Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

FE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en LA FE

Bienvenid@s a ENTC 2026 Comenzamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto de FE en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
14 de FEBRERO

Relatos

UN LIBRO POR UN LIBRO… EN ABRIL

Le ha costado mucho trabajito decidirse este mes, pero finalmente, Marta Calderón, desde su librería SANCHO PANZA en Cabezón de la Sal, mantiene su colaboración ofreciendo un libro como regalo (que se podrá elegir entre tres títulos cercanos a la obra homenajeada) a uno de los relatos del mes anterior que cumplan esa condición.

De todos los que hacían un homenaje directo a la obra del Quijote, 
el relato que será destinatario de esta mención del mes de ABRIL es 

ABR81. DON QUIJOTE EN LA BIBLIOTECA, de Juana Mª I…

También nos hace llegar la lista de los relatos entre los que decidió finalmente. 

ABR24. ELOGIO DE LA LOCURA, de Ana de UráN
ABR44. NOMBRE DE CABALLERO, de Paz Alvar
ABR76. EN LONTANANZA, de Héctor Hernández
ABR78. QUE TRATA DEL DESCUIDO DE SANCHO Y DE SU PO…
ABR96. EPÍLOGO, de Beatriz Carilla Egido
ABR104. DUELOS Y QUEBRANTOS, de Mei Morán
ABR124. DON ANSELMO Y SANCHO, de María Sergia Mart…
ABR138. PERDIDO ENTRE HOJAS, de Antonia Garcia Lag…

Gracias a tod@s.

MAY124. LA PRINCESA ILUSIONADA, de Yolanda Muñoz Martinez

Fue inesperado, toda una sorpresa para la preciosa princesa, sentada en el parque bordando Una bonita mariposa de varios colores. Apareció él, todo un caballero medieval montado en su caballo. Sus miradas se cruzaron, aunque ninguno de ellos dijo nada. El siguió su camino con paso tranquilo, ella recogió todos sus hilos de colores, y marcho a palacio. Una gran tormenta se desató, la nubes se pusieron muy negras, algún rayo que otro se iluminaba en el cielo, ella miraba desde la ventana, cuando volvió a ver de nuevo a lo lejos al caballero. Sus pensamientos revolotearon como parajillos encima de su cabeza, tenía dudas, no sabía nada de él, y tampoco sabía porque pensaba en él. Pasaron los días, y se volvieron a ver. Aquel mercadillo medieval los volvió a juntar. La princesa se acercó a ver lápices de colores, y allí estaba el “su caballero” El mismo se los mostró, e incluso se los regaló. Ella ruborizada, no sabía porque, el –Dijo, sé que los utilizara, sabiendo que yo te los regalé. La princesa en ese mismo momento, supo las dudas de sus pensamientos. Sintiendo en su estómago la mariposa, que ella misma aquella tarde bordo.

MAY123 LA PRINCESA DE LABIOS APAGADOS, de Calamanda Nevado Cerro

Aún no había anochecido cuando Irene decidió no dejar de sentirse princesa. Estremeciéndose le descubrió que no la tendría más; ni sería la reina de su casa; suspirosa le devolvió la llave. y recitó…

—No necesito tu coche gris plata, tampoco este triste apartamento de mármol vigilado por ti. Deseo sentir el reflejo del sol, aguardar el metro, y encontrarme con mis amigos. Cerrada la puerta, buscó la proximidad de sus padres para contarles. 
—Me disgusta su parecer y como me exhibe ¿Decidme, debo querer un hombre así? 
—Calla, calla, cielo—, dijo su madre querida, —él te ama.
— ¿Pensáis alguna vez qué hago con mi vida; cómo se marchita mi juventud? Podéis ver que no río.
Y parlanchina su mamá le habló de cosas banales, viajes, diamantes, perlas, y cruceros sobre el mar; con ese estribillo se alejó hasta la cocina ¡Ay!, antaño la pobre princesa fue prisionera de esta adorada carcelera, más brillante que ella, de la que intentó volar. Envuelta en pena, sostuvo su desencantado clamor… 
—Si aceptará mis limitaciones, y me amara papá; pero es un pavo real; no es mi príncipe, solo desea ser mi soberano. Su padre encendido por sus circunstancias si la abrazó.

MAY122. LA CELDA, de Tíndaro del Val

Fue todo demasiado típico, como el guión de una película que ya has visto. Nos conocimos hace hoy veinte años, cuando él paró su motocicleta en el arcén de la autovía. Le dije que no sabía cambiar la rueda y me ayudó. Tenía unos ojos preciosos. Yo ese mismo día estrenaba vestido y acababa de cortarme el pelo, pero no se lo conté. Me invitó a cenar y me enamoré. Nos casamos al cabo de unos meses. Vivimos en una casa grande, para los niños casi un castillo. Con el tiempo he descubierto que tiene celdas que nadie más conoce. Cada aniversario me encierro en una de ellas y, envuelta en un ovillo de remordimiento, lloro en silencio. Me siento una farsante, una intrusa del destino. No soy la princesa de ningún cuento. Sigo siendo la misma chica que cambió de nombre hace ya veinte años. La que no paraba de temblar al ver al policía pararse junto a mi coche. Y mi cuento se difuma cada vez que imagino a mi marido llevando su mano a la culata de la pistola, mientras me pregunta qué hay debajo de la manchada lona del maletero.

GRACIAS POR LLEVAR ENTC A LA MICROQUEDADA DE MADRID

LÍNEA DELANTERA: Xavier Blanco, David Vivancos, Esperanza Temprano, Maria Jose Abia, Raúl Ariza, Mercedes Daza, Nacho Rubio, Mar González, Mei Morán, Esther Nievas. LINEA DE ATRÁS: Fernando Martínez, Mónica Sempere, Jose Luís Puntas, Paloma Hidalgo, Rubén Rojas, Javier Ximens, Elena Casero, Helga Martínez, Marta López (Claudia Ravello), Miguel Ángel Page, Amparo Martínez, Elisa Bryoa, Miguelángel Flores, Fortunata Pérez, Purificación Menaya y Belén Molina… y los que estaban con el cigarrillo o en amistosa charla
CLICKAD LA FOTO PARA VERLA MEJOR
Tengo que reconocer que ayer por la noche viví uno de los momentos más emocionantes de este proyecto al encontrarme esta foto. Siempre intento recordar que detrás de cada «nombre del participante» hay una persona en carne y alma: la frialdad del teclado, a veces, nos lleva a olvidarlo. ENTC comenzó siendo un concurso de relatos, pero cada día se va asentando como una reunión de apasionados por la lectura y la escritura, con todo lo magnífico y lo complejo que eso supone.
No me enrollaré más. Queríamos estar en esa Microquedada de Madrid para poder encarnar muchos de esos cachitos que formáis ENTC (me lo impidió un compromiso anterior que no fui capaz de desmontar) pero ese espíritu común tomó forma en el momento de esta foto. El gesto de hacernos presentes en la distancia es un enorme orgullo y un gran estímulo para mantener la faena diaria. 
Muchas gracias a todas, a todos un abrazo muy grande.
(me váis a tener que ayudar a poner los nombres en su sitio porque no os conozco y por las pistas de facebook no he conseguido cuadrar a todo al personal)

MAY121. ÚLTIMAS CORTESÍAS, de Gabriel Bevilaqua

El hombre arrojó una palada de tierra y recién entonces se dio cuenta de que la mujer conservaba los ojos abiertos. Sin pensarlo, clavó la pala en el suelo y descendió al pozo. Una, dos, tres veces, pasó su mano derecha por aquellos ojos que, en otras tantas ocasiones, volvieron a abrirse. Bufó. Durante veinte años ella nunca le había dado el brazo a torcer, y pese a las limitaciones de su nueva circunstancia, parecía dispuesta a seguir con su costumbre. El hombre, incapaz de resignarse a esta última derrota por pequeña que fuese, salió de la fosa raudamente. Tras desordenar media casa, regresó con el pegamento que su mujer le había encargado comprar. Leyó el prospecto, le cerró los ojos y, manteniéndolos apretados, los colmó de adhesivo. Cinco minutos después, al retirar la mano, la mujer volvió a abrir los ojos con el añadido de que se clavaron, viva e intensamente, en los suyos. El hombre profirió un alarido al tiempo que una palada de tierra golpeaba su rostro. Pensó que era eso lo que súbitamente le vedaba la visión, pero, tras recibir una segunda palada, la mujer dijo:

—Yo tampoco quería que te entrase tierra en los ojos.

MAY120. ALMAS DE DIAMANTE, de Fernando Andrés Puga

— Aquí tiene, mi princesa. Ella extiende la mano y aguarda. Cuando palpa la suavidad del vestidito y de las alas que tiene en la espalda, responde. 

— Gracias, señor Quasimodo. Esta hadita azul es una de las más bonitas que me ha traído. Vino del cielo ¿verdad? 
— Sí, desde cielos lejanos, montada sobre una golondrina. Después de sonreírle, Esmeralda se aleja del brazo de la chica que la acompaña hasta el puesto de muñequitas de porcelana fría que Quasimodo tiene en la feria artesanal que se inauguró hace un año en la plaza del barrio. Desde aquel lejano día, pasa cada domingo a buscar un hada. Juntos le inventan un color, le ponen un nombre, le entonan canciones de cuna y vaya uno a saber cuántas otras cosas. No se ausenta ni aunque llueva o el frío se haga sentir. Hoy Esmeralda no vino y ahora que el sol se pone y hay que levantar los puestos, Quasimodo se resiste a partir. Ya llegará, se esperanza, pero con la noche cae también la ilusión de volver a oír esa voz cantarina capaz de transformarlo por un instante en el príncipe que la llevará a palacio en su brioso corcel.

MOTIVACIÓN y CONCIENCIACIÓN

CENICIENTA, foto de la exposición
Por aquí os dejo un ENLACE  a un articulillo interesante a raiz de una exposición de fotografía que ha andado por Castellón y que bajo el título de No + Princeses quería despertar la conciencia de que muchos estereotipos de los cuentos tradicionales (y de Disney en particular) sirven para mantener vivos muchos prejuicios sociales.
Gracias a Miguel Ángel Page por su propuesta motivadora…

MAY119. POR VOLVER A PARÍS, de Javier Palanca

Hubo un tiempo de rosas y laureles, de corretear los prados como si de volar se tratara. Cuando él la abrazaba el mundo se hacia inmenso y diminuto a la vez. Jamás nada ni nadie le había dado la posibilidad de ser feliz. La llevó a Brujas en invierno para que patinara por los canales helados y a Benarés para que se remojara los pies en el Ganges. A Paris porque siempre hay que ir. Ahora mientras ella sangra y llora en un rincón de la cocina, él sigue llamándola “princesa” mientras le asegura que esta ha sido la última vez.

MAY118. Y COMETAS, de Alejandro Olmos Marcitllach

Princesas, marionetas, ábacos y cometas. Todas esas cosas imaginó él en los dos minutos que el predictor tardó en poner las cosas en su sitio. No hay prisa princesa, murmuró al tiempo que ella le cerraba los labios con un beso que era un suspiro de alivio.

MAY117. UN AIRE DE INSOLENCIA, de Rubén Rojas

Soy príncipe. Hace años fui nombrado heredero de la corona. En la corte me rodean bellas damas. Soy rico y poderoso, y todos me dicen que soy guapo, lo que me convierte en alguien persuasivo. O por lo menos eso creía yo hasta que conocí a aquella princesa. No me hacía caso. Intenté acercarme a ella por todos los medios posibles: cartas, peticiones de audiencia, invitaciones a bailes y justas, mensajes a sirvientas… Pero no sirvió absolutamente para nada. No quería ni verme, la muy insolente. Yo no sabía por qué y le rogué, me arrastré. No obtuve respuesta. Dormía mal, me negué a comer y enflaquecí. En palacio se hablaba por los pasillos. Sentí que perdía autoridad y que crecían las voces, hasta que un día me harté y ordené que asesinaran a la princesa nada más principiar el día. Nadie me hizo caso, hubo burlas. Fui enojado a ver a mi padre y le expuse la preocupante situación. Le dije que necesitaba un gran caballo para limpiar yo mismo mi honor y el de la corona. Solo conseguí que se enfadara y me mandara a mi alcoba. Allí planifiqué el peligroso lance montado en mi caballito de madera.

MAY116. ACCIDENTALMENTE, de Juan Fuente

La princesa Greed corregía coqueta la inclinación de su diadema ante su gran espejo de pared cuando Sir Wallbrige llegó. Invitado del Rey, era hijo de un difunto amigo, y su presencia revolucionó la fortaleza como pocas veces. Apuesto y embriagador, se convirtió en la comidilla de las muchachas de la corte. Alegró los días al monarca y vivió las noches de fiesta en fiesta. Pero Wallbridge cometió un error. Guiado por el alcohol y su afilado sentido del humor osó bromear sobre el ridículo Lord Bedfort, feliz prometido de la princesa. Las palabras altisonantes y los agarrones quedaron emplazados para la mañana siguiente, a pistola. El Rey, obligado por las normas de hospitalidad, se posicionó como padrino de Wallbribge mientras que el hombre de confianza de Lady Greed, capitán de su guardia personal, se ofreció a defender el honor del estirado Bedfort, que, medroso, no dudó en aceptar. Diez pasos contó cada uno antes de girarse y, tras soltar el aliento retenido, liberaron truenos sobre la mañana, despidiendo a los pájaros. Dos balas certeras para una tragedia. El Rey y su futuro yerno recibieron por extraño azar los disparos mortales, mientras la heredera no podía evitar sonreír.

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