Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

DESORDEN

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en EL DESORDEN

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto DESORDEN en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
31 de MARZO

Relatos

MAY156. ARRIESGADA METAMORFOSIS, de Ignacio Feito

Sepamos que el pretendiente nació zángano y, por tanto, grueso, peludo, de ojos grandes y desarmado, necesariamente huérfano de padre, y que había participado en quince vuelos nupciales sin ningún éxito, que las obreras, que las había a miles, empezaron a amoscarse con él y a bailar en círculo y a bailar bullicioso, y él sabía cuándo estaba de más. 

Este es el joven que entra ahora en los aposentos vestido de rama. La princesa, de espaldas, gira absolutamente la cabeza. Está de rodillas, seguramente rezaba (no se ve a ningún macho). Él se encarama a su espalda y ataca su aria con voce dolcissima…”sé que el amoroso lance ha de durar dos horas, lo que a algunos parece mucho y acaban del todo resecos, y que a otros los devoras a mitad del viaje. Pero yo, que no soy mejor que ninguno, de todos modos entraré a tu reino seguro de que, si acaso te sobreviniera el antojo, tendrás la delicadeza de no dañarme del todo y dejar intacto y en buen uso aquello que entonces nos una. Porque yo te quiero, Mantis Religiosa, santateresa, tatadiós, te quiero, maríagarcía, princesa de la muerte, te quiero, caballito del diablo”.

MAY155. EL REGALO, de Luis C. Castilla Ortiz

¿Qué le pasa a mi Princesa? ¿Ha dormido mal, su alteza? ¿Cuántas erais anoche? ¿Te juntaste con la plebe? y ¿seguro que sólo bebiste cerveza sin alcohol? 

No, no me digas nada, prefiero no saberlo. Déjame adivinar, estaban María, Carmen, Raquel, Esther, Maite, Elsa y tú. ¿Me falta alguna? Salisteis de clase, espantasteis a los chicos y fuisteis al bar a cortar trajes a diestro y siniestro. Por supuesto, dejasteis las escobas aparcadas en la puerta y cerveza tras cerveza, fuisteis repasando a vuestras parejas. A saber que les habrás contado de mí. No, no me mires así, no me gusta nada esa sonrisa, no les habrás contado lo que te regalé por el último aniversario, ¿verdad? Ni lo que hiciste con él. No, no puedes haber sido capaz. 
Esa mirada de ingenua me desarma. Mira princesa mía, ahora mismo te ayudo a desvestirte, te preparo una manzanilla y nos vamos a la cama, que esta noche ha llegado tu príncipe. 
Pero abre los ojos. Despierta. Ahora entiendo cuando me dices que no soportas cuando me hablas y no te respondo.

MAY154. ADIÓS PRINCESA, de Esther Gómez

Hace muchos, muchos años, en un país no muy lejano, vivía una princesa de cualquier cuento. Se sentía muy afligida. Los bufones de la corte no lograban arrancarle una sonrisa. Sus damas de compañía se hallaban muy preocupadas, no sabían por qué estaba tan triste. Todos se interrogaban: ¿qué le ocurre a la princesa? 

Un día decidieron preguntarle qué apenaba su corazón. Levantando la mirada y con semblante serio contestó: 

— Las niñas ya no quieren ser princesas, me lo ha dicho un juglar llamado Sabina. Los allí presentes posaron sus ojos en ella, se hizo un profundo silencio. 
De repente se giro, miró a todos y cada uno de ellos y empezó a correr y a correr hasta que sus pies simularon unas alas. Durante el camino que separaba los jardines de Palacio de sus aposentos, se fue despojando de su ropa, primero del corsé que le oprimía su pecho, después de aquel miriñaque que le impedía sentarse y al fin deshizo aquellos ridículos bucles que tanto odiaba. 
Se enfundó unos vaqueros, que el mismo juglar le había regalado, se puso una camiseta, en ella escribió: “LIBRE”. 
Sin mirar hacia atrás, amaneció en el mundo real.
 Los cuentos estaban cambiando…

MAY153. DIAGNÓSTICOS, OPINIONES Y SENTENCIAS, de Nacho Muriel Martínez

Las versiones científicas pasaban por la amnesia, la depresión post parto –aunque el menor de los infantes ya tuviera nueve años- o tortícolis, por aquella persistencia en mirar hacia otro lado. 

 Como el otro lado era siempre el derecho, los politólogos de cámara y los tiralevitas reales, comentaban con arrobo sobre la firmeza propia de su linaje. Los amantes, poetastros de casinos, en confesiones a sus círculos más íntimos, abundaban en palabras que rimaban con hez, tales como rigidez, frigidez e incluso, el más miope de ellos, versaba sobre la delgadez, obviando el talle vacuno del que la compartida musa empezaba a dar muestras. 
Por si todos aquellos posibles síntomas, constantes actitudes, imaginadas virtudes o imposibles defectos fueran ciertos, el estado puso a su disposición todos sus aparatos. Desde los jueces a los hechiceros, desde el ejército a la televisión, incluso desempolvaron el Circo Royal, con su remendada carpa y sus disecados elefantes mutilados. 
Sólo la plebe sentenció, con sabiduría de dolor añejo, que lo qué le pasa a la Princesa, era eso, que era una Princesa. Y el que tenía trabajo siguió en sus quehaceres y el resto siguió rezando para que saliera el sol.

MAY152. ¡ADIÓS PRINCESA!, de Jesús Coronado

Mis últimas palabras para ella aquella tarde. Se despidió alzando la mano y una amplia sonrisa. Recogí mis cosas sin prisas y salí de la habitación. Otro júeves más a mis espaldas, me dije mientras sacaba un`pétalo azul del bolsillo.

Pero la vida es así. Cuarenta años esperando a que tu princesa aparezca, y cuando por fin lo hace… es demasiado tarde. Y entre ensoñaciones y esperanzas dejo que el aire me refresque la cara mientras abro la puerta del coche. Mi mirada la busca en el aparcamiento,pero no está. Mañana ella volverá a ser Elena y yo, Juan. Se cruzarán nuestras miradas en la fotocopiadora, nos rozaremos en un descuido voluntario y volveremos a nuestra rutina diaria. 
Arranco el coche y veo alejarse el luminoso cartel del hotel por el retrovisor para entrar a la realidad de golpe con el sonido del móvil. Mi mujer preguntándome cuanto voy a tardar en llegar a casa. ¡Diez minutos! contesco. Tiro el pétalo por la ventanilla y me consuelo esperando ansioso la llegada del próximo jueves en el que una rosa azul, volverá a recibir en la mesita de noche de aquel hotel de carretera a mi princesa.

MAY151. PRINZESA CON Z, de Esperanza Temprano

Nació en una tarde de mayo mientras el cielo bramaba pariendo una tormenta de granizo. Deborah quiso su madre que se llamara, no contaba con que su padre no sabía cómo se escribía y finalmente la apuntó en el Registro Civil como Prinzesa con «z«. Z de zascandil que zapateó su infancia en el descampado al ritmo de las palmas de los más zarrapastrosos del barrio. Una vida en zig-zag sorteando al zote de su padre y las zurras de su madre. Zarandeada por la droga y zambullida en el fango, a punto estuvo de zozobrar en más de una ocasión. Sobrevivió a monumentales zapatiestas y una vez zurcidas sus miserias, cogió su zurrón y zarpó hacia nuevos horizontes donde las zancadillas no la hicieran caer. Lo consiguió, zanjó su pasado del que tan solo quedó el nombre. Se lo ha cambiado. Ahora se llama Reyna con «y«.

ENTECIA, de María Elejoste (MEL)


Esta noche te cuento que he vuelto a soñar, que como cada atardecer, me uno al grupo de los afortunados que recorren el sendero de agua hasta llegar al reino de Entecia. Allí, los moradores depositan granos de arándanos en la tolva y al girar la rueda del molino se muelen letras, desgranan palabras y se crea la magia de los cuentos que pueblan tu imaginación.

Es un sueño magnífico, pero debo confesarte una cosa, no se si es un sueño… hoy ha llegado un paquete para mi, un tesoro procedente de Entecia: un bote de mermelada de arándanos… El Heredero del reino dice que es adictivo…. ¿me atreveré a probar la fantasía?

MAY150. RESCATE TORCIDO, de Rosa Yáñez Gómez

Una princesa encerrada en lo más alto del torreón de un castillo con foso y dragón esperando ser rescatada. Una pantalla encendida y unos dedos que teclean en medio de la habitación en penumbra. Largos cabellos y un vestido vaporoso haciendo de cola magnífica para la niña que chatea con el príncipe. Ella le manda emoticonos de caras tristes y le pide auxilio con ese decir sin decir que aprendió con la corona. Él le habla de la última fase del videojuego de moda, de su grupo de amigos príncipes con los que ha quedado y a los que no puede traicionar, le habla de honor, de lealtad. Ella curiosea en el aspa de cierre de la ventana de chat con el puntero del ratón. Abre la red social y consulta la lista de amigos sugeridos: incluso la foto de unos pies frente a una playa pueden resultar evocadores en un abúlico encierro, sobre todo si al fondo se entrevé un horizonte, aunque sea torcido.

MAY149. EL AFLUIR, de Lladiu de la Mata

Volvió a preguntarse si lo que iba a hacer era un acto de justicia o un perverso acto criminal. No le quedaron dudas después de consultarlo con sus ideales, los cuales le instaron a apretar con denuedo el fino estilete. 

No quería complicaciones, sería una maniobra simple, pero certera. Fingió ser un despistado y apresurado transeúnte, consiguió el tropiezo con ella y, con disimulo, le hundió la aguda daga en el corazón con una precisión de cirujano. Interpretó una disculpa llevándose la mano al ala de su sombrero y ni la delicada princesa se dio cuenta que ya se estaba muriendo. La ayudaron a recomponerse y prosiguieron el paseo como casi nada. Empero, comenzó a languidecer hasta desvanecerse en el suelo. 
«¿Qué le pasó a la princesa?», preguntaban los curiosos que rodeaban a la yacida. La sangre pudorosa no quiso derramarse con profusión y una pequeña mancha fue suficiente para revelar su fin.

MAY148. LA PRINCESA DE LOS ARROYOS, de Belén Molina Moreno

He llegado a este mundo en un torrente de sangre, besos y lágrimas. “Es una niña” oigo mientras mamá me acerca a su corazón y yo noto como la vida se instala en mí, pero mi cuerpo sigue exánime. “¿Qué le pasa a mi princesa?, ¿por qué no se mueve?” pregunta mamá en una cascada de gritos y sollozos, mientras alguien me arranca de sus brazos para estudiar esta paralización que no me deja agarrarme ni babear.

Ya tengo 20 años y una nariz roja que me ponen con la peluca de colores para salir al escenario donde, desde la quietud de mi cuerpo, mis palabras salen bailando y dibujando cabriolas y juegos malabares que se mezclan con las risas de todas las gargantas que me escuchan. Yo me dejo arrastrar todas las noches por este arroyo rumoroso de alegría que le dice a mi madre: “Esta es tu princesa, mamá”.

MAY147. PRINCESA EN EL SOFÁ, de Ramón González Ruiz

Mi princesa está triste.Hace días que apenas se mueve.

Mi princesa ya no quiere estar conmigo. No duerme en mi cama. 
Mi princesa no come. No bebe. Ya no busca que la acaricien. Languidece y yo no sé que puedo hacer. 
Mi princesa no pide nada, no quiere nada, no espera nada. No trae presentes, no los acepta. 
Mi princesa se deja morir. No entra ni sale, no va y no viene, no sube ni baja. 
Estoy perdiendo a mi princesa; no ve mis lágrimas, no escucha mi llanto. 
Mi princesa se apaga; ha perdido la batalla. 
Mi princesa ya no usa el cajón de la arena. Y lo llena todo de pelos. Así que a ver si la palma pronto y me compro otro gato. Mejor una gata. ¡Que ilusión! La llamaré Princesa.

MAY146. LA VOZ CALLADA, de José Ángel Gozalo Molina

Todavía conservo un resquicio de esperanza. Quiero creer que no todo está perdido, que algún día tú vendrás a rescatarme. 

Si pudieras escuchar mi voz, acallada durante tanto tiempo, te revelaría todo aquello que guardo en mi interior. Susurrándote despacio, te contaría que fui la princesa del más glorioso reino que jamás pudieras imaginar. 
Mi nombre fue el grito de guerra de mi ejercito en multitud de batallas, dónde se decidió el futuro de muchos otros. 
Aunque ahora, al verme vieja y amarillenta, no lo creas, conocí la juventud cuando todo mi mundo también era joven y hermoso. 
Valerosos caballeros se retaron a muerte por mi amor. Fui desvelo en sus noches, llama ardiente en sus corazones, fui sueño y anhelo de aquellos hombres, que se convirtieron en mis amantes.
 Mas sólo un amor imposible, fue dueño y señor de mi destino. A él, que conocía hasta lo más profundo de mi ser, me entregué ciegamente, sin saber que me quería sólo para sí. Ésa fue mi perdición. 
Pero tú nunca oirás hablar de mí, porque vivo en el fondo de un cajón, escondida entre las páginas del manuscrito inacabado de un escritor, que tuvo miedo de ser.

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