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-Preferiría no hacerlo-. Dijo ella en voz baja.
-¿Pero por qué no? Si la ocasión no podría ser mejor. Exclamó él con contundencia.
-Lo que ocurre es que tengo miedo de que nos descubran, además tampoco estoy segura de si es lo que realmente conviene-.
-¡Claro que sí! Esto es lo que has estado buscando desde hace meses, es lo que hemos esperado desde hace mucho. Son sólo los nervios de la primera vez, luego pasa y uno se acostumbra, te lo digo por experiencia. ¡Vamos! ¡Será genial!
-De acuerdo, pero con cuidado y recordando siempre las precauciones que deben tomarse en estos casos-.
-Por supuesto- ¡Adelante y tranquila! Que sólo tendremos una conducta tan vieja como la Humanidad.
A la semana siguiente, la prensa develó un escándalo de corrupción en el Parlamento: el presidente de la bancada oficialista junto a la principal representante de la oposición, habrían sido sobornados para darle trámite favorable a una ley.
Están a punto de conocerse, pero, antes incluso de estar frente a frente, ya se escudriñan de arriba abajo.
– Tengo que caerle bien, que la primera impresión es muy importante, ¿le gustaré?. Parece mona, aunque ya veremos si de cerca…. Uy, se parece un poco a la otra, la lagarta, un día más y a la ruina. Preferiría no hacerlo pero esta misma noche la invito a casa, a cenar, tendré que averiguar qué persigue esta también y la clase de valores que le inculcaron sus padres! Tendré que investigar incluso su plato preferido, si Ribera o Rioja…
-Seguro que no le gusto, jo, qué miradas, me está taladrando. ¡Si ya me lo habían advertido!. Empezaré a buscar mañana mismo. Preferiría no hacerlo pero, tendrá que ser lejos de su preciosa casa, ¡qué digo!, en otra ciudad. Al principio, con una vez al mes, será más que suficiente. Más tarde, una en Navidad y otra en Semana Santa, que yo estaré ocupadísima criando a mis…. tres hijos, sí, con tres de sobra… ¿Le llegará la pensión a esta vieja para pagarse esa que acaban de abrir en Zamora?
Preferiría no hacerlo, pero en cuanto pongo la música y el agua tibia empieza a caer sobre mi cabeza, sé que terminaré como siempre. El jabón me va llenando de espuma el cuerpo y la suavidad de mis manos sobre él, hace que mis terminaciones nerviosas despierten. Me recuesto en las baldosas y dejo que el agua dibuje surcos, que el chorro en los pezones me los erice y me demoro en ellos pues me conozco muy bien y sé lo que me gusta.
Con las manos arrugadas, mojadas y enjabonadas, me dedico a recorrer los recovecos, los pliegues y el ansia y el deseo se precipita en un jadeo silencioso, mío, secreto, siento que mis dedos se deslizan por el muslo arriba y abajo, rodean la ingle y se quedan un rato y vuelta a empezar.
“Je t’aime moi non plus”, está a punto de terminar, la música inicia un crescendo, la voz de Gainsbourg se acalla, silencio de voces, roto por los susurros de la Birkin que entran en mi seso, llegan a mi sexo y acabo con ella.
La vela titila, como yo y me siento en el borde. Me enfada mi debilidad, preferiría no hacerlo.
La apoplejía apenas me dejó movilidad para desplazarme y el uso aceptable del brazo derecho. Por eso paso las tardes en la ventana, entretenido con las carreras de mi viejo Ron y Laki, el foxterrier del vecino, cuando le abro la puerta para que escape. Esta tarde le noto cansado. Tras unos minutos de zigzags entre los setos del jardín saltan a la calle. Laki cruza disparada y Ron tiene la mala fortuna de hacerlo al paso de un furgón.
Estoy solo. Mamen ha vuelto a salir. La emoción traba aún más mi paso. Ron tiene astilladas las patas, un paquete de vísceras asomando y el morro quebrado y desfigurado. Muestra un estertor débil y un quejido agudo que me es fácil interpretar.
Hubiera preferido albergar la confianza de que allí resta algo de vida, poder recoger sus pedazos y trasladarlo hasta quien pudiera recomponerlo, pero solo siento la urgencia por acabar cuanto antes.
Rebusco en el garaje alguna herramienta contundente, pero sólo me siento con fuerzas para manejar un pequeño mazo.
Salgo a la calle con una punzada insoportable en la cabeza, y la intensa sensación de que llega el momento de atender a la angustia de mi propia existencia.
Tal vez la obra más completa de Melville sea su impresionante Moby Dyck (por eso vamos a aprovechar la ballenita en el grafismo de la inspiración), pero casi sin quererlo, Melville nos dejó un relato que está considerado como una de las mejores obras del género corto de todos los tiempos: Bartleby el escribiente.
La obra homenajeada es desconocida para mucha gente, pero no he conocido a nadie del ámbito literario que haya quedado indiferente ante este Bartleby. Un personaje fuera de lo común que «inventó» la resistencia pasiva, desmontando todos los esquemas de una sociedad en la que el sacrificio y el progreso no tienen rival alguno, y su renuncia es absolutamente descabellado. También es ese relato en el que podemos leer que la honestidad como principio puede terminar destruyéndonos y que solo la hipocresía «controlada» permite la convivencia. Entre la lastima y la pena, entre la cobardía y la más particular valentía, entre el surrealismo y la denuncia social… Bartleby es todo un personaje, y tal vez la mayor demostración sea el proceso por el que atraviesa el narrador en su trato con el personaje: admiración, desesperación, lástima, rabia…
Es un buen momento para releerlo, es corto, y aquí abajo os dejamos una copia gratis…
Me han pedido que os mandara una copia a cada uno, pero yo… preferiría no hacerlo…
Algún apunte del autor, Heman Melville
El relato de Bartleby completo
Una interesante reseña de las 1000 posibles
Una revista literaria curiosa, PNH (colaboran autores de ENTC)
Dicen que los que habitamos al otro lado de los espejos de la estación, en el descampado, venimos al mundo con la nada entre los pies y que empezamos a patearla antes incluso de gatear. ¡Languideces!
En estos suburbios todos sabemos que los muertos también disputan su propio campeonato, agrupados en cuadrillas formidables que coserían a goles al mejor equipo del mundo.
Los domingos nos reunimos en el apeadero fantasma, los transistores a todo volumen, y esnifamos cola en bolsas, deliramos y seguimos el devenir de la jornada como si en ello nos fuese la vida.
Entre los camaradas hay un par de locos que sueñan con estudiar. Con terminar la primaria y largarse de aquí. Pero la mayoría conoce bien su sitio. Entrenamos día y noche para ser las mejores estrellas de esa otra liga, la más potente del planeta, y que casi nadie conoce fuera del descampado.
En la columna blanca de la pared de la entrada de su casa, estaban colgados siete espejos de tamaño pequeño. Cada uno reflejaba el estado anímico de su azarosa vida. Cada mañana, antes de salir de su casa, su estado anímico se veía reflejado en alguno de ellos.
El espejo triangular le auguraba una mañana encasillada, el romboide le decía cuán desbaratado iba a ser el día que iniciaba. El espejo rectangular le demostraba lo obsesivo de su persona, mientras que el cuadrado le demostraba que su día iba a estar pleno de ofuscaciones.
Si el espejo que brillaba esa mañana era el de forma circular, entonces estaba algo más cercano a un día interminable y más próximo a una flexibilidad acorde a sus expectativas de vida.
Se ponía nervioso si el espejo que se iluminaba era el de forma pentagonal, ese obviaba el rencor y la maledicencia. No entraba en sus intereses personales.
Esa mañana, antes de abrir la puerta de su casa para dirigirse a su trabajo, se le iluminó su cara. El espejo ovalado de líneas suaves y circulares le indicaba, taxativamente, que se moviera con tolerancia, la misma que había escogido para deambular por la vida.
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Todos dicen que tengo mucha imaginación, no me creen cuando les digo que he encontrado el sendero al país donde ahora vive. Me miran con cara de pena y siempre comentan lo mismo: «pobrecita, está obsesionada» Ya estoy cansada, por eso he decidido traer a Alicia de vuelta. Así papá y mamá dejaran de llorar y la abuela no me reñirá más por decir que a través del espejo hay un camino para llegar hasta mi hermana. Todos los días mientras me peino alcanzo a ver, entre las brumas que la envuelven, su reflejo. He tardado en tomar la decisión de buscarla al observar sus manos extendidas hacia mí en un gesto ansioso, imagino que deseosas por abrazarme. Procuraré tener cuidado, tiene las uñas muy largas.
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