Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

BLANCO Y NEGRO

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en BLANCO Y NEGRO

Bienvenid@s a ENTC 2025 ya estamos en nuestro 15º AÑO de concurso, y hemos dejado que sean nuestros participantes los que nos ofrezcan los temas inspiradores. En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto BLANCO Y NEGRO. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
30 DE DICIEMBRE

Relatos

ABR141. ANTE TODO CABALLERO, de Isabelle Lebais

Después de pasar con la hermosa dama los tres días más felices de su vida, esta le invitó a acompañarla hasta su casa.
Para el caballero era un sueño, quizás aquella noche podría robarle un beso.
Llegaron a la puerta, él se ofreció a ayudarla con la pesada cerradura pero ella no accedió. Cuando consiguió abrirla, ella se echó a un lado invitándole a entrar, a lo que el caballero se negó.
-Las señoras primero.
Le dijo elegantemente, cosa que contrarió a la dama, e insistió en que pasase primero. Él se negó en rotundo.
-Jamás he traspasado el umbral de una casa delante de una dama y no lo voy a hacer ahora, por mucho que insista.
El bello rostro de la joven se transfiguró en una mueca horrible entre odio, maldad y desesperación, que dejó boquiabierto y perplejo al caballero. Cuando reaccionó salió huyendo de allí, sin pestañear siquiera .
La joven asomó la cabeza por la puerta y gritó hacia el interior:
-¡ Ya se que han pasado tres días desde la última vez, pero enseguida vuelvo!
Un desgarrador y desesperado rugido salió de las entrañas del foso del recibidor. Hoy tampoco había cena.

ABR140. SEIS EUROS Y UN BOTÓN, de Érika González Leandro

De mayor quiero ser caballero, pero no de los que llevan pesadas armaduras y se pasan la vida luchando encima de un corcel, sino de esos que dan rosas a las niñas y les ruedan la silla al sentarse.
No sé dónde puedo ir para estudiarlo, mi madre dice que me bastará con no hacer las cosas de papá, por eso he decidido practicar con ella y así sacarle la alegría que perdió cuando su barriga se volvió inesperadamente plana.
Al salir del colegio fui a por el ramo más grande de la floristería aunque con los seis euros y el botón de mi bolsillo solo alcancé para unas flores de plástico. Se las entregué acompañadas de una nota “No tienen vida pero se quedarán contigo siempre.” Mamá lloró como nunca, tanto que pensé en retirarme de la caballerosidad hasta que las lágrimas resbalosas de su cara le tejieron de nuevo la sonrisa.

ABR139. BAJO LA RUEDA DEL MOLINO, de Miguel Jiménez

Las articulaciones de la escalera mecánica crujían espantosamente (cosa de los vaivenes barométricos, ya me lo habían advertido las mías propias, un rato antes, al levantarme ¡Hoy va a llover!), y finalmente se clavaron con estrépito.
Yo que siempre fui más de Sancho que de Quijano, me senté tranquilamente en el metálico escalón, mientras varios aspirantes a hidalgos, embestían, furia en ristre, cuantos mecanismos, botones de alarma, intercomunicadores y cuadros de mando, encontraron a su alcance.
En otro momento les hubiera advertido de la inutilidad de sus arremetidas, pero la experiencia es un grado. Permanezco sentado y en silencio, manso, resignado ya a esta continua llovizna de leves contratiempos, sordos y dolorosos. Molestos, como el corte de un papel entre los dedos. Reiterados, como un inevitable peaje en medio de la autopista de la vida.
Lejanos quedaban los tiempos en que creí que las andanzas de alguno de estos cambiaría el mundo.
Sabiendo lo que vendría después, me alzo sobre mis doloridas rodillas, trepo el trecho restante, con un bufido al superar cada escalón, excesivamente altos, primero un pie, luego el otro, alcanzando la cumbre, justo en el momento que el mecanismo vuelve a girar, sin aparente intervención humana.

ABR138. PERDIDO ENTRE HOJAS, de Antonia Garcia Lago

Notaba que millones de ojos le seguían. Sabía que era anacrónico, que en tiempos de robots, nombres cifrados y contraseñas que abrían puertas,tal cómo si Merlín hubiera utilizado sus artes, él , montado sobre un animal en peligro de extinción , era único ya en su especie.
Nunca nadie más volvería a luchar contra injusticias. El mundo era plano y feliz y el pensamiento dormía narcotizado en torres protegidas de la luz.
Recogió su lanza, bajó de Rocinante, cerró el lomo de su historia y se dejó caer entre el polvo cósmico de las letras. Sancho, acomodándose en un hueco de página, soltó una lágrima que arrugó el amarillento papel verjurado.

ABR137. UN POCO DE REALIDAD, de Mª Carmen Gómez Caro

-No se por qué te fuiste…-le reprochó Dulce antes de beber a gollete un trago de cerveza.
Sentada allí en el banco del parque, con su camiseta verde fosforito y las pestañas llenas de pegotes negros, no le pareció la misma Dulce de la que se había enamorado un día.
-Tenía que irme-dijo el chico- Tenía que hacer algo…El mundo está lleno de injusticias, y ya sabes que yo no puedo quedarme mirando sin hacer nada.
-Ya -ella apuró el cigarrillo- Por eso te fuiste por ahí con tu colega ese de las greñas, para acabar con las injusticias…Tú te has creído que yo me chupo el dedo.
El chico intentó explicarse:
-Que no, Dulce, que todo es cierto. Estuvimos luchando en Bruselas para que las compañías enérgéticas no sembraran de molinos nuestras costas.
Dulce soltó una risotada.
-Mira que eres tonto. Todo el mundo sabe que no son molinos, son gigantes.

ABR136. REALIDAD IRREAL, de Montserrat Acevedo J de Castro

Tras un arduo esfuerzo desentumeció sus adormilados músculos, saltó fuera del libro, y se encontró en una sala con diversos objetos totalmente desconocidos… Para un valiente como él, esta nueva aventura no tenía precio, y sin pensárselo dos veces siguió adelante.
Atravesó una puerta y salió al exterior. La gente vestía de una forma rara. Había monstruos de colores que corrían en hileras emitiendo extraños ruidos. Las casas eran enormes torres con cientos de ventanas; escaparates de lindos colores mostraban las más increíbles mercancías. A su paso encontró bellos jardines al lado de paredes llenas de pintadas y dibujos, palabras que no entendía, carteles que no tenían significado para él… ¡Todo le parecía tan peculiar! Pero no era la primera vez que lo que le rodeaba tenía un aspecto“distinto”. Recordaba que hace muchos, muchos años, en un lugar de La Mancha…
Mientras, en casa, José le explicaba a su madre por tercera vez que él no había borrado la figura de Don Quijote de la carátula del libro. Simplemente había desaparecido. Y la madre, por tercera vez, no lo creyó.

ABR135. SUEÑOS Y DULCINEAS, de Conrado Santurino

Por las cosas del mucho leer, Alonso  había aprendido a confiar en sí mismo. Su experiencia se resumía en libros y en horas de biblioteca… y de estudio. Llegó un día en que tuvo que buscar trabajo y comenzó a enviar currículos  a las empresas de toda la ciudad, a los comercios, a todo aquel  que estuviera dispuesto a recibir una propuesta. Su novia Dulcinea le apoyaba incondicionalmente porque en los libros de autoayuda ponía que había que  intentarlo y que no había que perder la esperanza de traer un sueldo a casa, que era posible. Un día Alonso tuvo una idea. Debido al mucho leer decidió montar un negocio con préstamos y socio capitalista. Decidió hacerse emprendedor. Dulcinea dudó que Alonso estuviera en sus cabales, que los dichosos libros de autoayuda le hubiera comido el seso. Pero Alonso era  de firmes convicciones y respondió a su amada Dulcinea, – No son molinos querida mía, son los gigantes de la miseria que amenazan.

 http://jalgarabel.blogspot.com.es/

ABR134. ESPECIALISTAS, de Ángeles Sánchez Gandarillas

 –      Cuánto me cuesta ponerme la armadura, me hago viejo, o es que esta hundida por la zona del estómago. -Subió trabajosamente al rocín y oyó que su dama le llamaba.
–       ¡Esperad Arturo!, debo coser la trabilla de vuestras calzas, descabalgad.
–       Huy, cariño, ahora no puedo quitarme el arnés porque llegaría retrasado a la batalla de las 10.
–       Andad, mi rey, que si no a la vuelta oleréis a caballo y además, tengo cita con el psicólogo.
–       ¿El psicólogo?, no sabía que existiera ese gremio.
–       Vos le conocisteis en aquella reunión de la mesa redonda, ya sabéis, esa “juerguecita”, que duró una temporada y de la que regresasteis tan descompuesto que no podíais con vuestra espada Excalibur. Me referisteis algo sobre una batalla sangrienta o no sé qué, y hube de asearos. ¡Tanto vos como Lancelot, traíais tufillo…!
–       No caigo.
–       Es Merlín, y no disimuléis, que de tanto brindar celebrando aquella victoria con Lancelot llegasteis “guapos” al castillo.
–       ¡Ah, sí, sí…! -Arturo intentaba zafarse de la conversación y los reproches de Ginebra-. Disculpadme “fermosura”, tengo prisa; oigo la última llamada de trompeta y he partir al campo de batalla.

 http://susurrosbarquerenos.blogspot.com.es/search/label/ANGELES%20SANCHEZ%20GANDARILLA

ABR133. EL CONVITE, de Ignacio Rubio Arese

Sólo a las jóvenes de más renombre las invitaron al convite que dispuso Sir Edwin Sigrid en la mansión del Cerro Rojo, con motivo del decimoquinto aniversario de su primogénita.
Habían recalado en Dulltown meses atrás, apenas sin equipaje. Pagaron sin regateos el precio de la vieja casa. Días después, se instalaron en ella con asfixiante hermetismo. A la muchacha apenas la veíamos bajar al pueblo, siempre huidiza, silenciosa. Mantenía invisibles los dientes tras un amasijo de metales.
Una mañana, se extendió el murmullo: el caballero repartía invitaciones al cumpleaños de su heredera. Recuerdo a todas las jóvenes asomadas al balcón, ebrias de esperanza. Por desgracia, el privilegio correspondió tan solo a las más pudientes: a las muchachas rollizas con vestiditos de tul. Recuerdo el amargor del desaire, las pataletas rabiosas, las lágrimas picoteándome los pómulos enjutos.
Lo cierto es que nunca más volvimos a ver con vida a aquellas que penetraron en la mansión; que los gendarmes persiguieron sin suerte a los dos fugitivos; que, finalmente, el Concejo decretó derribar la casa de fatídica memoria. Y es que nadie en Dulltown sospechaba lo que en verdad escondían aquellos hierros monstruosos: la dentadura de ogresa de la terrible miss Sigrid.

ABR132. CORAZON AMURALLADO, de Ana Rosa de Artíñano Comin

Es noche cerrada, todo está oscuro, frio y vacio, las velas parpadean fantasmagóricamente y un silencio aplastante invita a que mis más secretos pensamientos alcen el vuelo y en medio de una nube de sensaciones le veo venir.
Tristán, mi caballero, a lomos de Valeroso, su infatigable compañero, cota de malla, armadura que despide destellos, espada al cinto y hasta puedo escuchar sus palabras.
– Ansiaba llegar a vuestros brazos, la guerra ha dejado yermos los campos y baldios los corazones. ¡¡ Tanta sangre derramada!!!.
– Ah!!! mi caballero… luchais sin tregua, ¿siempre por causas justas?.
– No, mi señora, la vida en sí no siempre es justa, pero ¿quién decide eso?.
No tengo respuesta, su pregunta queda suspendida entre los muros del castillo en el que me encuentro recluida.
Los dragones escupen fuego, las espadas se cruzan y el acero corta el viento. Las princesas lloran a sus caballeros muertos. Las almenas coronan las altas fortalezas. Los juramentos de honor encadenan a mi noble señor.
Y dejando atrás la barbarie de la Edad Media… me despierto…

ABR131. CUENTAS DE OLVIDO, de Emilio Magdalena

-Caballeros, cojan sus armas. Dense la espalda. Empiecen a caminar y a mi cuenta de diez, vuélvanse y disparen.

Uno. ¿Qué hago aquí con esta pistola en la mano? Al amanecer, al lado de la valla del cementerio.
Dos. No puede ser otra cosa que lavar una afrenta. De honor, si cabe.
Tres. Valiente idiotez. Mis huesos cansados y las tabernas donde buscan cobijo, saben poco de honor.
Cuatro. Cuatro son los individuos, de faz seria, que vigilan este lance. Desconozco cuáles son mis padrinos.
Cinco. Porque esto es un duelo. La repentina memoria de un guante que me cruzaron en la cara así lo testifica. Debió de ser anoche.
Seis. La pistola pesa. La cabeza me estalla de dolor.
Siete. ¿Cuántas jarras de Jumilla tienen la culpa? ¡Ah, mi buen y noble amigo!, no dejes que te calumnien. Las pendencias son de los hombres, no del vino.
Ocho. Pero… ¿Y mis ofensas? ¿A quién falté en su honra?
Nueve. Que Dios juzgue mi desmemoria porque yo …
Diez . Ni siquiera recuerdo si el caballero que ahora me apunta y yo, hemos pactado tirar al aire o a muerte.

EL LIBRO VIAJERO… Y TANTO… DESDE ARGENTINA

Su autor/a nos dice que la foto tiene todos los ingredientes suficientes para adivinar de quién se trata y de dónde viene…
Éste ha sido un envío un tanto especial… porque ha tenido que viajar hasta Argentina para que Gabriel Bevilaqua le haga esta foto.

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