa Molina, Mercedes Jiménez, Francesc Barbera, Javier Sánchez Campos y el que suscribe llevamos todo el mes haciendo nuestra primera selección particular, y me consta que vamos a tener que trabajar mucho para llegar al acuerdo final.
El universo de los insectos ha sido favorablemente motivador. El surrealismo kafkiano y la preciosa portada que nos preparó Eva, han ayudado a inspirar un desconocido y extraño escenario en el que ha ido aflorando la genetica más instintiva de la animalidad humana.
No hay duda de que lo más triste de este mes ha sido leer que el mes de septiembre va a suponer tener que renunciar a la participación de gente a la que admiramos y queremos. Tengo tres nombres en la memoria ahora mismo y los tres son de gente que, si definitivamente se marchan, van a dejar un hueco grande en este espacio. Para ell@s… lo primero agradeceros mucho vuestra ilusión y vuestro esfuerzo, desearos lo mejor, y confesaros la frustración que nos supone no haber servido de motivación suficiente para que continuéis.
Como decía alguien en un comentario, el tema del mes próximo no puede ser más oportuno para vuestra marcha: no creo exagerar en absoluto si os digo que será una gran alegría para tod@s si algún día tomáis la decisión de …»volver»
Por aquí… seguimos comenzando…
Primer dia en su nueva casa, después de abandonar a su madre y sus hermanos en el asqueroso cuchitril al que llamaban hogar, el mísero agujero donde había nacido. Ella nunca se había conformado con el triste papel que el destino parecía haberle asignado; siempre, desde muy pequeña, aspiró a situarse por encima de la mayoría y gozar del lujo y la buena vida: muebles de caoba y nogal, suelos de parquet con calefacción de hilo radiante, comida de los supermercados más caros y exclusivos… Ahora, tras una larga, peligrosa y agotadora travesía, había alcanzado su sueño, y estaba dispuesta a disfrutarlo.
Un exquisito aroma proveniente de la cocina hizo que saliera con decisión. Oyó pasos y un grito de pánico. Detectó movimiento con sus antenas y miró hacia arriba. A pesar de que sabía que era el final, no pudo evitar una oleada de satisfacción cuando vió, grabada en la suela del zapato que iba a despanzurrarla, la elegante firma de Manolo Blahnik.
Terminadas las patatas fritas, me disponía a zampar la yema del huevo que había dejado para el final. La aplasté sin piedad con un trozo de pan que iba directo a mi boca cuando las vi flotar en el líquido amarillo. Llamé al camarero y le señalé el plato, miró nervioso de un lado a otro y dijo entre dientes: ─Cómaselas, se lo suplico, no me comprometa─
Me debatía entre la incredulidad y la indignación cuando salió el cocinero: ─Cómaselas, por Dios, que nos van a cortar el cuello─
Tiré con enfado la servilleta sobre la mesa y me levanté, en décimas de segundo las dos hermosas moscas negras desaparecieron del plato, el camarero se comió una y el cocinero la otra mientras el dueño del restaurante se acercaba a la mesa: ─¿Algún problema,Señor?─
Me quedé sin palabras, pagué la comida, me acompañó a la puerta sin perderme de vista con sus ojos negros y saltones y me despidió cordialmente propinándome unas palmaditas en la espalda con sus patas.
No sé el tiempo que llevo encerrada entre las pegajosas paredes de esta botella de Coca Cola.
Ahí afuera están ellos. Él se llama César. A ella no la conozco. Llevan largo rato sentados, en silencio, mirándome fijamente sin apenas cambiar de postura. Cualquiera diría que soy lo más interesante que han visto desde hace mucho tiempo. Pero no saben el riesgo que corren teniéndome tan cerca.
La única esperanza de alcanzar mi objetivo está en el cielo. Ese cielo que por momentos se va cuajando de plomizas nubes, augurando tormenta. Igual que aquella tarde y en esta misma terraza, César y yo, entre risas y miradas llenas de complicidad, jugábamos con una pequeña abeja cautiva en una botella de Coca Cola. Justo habían comenzado a caer las primeras gotas de lluvia y a sonar los primeros truenos, cuando un rayo impactó sobre mí fulminándome, al mismo tiempo que hacía estallar la botella de Coca Cola. Lo que nadie sabe es que mi espíritu tomó cuerpo en aquella pequeña abeja y en ella vivo desde entonces. Y aquí estoy, esperando que un nuevo rayo alcance a Cesar e impacte en la botella de Coca Cola uniendo nuestros espíritus para siempre.
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