¿Te falta alguno de nuestros recopilatorios?
PREMIO A CURUXA 2024
PREMIO SENDERO EL AGUA 2024
***
más de 15000 relatos

más de 6 millones de visitas


Sepamos que el pretendiente nació zángano y, por tanto, grueso, peludo, de ojos grandes y desarmado, necesariamente huérfano de padre, y que había participado en quince vuelos nupciales sin ningún éxito, que las obreras, que las había a miles, empezaron a amoscarse con él y a bailar en círculo y a bailar bullicioso, y él sabía cuándo estaba de más.
¿Qué le pasa a mi Princesa? ¿Ha dormido mal, su alteza? ¿Cuántas erais anoche? ¿Te juntaste con la plebe? y ¿seguro que sólo bebiste cerveza sin alcohol?
Hace muchos, muchos años, en un país no muy lejano, vivía una princesa de cualquier cuento. Se sentía muy afligida. Los bufones de la corte no lograban arrancarle una sonrisa. Sus damas de compañía se hallaban muy preocupadas, no sabían por qué estaba tan triste. Todos se interrogaban: ¿qué le ocurre a la princesa?
Las versiones científicas pasaban por la amnesia, la depresión post parto –aunque el menor de los infantes ya tuviera nueve años- o tortícolis, por aquella persistencia en mirar hacia otro lado.
Mis últimas palabras para ella aquella tarde. Se despidió alzando la mano y una amplia sonrisa. Recogí mis cosas sin prisas y salí de la habitación. Otro júeves más a mis espaldas, me dije mientras sacaba un`pétalo azul del bolsillo.
Nació en una tarde de mayo mientras el cielo bramaba pariendo una tormenta de granizo. Deborah quiso su madre que se llamara, no contaba con que su padre no sabía cómo se escribía y finalmente la apuntó en el Registro Civil como Prinzesa con «z«. Z de zascandil que zapateó su infancia en el descampado al ritmo de las palmas de los más zarrapastrosos del barrio. Una vida en zig-zag sorteando al zote de su padre y las zurras de su madre. Zarandeada por la droga y zambullida en el fango, a punto estuvo de zozobrar en más de una ocasión. Sobrevivió a monumentales zapatiestas y una vez zurcidas sus miserias, cogió su zurrón y zarpó hacia nuevos horizontes donde las zancadillas no la hicieran caer. Lo consiguió, zanjó su pasado del que tan solo quedó el nombre. Se lo ha cambiado. Ahora se llama Reyna con «y«.
Esta noche te cuento que he vuelto a soñar, que como cada atardecer, me uno al grupo de los afortunados que recorren el sendero de agua hasta llegar al reino de Entecia. Allí, los moradores depositan granos de arándanos en la tolva y al girar la rueda del molino se muelen letras, desgranan palabras y se crea la magia de los cuentos que pueblan tu imaginación.
Es un sueño magnífico, pero debo confesarte una cosa, no se si es un sueño… hoy ha llegado un paquete para mi, un tesoro procedente de Entecia: un bote de mermelada de arándanos… El Heredero del reino dice que es adictivo…. ¿me atreveré a probar la fantasía?
Una princesa encerrada en lo más alto del torreón de un castillo con foso y dragón esperando ser rescatada. Una pantalla encendida y unos dedos que teclean en medio de la habitación en penumbra. Largos cabellos y un vestido vaporoso haciendo de cola magnífica para la niña que chatea con el príncipe. Ella le manda emoticonos de caras tristes y le pide auxilio con ese decir sin decir que aprendió con la corona. Él le habla de la última fase del videojuego de moda, de su grupo de amigos príncipes con los que ha quedado y a los que no puede traicionar, le habla de honor, de lealtad. Ella curiosea en el aspa de cierre de la ventana de chat con el puntero del ratón. Abre la red social y consulta la lista de amigos sugeridos: incluso la foto de unos pies frente a una playa pueden resultar evocadores en un abúlico encierro, sobre todo si al fondo se entrevé un horizonte, aunque sea torcido.
Volvió a preguntarse si lo que iba a hacer era un acto de justicia o un perverso acto criminal. No le quedaron dudas después de consultarlo con sus ideales, los cuales le instaron a apretar con denuedo el fino estilete.
He llegado a este mundo en un torrente de sangre, besos y lágrimas. “Es una niña” oigo mientras mamá me acerca a su corazón y yo noto como la vida se instala en mí, pero mi cuerpo sigue exánime. “¿Qué le pasa a mi princesa?, ¿por qué no se mueve?” pregunta mamá en una cascada de gritos y sollozos, mientras alguien me arranca de sus brazos para estudiar esta paralización que no me deja agarrarme ni babear.
Mi princesa está triste.Hace días que apenas se mueve.
Todavía conservo un resquicio de esperanza. Quiero creer que no todo está perdido, que algún día tú vendrás a rescatarme.
más de 15000 relatos

más de 6 millones de visitas









