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En el espejo se miraba y se volvía a mirar pero no se quería tanto como cuando se veía en las fotos. La foto servía de momento especial para él, se veía como otra persona y la quería, añadía indulgencia en su juicio. Pero en el espejo, no. Allí se miraba implacable, encontraba todos los defectos, todo lo que se podía apurar y añadir a una nueva crítica.
-¡Eh! -dijo la imagen del espejo -perdóname algo, sé indulgente conmigo.
Sí, quizá la imagen tenía razón pero… (siempre otro pero).
-Pero, ¿qué hay del reto que nos propusimos ayer? ¿Qué hay de esa idea que se me ocurrió aquí mientras me afeitaba? Qué hay de todo eso, cuando todo parecía tan bonito, tan ideal, y luego todo se volvió negro -le preguntó al pobre espejo.
-No sé, pero recuerda que yo soy tu amigo, confía en mí. La foto es siempre el mundo perfecto, aquél al que tú te quieres acercar. Pero yo siempre estoy contigo, en cada momento en que respires. Tú confía en mí, como yo confío en ti.
En la cortina de mi cuarto vive mi amigo viento; lo invité a leer; nos divertiríamos. La primera página la ocupaba un espejo plateado; decidimos besarlo; cuando se empañó surgió otro más bonito; recordaba uno, muy brillante; como recién limpiado, que rompí a mamá al mudarnos.
Lo frotamos con la lengua y cambio. Según hicieran nuestras manos y mis guantes, sus brillos galopaban; ¡oscureciendo la habitación aparecían dibujos la mar de bonitos!
Nuestros dedos, entretenidos en él, hacían surgir escaparates, gotas de lluvia, y cielos estrellados; ¡contamos tantas estrellas que nos fatigaron los ojos! Entonces hicimos trampas. Viento es mago. Estrenó juegos de magia ocultándose las manos entre las sábanas. Ocurrían cosas preciosas cuando resolvimos mirar detrás del espejo ¡sorpresa! Alguien como papá, ¡contaba el cuento de memoria!
Viento y yo apostamos para que se trasformara. Probamos, un poquito, acariciándolo con mi flor, ¡¡¡Se volvió bosque!!! Le echamos vaho, nos gusta meter la nariz entre la niebla, y sin querer lamimos una esquina; ahí cantaba un duendecillo del cuento con la voz de papa; despacio, bajito, y ¡muchas veces! “I si sta niña, viento y espejo cierran sus ojitos, y se dan las manos”.
No nos gustaba esa canción…
De boca a oídos vertían el secreto de la renuncia del abad al monasterio: “Se marcha a la Fuente Lupressi en busca de los huesos de ¡una mujer!”.
Partió de la abadía a lomos de un jamelgo. Con una pala y el sayal roto, como dos alas abiertas, sobre la vieja armadura del aparador de exvotos. Durante el trayecto, el monje reflexionaba sobre su deber de darle descanso a aquella alma que a las puertas de sus sueños suplicaba: “Sálvame, ayúdame”, mientras las volutas femeninas del cuerpo etéreo eran envueltas por los anillos de una serpiente.
La serpiente de la Fuente Lupressi, y desenvainó su “arma”.
Con la pala se abrió camino por las venas del manantial que alimentaban el corazón del monstruo, y con una plegaria oculta entre sus labios extrajo el agua de la monstruosa víscera. Sin latidos de agua, un lecho seco donde el sacerdote no pudo hallar los restos humanos para darles santa sepultura. Solo un espejo; en el dorso agrietado, caracteres antiguos: “El pasaje hacia el alma de una mujer”. Y dentro, el reflejo de una doncella que apenas le dio el sol, se evaporó sin poder revelar su historia al monje.
Como todas las mañanas, salgo de la habitación a todo correr, pero hoy encuentro una mirada taladrándome que me hace parar en seco. Retrocedo sin perder de vista ese par de ojos y me acerco muy despacio, con la cabeza agachada por precaución -no vaya a ser violento el dueño de esos ojos- pero adelantada por si hay que actuar con rapidez. Estoy a menos de un palmo de esa cara, podría husmearla pero no percibo olor alguno. La palpo y su tacto es tan frío como irreal e intensa la mirada, parecen venir de otro mundo.
Me acerco, se acerca; alzo la frente, la alza; me alejo, se aleja; aúllo, responde el silencio. Miro, olfateo y rozo desafiante pero no hay respuesta, así que lanzo un sonoro ladrido para que ése sepa que me aburre. Alzo la cabeza y me voy muy ufano por haber dominado tan bien al del otro lado.
Estiró las facciones con los dedos índice y corazón unidos, una mano a cada lado. Observó como, en el reflejo que el espejo le devolvía, desaparecían las arrugas y la piel quedaba tersa, natural. Esta era perfecta. Por fin había encontrado lo que buscaba. Desde que salió de la unidad de quemados del hospital hace dos años, era la mas parecida a su antiguo rostro. El fuego había hecho bien su trabajo, pero la cabezonería era una de sus virtudes y pudo más que el desánimo que le sobrevino después de aquel desgraciado accidente.
Luis retiró satisfecho y con cuidado la piel que cubría su desfigurada cara y la dejó a un lado hasta comenzar con el trabajo de conservación. Limpió las marcas de sangre que salpicaban su cara y se puso los guantes. Ahora, como tantas otras veces, tenía que eliminar los restos del cadaver.
El verano viene lluvioso y no me fío de los rayos UVA. Menos mal que con este bronceador sin sol, dentro de unas semanas luciré un moreno impresionante. Y si no funciona aplicado directamente sobre mi piel, lo utilizaré como hago con la crema antiarrugas: cada noche, con una gamuza, extiendo una pequeña cantidad en el espejo del baño. El resultado es fabuloso.
Ella ha quedado tumbada encima de la cama como una muñeca rota .
Él silbando entra en el baño, y frota las manos dejando correr el agua del grifo mientras mira cómo desaparecen por el sumidero los restos de sangre .
Se mira satisfecho en el espejo, saca del cajón sus útiles para afeitarse ya que ha quedado con sus amigos para pasar la noche del viernes de bar en bar.
Cada cierto tiempo debe limpiar el vaho del espejo que se forma por el vapor de agua.
La tercera vez que lo hace nota algo raro, se siente feliz pero no lo aprecia en su reflejo.
Frota con ahínco la toalla , sólo puede ver un rostro serio y enfadado.
Maldice… y antes de darse cuenta su propia imagen le da una bofetada que le parte la cara en dos.
Sin haberlo sospecharlo siquiera , el monstruo tiene conciencia.
Pusimos en marcha a nuestros «bestiardos» (amigos de ENTC que no hubieran presentado microbestia) y ya han cumplido su misión. De las primeras 9 invitaciones fueron aceptadas 7… y esos han sido los votantes. Muchas gracias a tod@s ell@s. Yo (ya me lo preguntaron…) no he formado parte del jurado (… y se nota porque he vuelto a conseguir el 0 más absoluto ja ja ja) Han votado los cuentos sin ningún criterio preestablecido ni condición, como les ha parecido libremente.
Probarán la dulzura del éxito…
66631 LA LEVEDAD DE LA PUREZA, de Raquel Ferrero
66667 RITOS, de Antonia García Lago
Y estuvieron cerca de coneguirlo…
66629 CONSCIENCIA, de Esther Cuesta
66632 PARTO 666, de Juan H. García Ceballos
66637 UNA HISTORIA VULGAR, de Nieves Martínez
66638 EL BEBE DE LUZBEL, de Patricia Mejías
66611. LA SEMILLA DEL DIABLO, de Arantza Portabales
66627 AMANECIA, de Asunción Buendía
66640 HULKA, de Sergio Cambrils
66645 FE CIEGA, de Javier Palanca
66642 AUDIENCIA BESTIAL, de Tíndaro del Val
66650 EL INTERIOR DEL SOBRE, de Mercedes Jiménez
66652 SOLO EN CASA, de Fernando Martínez
66663 FLORES PARA MI DEMONIO AZUL, de Purificación Menaya
Gracias a tod@s por vuestra participación, gracias a tod@s por vuestra comprensión y por haber mantenido el anonimato y haber hecho de esta propuesta improvisada una buena ocasión para divertirse.
Finalmente, muchas gracias a Sergio Cambrils por su maravillosa ilustración, ha sido, sin duda, una magnífica inspiración.
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