Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

FE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en LA FE

Bienvenid@s a ENTC 2026 Comenzamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto de FE en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
días
3
6
horas
1
8
minutos
1
8
Segundos
5
8
Esta convocatoria finalizará el próximo
14 de FEBRERO

Relatos

MAY43. EL CUENTO DEL PRINCIPADO, de Anna Jorba Ricart

Había una vez un país caído en desgracia. Una península al sur de Eutopa, llamaba Estaña. Poblado de habitantes asentados en un pasado vetusto por el caos de un gobierno en descredito y atrapados en una Torre de Babel. Dominado bajo el yugo de un país vecino godo, que arrastraba al pueblo hacia la miseria.
Un cazador de trompas que se caía, reinaba en un trono debilitado. Por consorte tenía una reina de sonrisa diplomática, que había aprendido a llevar en vez de corona, una diadema de cuernos de reno, para protegerse de los duros acontecimientos que agitaban la Corte.
Tenían tres hijos.
Una princesa triste ¿que no tendría la princesa? que minaba su inteligencia, puesta en duda por el pueblo; la otra, que acabaría desterrada a los confines del desierto por la traición al país de su esposo; y el único hijo varón, apuesto príncipe, esperanza de la monarquía, que contrajo matrimonio con una plebeya, que se convirtió en princesa desfigurada y quedó trasparente de pura delgadez.
Este país, caído en desgracia, un día resurgió, cuando el pueblo unido eliminó a los ineptos.
Colorín, colorado hasta aquí, el cuento del principado.

MAY42. PRINCESITA ¿QUÉ TE PASA?, de Jesús Alfonso Redondo Lavín

¿Atendemos suficientemente a nuestros hijos?…
Al respecto, un amigo me contó este inquietante caso:
Entraron en la consulta de un afamado otorrinolaringólogo.
La guapísima oriental que tomaba los datos personales y los más reservados de la tarjeta de crédito de los pacientes, preguntó:
– Buenos días, ¿cuál es el motivo de su visita?
Mire, la niña ya emite sonidos, pero habla “raro”, no se le entiende nada. Creemos que ya debería haber roto a decir sus primeras palabras y solo pronuncia unos vocablos ininteligibles.
La “peque”, que en su carrito babeaba sonriente, dejó de morder su sirenita de goma y ladeando su cabecita, le dijo a la enfermera:
– “madadaomada tatata”.
La de la bata blanca, poniendo esa voz cantarina que se usa cuando se le habla a los niños muy pequeños, le respondió:
– “Magandang umaga, ikau ay maganda”.
Los padres, Juan y María, con la boca abierta, se miraron atónitos.
– Pero, ¿usted la entiende?, preguntó la madre.
– Naturalmente, la niña me está hablando en “tagalo”, y muy clarito además.
A Juan, se le encendió repentinamente la bombilla y exclamó:
– ¡La “chica“!, María; la “chica” que tenemos en casa es filipina, ¿verdad?
– Sí… Vámonos, Juan.

MAY41. LA PRINCESA AURORA, de Aurora Royo Cañadas

Una pregunta me ronda la cabeza desde niña, por qué me llamo Aurora, como la Bella Durmiente del Bosque.
Ya sabéis, aquella princesita a la que una bruja mala condenó a muerte sin remisión. Por supuesto, por culpa de su padre, el Rey, que era un desastre y un desmemoriado. Menos mal que, como en todos los cuentos con final feliz, también había un hada buena. Ésta, que tenía buen corazón, modificó el hechizo. Así, la bella Aurora no murió, sino que se pasó cien años durmiendo como una bendita. El caso es que, cuando apareció el príncipe que habría de sacarla de su sueño, las ciencias habían adelantado que es una barbaridad, como decía Bretón.
¿Dónde está la carroza? -preguntó la princesa Aurora.
Para carroza tú, tía. Yo tengo un dos caballos -presumió el príncipe.
Menos mal que a la princesa le gustó el nuevo carruaje y ella y su príncipe se fueron a Ibiza y no comieron perdices porque estaban en contra del maltrato animal y eran veganos radicales.
Pero este final feliz podía no haberlo sido, puesto que si el hada madrina era tan buena ¿por qué alargó el hechizo durante todo un siglo?

MAY39. ÉRASE UNA CRUEL PRINCESA. de Mª del Rosario Val Gracia

Estás emocionado, hoy hay quedada. Te importa un pimiento lo que piden los maestros, total, no eres del gremio, pero tu princesa irá.
Te pones tu mejor pantalón, estrenas camisa, con esmero te afeitas. Llegas el primero. Sonríes recordando que fue en esta misma Puerta del Sol cuando la conociste y que no solo engrosó tus contactos, también tu corazón. Desde aquél día no has dejado de hablar con ella, de recibir los besos que en cada despedida a ti más te enamoran.
La plaza se va llenando, la buscas con insistencia. Media hora después, la encuentras. ¡Qué guapa está con esa melena que ahora reposa sobre sus hombros!. ¡Esos ojos aceitunados que desde su primera mirada, te cautivaron!. Embelesado te acercas, a punto de posar tus labios en su cara, da un paso atrás y te aparta diciendo…
-Perdona, ¿nos conocemos?
-¡Claro, soy Ernesto!
-Qué Ernesto…
-¡Cómo que qué Ernesto!, hemos quedado aquí… hoy… en vernos. Tímidamente añades, llevamos tres meses y un día… chateando.
Te quedas de piedra cuando levanta su cabeza implorando al cielo y antes de perderse entre la gente la escuchas decir…
-¡Pero quién será este imbécil de los 3.557 agregados en mi facebook!

http://desdemipinar.wordpress.com

MAY38. PRISIONERA DE SU CUERPO, de Antonio Nieto Díaz

Cada miércoles a las seis de la tarde y con puntualidad británica, visito a una joven enferma de ELA y la entretengo con canciones de los Beatles o de los años setenta y ochenta: su música favorita.
Ella, en ocasiones, me recibe sentada e inmóvil en su sillón rojo rodante, con una sonrisa natural que me alegra el alma. Otras, sin embargo, su cara de circunstancias refleja lo dura que fue la semana.
“¿Qué tiene la princesa?” -suelo preguntarle a mi llegada-. Ella, forzando una sonrisa me cuenta sus problemas, sus sensaciones, sus dificultades para vivir cada día y evitar la desesperación. El “Let it be” o “Here comes the sun” cantados con mi gruesa y desgarrada voz resuenan como bálsamos contra su tristeza; sonríe con mis repetidos desafinos y después me pide que le limpie las dos lágrimas derramadas sin intención. Y me mira dulcemente como si nada de lo que brutalmente ocurre, estuviera ocurriendo.

MAY37. BUENOS DÍAS PRINCESA, de Asunción Buendía Hervás (Asun)

La voz le llegó desde algún punto detrás de ella. Princesa, nadie la había vuelto a llamar así. Habían pasado demasiados años, sin embargo volvió a sentir una punzada de dolor, emoción y ansiedad. Todo en los pocos segundos que tardó en darse la vuelta y ver a un hombre, que la observaba sonriente, y ella ladeó la cabeza en gesto interrogativo y expectante.
– Princesa, soy yo, ¿no me reconoces?
Eso era exactamente, no lo reconocía.
Había llorado mucho por él. Hubiera dado todo por escuchar toda la vida como la llamaba princesa. Y ahora 20 años después la casualidad, o el destino, ponían las cosas en su sitio. Le contempló largamente, hasta que con una radiante sonrisa, y un suspiro, como quien se ha quitado el peso de una pena que llevara a cuestas durante años, dijo:
– Ah!, si, eres tú, cuánto tiempo ¿no?, Te veo muy bien -mintió- pero… tengo un poco de prisa, ya nos hablamos ¿vale?
– Vale, pues adiós princesa…
Y salió disparada en dirección contraria a esa voz, que era lo único que quedaba reconocible del que ella había creído su príncipe azul.

MAY36. EPÍSTOLAS, de Lluís Servé Galan

Arrodillada en el suelo, llora. Desconsolada. ¿Qué tendrá la princesa?, diría su príncipe azul, aprendiz de poeta. Se echaron a perder sus labios, tan lívidos y pálidos que ya no suspira sino que solloza. El llanto nubla su mirada liviana con una pesadez que la ha desvelado noche tras noche desde hace… tan siquiera lo recuerda, ha perdido la cuenta. Tantas epístolas con versos, tantas palabras para hacer que soñara en jardines exóticos, en idílicos parajes, que se convirtieron en sueños rotos entre coladas y fregados, con el hilo musical sin fondo del completo silencio. Pero ese necio, que la había conquistado con falacias, nunca preguntó qué tenía, por qué lloraba. Solamente la gritaba por una arruga en la camisa, por no quedar cervezas en el frigorífico, por no corresponder a sus necesidades. La única pregunta sensata que le ha hecho estos últimos años, de maltrato constante, ha sido referente al cuchillo que empuñaba. Su única pregunta, la que ella se formulaba en silencio, se ha respondido con la de él. En su pecho atravesado, todavía se encontraba su corazón sangrante y el de ella, gélido con tanto menosprecio, impávido. Ahora, mientras recoge la sangre, llora en el suelo, arrodillada.

http://deomises.blogspot.com.es/

MAY35. UNA VERDADERA PRINCESA, de Maricarmen Brun Martín

-¡Cómo te quiero princesa! y es que tú eres mi princesa.
Desde que llegaste a mi vida todo ha cambiado y es que, solo tú, sabes comprenderme. Mamá siempre me castiga porque Juanito y yo nos peleamos, pero tú sabes mejor que nadie que la culpa es suya.
Y esos niños malos que me llaman gafitas ¿a que a ti no te importan mis gafas?, por las noches me las quito y bien juntitas que dormimos las dos. Sabes, te voy a hacer un precioso vestido de princesa, mejor de reina, con una corona de brillantes y un collar de perlas y vas a ser la envidia de todas las demás muñecas que serán tus damas de compañía.
No quiero que estés triste nunca y como sé que te gustan mucho los cuentos, esta noche te voy a contar uno muy bonito que anoche me contó mi abuelita María: ESTO ERA UN REY QUE TENIA, UN PALACIO DE DIAMANTES, UNA TIENDA HECHA DEL DÍA Y UN REBAÑO DE ELEFANTES…

MAY34. DE VUELTA A CASA, de Nuria Casado Marco

Con las mejillas arreboladas por efecto del aire y el sol, observa el vaivén de las olas y se deja llevar por esa placidez mareante, cautivadora, que le hace experimentar una sensación de plenitud como nunca antes había sentido. Recuerda la primera operación, pues hay una barrera como una cortina de niebla espesa, que le impide buscar más allá. Nunca supo lo que ocurrió. Siempre mimada por su padre, un viejo pescador que la llamaba “mi princesa del mar”.
Sin imaginar la verdad, ni el porqué de su permanente tristeza, contempla las cicatrices en sus piernas, y se sumerge despacio en el agua. Siente un estremecimiento cuando un cosquilleo agradable sube por sus extremidades, extendiéndose hacia la cintura, mientras se produce la metamorfosis. Poco a poco se va disipando la bruma de su memoria y empieza a comprender la insistencia del viejo marinero, a veces súplica, de que no se acercara a la orilla.
Brillantes escamas plateadas van transformando su macerada carne, mientras una mueca de perplejidad se extiende en su rostro, es entonces cuando atraída con la fuerza de un imán hacia el fondo de las aguas, se desvela esa parte insondable de su historia.

MAY33. ¿QUÉ TE PASA, PRINCESA?, de Fernando da Casa de Cantos

Tu triste carita de turrón de azúcar me entristece.
Paseas alegre en mis fantasías, como ninfa púber de mirada infantil.
Pero esa mirada ya no es alegre. Ya no es púber. ¿Infantil? No sé.
Tus caricias alegraron mi espíritu, lo elevaron al cielo, me sentí Dios.
No entiendo qué hiciste con el Diablo, por qué te dejaste engañar.
¿No sabías que te quería? Te quiero, te princesa, te quiero. Te querré.
Tú no me quieres, tú me engañaste, yo te enseñé. Ahora te ensañas.
¿Por qué no me hablas? Ya no puedes ¿No te disculpas? Tú no quieres.
Zorra, más que zorra… Eso te diría otro en mi situación.
Yo te sigo llamando princesa. ¿Qué te pasa, princesa?
Tu sangre llevo en mis manos, tus ojos me miran sin mirar.
Tu corazón ya no late, ya eres mía para siempre.
No necesito que me respondas.
Hijadeputa.

www.serfineu.blogspot.com

MAY32. EL PELUQUERO DE BARBIES, de Juana Mª Igarreta Egúzquiza

A Manuel le encantaba jugar con las muñecas de su hermana Candela. Peinaba a las Barbies haciéndoles unos recogidos muy estilosos. Y mientras Luisa, su madre, a esto no le concedía mayor importancia, a Juan, su padre, no le hacía ninguna gracia. Decía que jugar con muñecas era cosa de chicas…

Una noche Manuel escuchó una conversación entre sus padres:
– Oye, Luisa, ¿este hijo nos habrá salido “rarito”?
– No lo sé – dijo su madre.
En este punto de la conversación, se cerró la puerta de golpe y ya no pudo oír nada más.

Llegó el cumpleaños de Candela y entre los regalos hubo uno que llamó especialmente la atención de Manuel: un maravilloso disfraz de princesa.
Aprovechando un momento que todos estaban en el salón, Manuel entró en el cuarto de Candela y se puso el disfraz. Se quedó hechizado ante el espejo viendo su menuda figura envuelta en raso y puntillas. De pronto, entró su padre. El corazón de Manuel galopaba. Juan se le acercó y, cogiéndolo cariñosamente en sus rodillas, le preguntó: – ¿qué le pasa a la princesa? Manuel abrazado a su padre rompió a llorar, preso de una emoción entretejida de alivio y esperanza.

Nuestras publicaciones