Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

DESORDEN

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en EL DESORDEN

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto DESORDEN en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
31 de MARZO

Relatos

MAY138. MUNDOS DE PAPEL, de Marta López Cuartero

Hoy, como todos los días, queda envuelta en el ordenado silencio de los libros. En esa nube de sosiego, donde aún laten los ecos del pasado esparcidos por las esquinas de los pasillos con olor a rancio, sumerge la soledad de su vacío. 

Está triste y para huir de esa melancolía, ha aprendido con exquisita destreza a robar historias de otros y a arrancar las palabras que impregnan su piel. Las yemas de los dedos pasan las páginas y la realidad se enreda con la fantasía. 
Así, igual es cortejada por hombres que se postran a sus principescos pies, como es ella concubina de dioses de mitologías lejanas, incluso alguna vez se han visto debajo de las estanterías pequeños charcos de agua con olor a sal y destellos irisados; estela de sirenas que han cruzado, apenas un instante, en el volteo de la página. 
Sentada en el rincón de la biblioteca, con sus mejillas bañadas en el tenue resplandor del flexo de su mesa, apenas puede apartar la vista del libro que lee. Y sonríe.

MAY137. RECUERDOS, de Patricia Arroyo Apellániz

Brisa venía de lejos, de muy lejos. No recordaba su origen. Era como un barco sin rumbo que no encuentra tierra en la que atracar. Se sentía cansada de tanto caminar. Las plantas de sus pies reflejaban el mapa de su vida, cada kilómetro recorrido, cada pueblo paseado, cada calle vagada. Pero por más que miraba sus soportes buscando encontrar la senda de regreso, no lograba interpretar el plano. No quería seguir avanzando. 

« “Quién sería ella? ¿Sería feliz antes de comenzar su andanza interminable?” se preguntaba cada mañana » 
Realmente no se había movido de su palacio, recorría una y otra vez su jardín paradisíaco, sus caminos de piedras preciosas y desde allí contemplaba la mar. Se cruzaba con las mismas doncellas cada día sin reconocerlas, y llegó a olvidar su nombre, a sus padres e incluso borró de su mente que tenía un esposo que la amaba. 
-¿Qué le pasa a la princesa Brisa?- preguntaban las visitas en palacio. 
– Padece la enfermedad de los recuerdos, se han esfumado todos. Brisa llora todos los días porque quiere volver y los demás lloramos porque queremos que vuelva. Hace tiempo se perdió y no encuentra el camino de vuelta.

MAY136. GERMÁN Y LA PRINCESA, de Ángeles Sánchez Gandarillas

Germán, a pesar de tener seis años, sería armado caballero por el Rey; además, colaboró en esa decisión, su tía la reina, y también se vengaría de su prima, la princesa Juana que le tenía atormentado porque ella no reinaría, porque él, segundo en la línea sucesoria, sería el monarca. La heredera desairada, debía amadrinarle hasta el salón del trono. Caminaban solemnemente al son de trompetas y la princesa apoyaba su mano sobre el antebrazo del futuro caballero que, lucía armadura, capa carmesí, remolcaba un mandoble y portaba un escudo blasonado con un dragón. El Duque, su orgulloso padre, sería testigo de lo que allí sucediera. Germán, fascinado, hincó la rodilla ante el rey dispuesto a recibir los honores. 

– ¡Os nombro Caballero del Rey y os asigno el condado del Dragón! Sintió la pesada espada sobre su hombro y el pellizco cruel de la princesita… Germán agotado, se retiró a sus aposentos pues, al día siguiente tenía esgrima; recogió algo indispensable, la cámara de su padre, porque sin aquellas fotos, sus amiguitos jamás creerían que en el año 2013, fue nombrado caballero por un rey en su castillo, y que su tía representaba el papel de reina.

MAY135. ALQUIMIA, de Patricia Mejías

A pesar de los esfuerzos por tutelarle aquel inesperado patrimonio, él aguardaba su turno en el pajar. Miró a través de la puerta entreabierta: las riadas de sudor, por la espalda curva de placer, le avisaron que la hija del molinero había arruinado otro noble. Ella, como cualquier aspirante a princesa, sabía convertir la paja entre sus muslos en monedas de oro. 

«Compra la felicidad entera», repetía el padre Balduino, con su temerosa sobrina pendiente del brazo, al expósito. Pero más le gustaron los compasivos ojos en venta de la molinera. Al contrario de las miradas de asco y miedo que generó desde que fuera abandonado en una rota canastilla de barro y hojas secas, como un nido caído desde lo alto del castillo Draco, y del que ahora era legitimo dueño, con el título de Señor de Draconia. 
«Entonces, no se por qué está triste, mi princesa, entre tanta riqueza». Y la lengua ígnea empujó a la molinera contra el incombustible lecho de joyas, piedras preciosas y dorados retintines… 
Mañana, los caballeros, y desató el nudo cartilaginoso de la espalda que al contacto con el frío aire de las almenas, se desplegó en un par de membranosas alas.

MAY134. EL REINO DE PIZZAGUAY, de Raquel Ferrero Puchades

— ¿Qué le pasa a mi princesa? 

— ¿Que qué me pasa…? Nada… sólo que llevo una hora metida en la cocina, que los niños se han pegado tres veces durante esa hora, que se me ha quemado el guiso, que he tenido que hablar con tu madre mientras la comida se pegaba y los niños me quemaban, que al mayor le han pillado en el examen con una chuleta en el móvil, que ha subido el portero chivándose de que el pequeño destrozó ayer dos rosales y un columpio, que mi jefe se queja de que últimamente no me arreglo y que rindo menos, que mi amiga Feli se ha vuelto endocrina y me asusta con que algo tengo en la tiroides porque estoy como hinchada, que la pila de la ropa sucia está haciendo equilibrios en el tendedero, que las pelusas se han revelado y hacen carreras por el pasillo, y lo peor, lo peor de todo es verte con esa sonrisita, con tu trajecito impoluto y con tu pachorra indestructible… te odio, te lo juro, ahora mismo te… 
—Relájate, princesa. Tú no te preocupes por nada. Te doy un masajito y llamamos a Pizzaguay y cenamos tan agustito, ¿eh?

MAY133. "PRINCESS OF THE SEAS", de Rafa Heredero García

El «Princess of the Seas», navío mercante reconvertido en barco negrero, esperaba que un viento favorable le permitiese partir desde la ignota costa africana donde había recalado en su primer viaje. Hacinados en su bodega, más de un centenar de negros entonaban con monótona cadencia lo que parecía un canto fúnebre, pero que en realidad era una plegaria elevada a sus antepasados para solicitar ayuda contra los demonios blancos.

La tripulación, ajena a esta súplica, estaba más preocupada por sus propias supersticiones. Entre el botín capturado había doce mujeres y tres niñas. “¿Y si son vírgenes?”, murmuraban inquietos los marineros, “nunca deberían haber embarcado”. Para zanjar el dilema, el capitán, expeditivo, autorizó a que sus hombres se encargasen de conjurar esa posibilidad. 
Pero quizá fue demasiado tarde. O tal vez los dioses de sus prisioneros resultaron ser más poderosos. Tras haber acallado sus miedos, y con el exceso de confianza que propicia vaciar varias botellas de ron, no pudieron evitar su fuga ni tampoco que a ellos, tal como estaban, ebrios, dormidos o inconscientes, se los llevasen tierra adentro para poder consumar una lenta venganza. 
Solo quedó allí el navío, varado, como una interrogación, como una señal, como una advertencia…

MAY132. UNA PRINCESA DE CUENTO, de César G. Dublas

El sonido de las páginas al abrirse le irritó más que ninguna otra vez. Ya estaba cansada de miradas fugaces, sonrisas furtivas y demás tonterías lacrimógenas que su empalagoso creador creía necesarias en su historia. Ella era una mujer de acción: las lágrimas, después de caer por alguna ladera rocosa; las miradas y las sonrisas eran para aquel que consiguiera hacerle sentir algo entre las piernas y no para ese amanerado príncipe que le había tocado por condena. Vestía de azul, cómo todos, y sus rubios y sedosos cabellos ondeaban al viento a lomos de su noble corcel, nada que ver con el moreno hombretón de pelo en pecho y mirada lasciva que había dejado en su cama. Pero el lector la esperaba, así que se arreglo el pelo, se bajó el vestido y salió en la búsqueda de su amado príncipe; tenía trabajo que hacer.

http://relatandome.wordpress.com/

MAY130. ROMANCE DE LA NIÑA TRISTE, de Félix Valiente del Valle

 – Gracias por venir esta noche. Han sido ustedes un público maravilloso. Me  gustaría despedirme con un tema que lleva por nombre “La niña triste”. Va por ella.
Vámonos maestro…

“La llamaban niña triste
Princesita sólo en casa
Ella invocando la luz
La luna le da la espalda”

La voz rota y dolorida y el arpegio de guitarra iban susurrando al aire notas que duelen al alma. Dejan salir el lamento cristales en la garganta. Despacio el tiempo y la nada. Que no despierte la niña, que se quede adormilada.

“Buscaba que la quisieran
Nadie vino a rescatarla
Sola se queda la niña
Nadie dijo que la amaba”

Todas las sufridas-y-castigadas-princesas-niñas-tristes que presenciaban el concierto sintieron con la música la espina del dolor y la angustia, de lo vivido, de lo por vivir, el sufrimiento universal de la mujer en el mundo.

“Ella queriendo del sol
La luna le da la espalda
La llamaban niña triste
Princesita, sola en casa”

Amparada en ella misma, recogida en su miseria, la que nunca fue princesa llora océanos por dentro porque no puede por fuera.

MAY129. LA INFECCIÓN REAL, de Luisa Pérez

-La princesa tiene una pequeña infección en el lagrimal, lo que le provoca esa irritación ocular. Yo mismo vendré la próxima semana a palacio para practicarle un sencillo drenaje que eliminará esa infección y por tanto ese continuo lagrimeo.

La pequeña princesa no entendía muy bien las palabras del doctor, y con esa pesadumbre convivió los siguientes días. 
Llegó el momento de la sencilla intervención y en menos de lo canta un gallo la princesa fue curada, ¡albricias!. Todos celebraron la pronta y eficiente solución, así que tranquilos se quedaron y volvieron a sus rutinas palaciegas. Hasta que al día siguiente la pequeña princesa comenzó a llorar involuntariamente. De sus nobles ojos brotaban lagrimitas como gemas de corte diamante.
 La reina no daba crédito, su enojo era tal que quería expulsar al doctor de la corte. Justo había dado orden de recibirlo, cuando apareció el rey, quien, cansado, regresaba de una dura y larga batalla en el norte de sus fronteras. 
La pequeña princesa salió corriendo a su encuentro, y ya en brazos de su padre, sus lágrimas se secaron para siempre.
-Papá, no me gusta que te vayas tantos meses… No me gustan las guerras.

MAY128. AMÉN, de Alfonso González Cachinero

—Creí que no terminábamos. Apaga, anda.

—Te dije que el antipático del cura la liaba. Parar la ceremonia tres veces… ¿Es que una ya no va a poder hablar ni en la comunión de su hija? 
—No era solo el jaleo; le sentó mal que tu hija le diera en un ojo con el avión. Y tampoco le hizo gracia que tu hermano trepara al San Juan para hacer la toma genital. Menos mal que cayó más o menos bien… 
—¡Mi hermano quedó tercero en «Vídeos Caseros», es un artista! A ver cómo se apaña ahora con el esguince… 
—Vamos, apaga. 
—Paco, mi Yasmina era la mejor. ¡Por aquí, iban a ser los demás más que nosotros! ¡Qué pena que se rompiera la falda en el jardín! 
—Dijo que estaba desenterrando cadáveres. Peor ha sido lo de tu tía. Afortunadamente solo le quemó el moño, pero el vestido está inservible; ya no puede devolverlo. Tu hija es más bruta… 
—¡Nuestra! Y no hables de mi familia, que tu padre, guardándose las botellas de JB… ¡Vaya estampa!
—Tiene un problema… 
—Y quitarse el pantalón para subastarlo… 
—¡Ya está bien! ¡A dormir! 
—Paco, la comunión de Kevin la hacemos por lo civil.

MAY127. LEYENDAS, de Mar González Mena

Descalza, la princesa se sienta en la orilla y chapotea con los pies en el agua. Tiene que encontrar una rana. Y no una cualquiera. Una perfecta. Ha desechado a todos los príncipes del reino y solo le queda confiar en las leyendas. No entiende dónde se esconden. Estira el cuello. Mira hacia un lado. Hacia otro. Afina el oído, pero no escucha nada.
Mientras tanto, ocultas entre los juncos, las ranas esperan calladas a que la princesa se marche. En la charca también se cuentan historias. Hubo algunos batracios que se dejaron seducir por bellas damas y, tras un beso envenenado, desaparecieron para siempre convertidos en altivos caballeros que ya nunca volvieron a croar.

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