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La acompañó al ascensor caminando un paso por detrás de ella, como de costumbre; inhalando parte del perfume que a su paso inundaba el vestíbulo con un olor afrutado con matices de vainilla.
Justo antes de llegar a la puerta se adelantó con la habitual agilidad y la abrió con su mano derecha, acompañando con la izquierda los pasos de su mujer.
Para cuando ella pudo percatarse de que no había suelo bajo sus pies, la inercia de su movimiento ya la había condenado, y caía con la rapidez que le confería la caprichosa gravedad.
El cerró la puerta sin interés alguno por el desenlace, que tiempo atrás no hubiera sido propio de un hombre de sus cultivados principios. El tiempo y su mujer, después de una larga y dura lucha, le habían convencido de que los principios son como esa hoja caduca que va y viene al son del viento que la mece, y de que ya no existen caballeros; porque el último que conoció yace con su mujer en el fondo de aquel foso.
Como toda gran fiesta … terminando a deshora y casi amaneciendo…
He desconcectado la encuesta porque no había forma de que funcionase bien.
Siento haberos hecho perder el tiempo para nada, pero no estaba en mi mano solucionarlo. He estado mirando posibilidades de insertar nuevas encuestas, pero de las que me han parecido más fiables ninguna admitía tantas respuestas posibles. Así que vamos a hacer lo posible por terminar esta fiesta como se merecen sus invitados…
Como usar los comentarios sería romper el anonimato de la votación, sólo nos queda via mail. Será más trabajoso para todos, y tendréis que confiar en la honestidad de mi recuento, pero no veo otra solución inmediata. Así que repasa el listado de los relatos a través del «archivo del mes» de la columna de la derecha (os lo he puesto más a mano) y…
Ha llegado otro relato cuyo autor/a dice haberlo enviado por el formulario sin que hubiera funcionado; así que, como hicimos con los anteriores, le añadimos. Atentos por tanto que son 32 relatos.
Blancanieves se encontraba sola en la casa, los siete enanitos estaban trabajando. Antes de que los amarillos rayos del sol se esfumaran, dándole paso a lo negro de la noche, llegó una niñita vestida de rojo, con una canasta con seís manzanas verdes y cinco naranjas, que una bruja mala le diera para que se las regale a Blancanieves, cuando Blancanieves mordió una manzana cayó desvanecida al piso, la niñita asustada corrió por el bosque y entró en una casa pintada de celeste, donde estaban refugiados tres rosados chanchitos, porque un lobo feróz los asustaba. Mientras tanto, un príncipe azul que buscaba algo,… con un zapatito en la mano, al ver a Blancanieves tirada en el suelo, bajó de su blanco caballo y la besó, al despertar agradecida lo invitó a cenar, esa noche serían nueve sentados a la mesa de pino marrón, a las diez terminó la cena , a las once cincuenta y ocho el príncipe se despidió y,…un minuto antes de las doce, una carroza detuvo su marcha frente a la casa y de ella bajó Cenicienta con un solo zapatito, al minuto,… la carroza se transformó en calabaza. Por una cuestión de segundos ,esta histora tiene otro final.
Esa mañana la familia no despertó. Extrañada, Barbie Rapunzel salió de su estantería. Se descolgó hasta la balda donde roncaba Bob Esponja y lo zarandeó hasta despertarlo. Lo puso al corriente y juntos trataron de despertar, primero al niño, y luego a los padres, sin éxito. Todos yacían inertes. Muy triste, Bob Esponja miró a Barbie y le dijo: “Es inútil. Están muertos.” Barbie enjugó una espesa lágrima de PVC. Cogió a Bob de la mano y recorrieron la casa. Cuando llegaron a la cocina, hallaron a Pinocho silbando tranquilamente sobre la encimera. A Barbie le bastó con ver su sonrisa torcida: “Has sido tú, alimaña envidiosa. Querías ser un hijo más y como no te hicieron caso, anoche abriste la llave del gas. Pero no te vas a salir con la tuya, psicópata de madera!” Y dicho esto, agarró una cerilla y la prendió. Una gran deflagración hizo saltar la casa por los aires. En los periódicos dijeron que el padre, parado de larga duración y sin prestación por desempleo, estaba desesperado y quiso acabar con todo. Pero yo, que escribo estas líneas, y ahora tú, que las has leído, sabemos la verdad. Aunque de nada nos sirve.
Por el camino de baldosas amarillas Dorothy y sus amigos andan. Interrumpe su marcha la visión de un grupo extenso que les aventaja por la senda. Destaca entre ellos un niño que los guía con una canción: «Pachín, pachín, pachín, Garbancito y compañía van con alegría…». Entonces, Totó ladra e inicia una carrera en busca del gentío. Dorothy y los demás salen tras él. La masa, que parece reconocerlos, los reciben entre aplausos y les facilitan espacio para que se integren a la peregrinación. Mientras se retoma el paso con el tarareo de la melodía, los más cercanos se muestran amables con ellos para extraerlos de la perplejidad que los invade. Así Caperucita Roja, El Gato con Botas, Blancanieves, y hasta el Lobo Feroz se presentan. «Me alegra que hayáis permitido esta invasión de vuestros lares, pero el momento lo requiere», les indica una Blancanieves diplomática. «No entiendo nada», alcanza a pronunciar Dorothy. «Sí mujer, esperamos que vuestro Mago de Oz nos ayude para que las nuevas tecnologías y los políticos no nos lancen al olvido». «Pues difícil lo veo, a nosotros hace tiempo que no nos atiende por culpa de su adicción a los videojuegos».
El lobo feroz olfatea dichoso el aire a su alrededor. Es la hora de la cena y empieza a estar hambriento. Derribar las casas de paja y madera de esos dos inútiles cerditos ha sido un juego de cachorros, y ahora, siguiendo el rastro del humo que deja la chimenea de la casa del hermano mayor donde se han refugiado, llega hasta una sólida construcción cuyos gruesos muros de mampostería parecen inexpugnables frente a cualquier tipo de ataque. Pero el lobo es consciente de su inmenso poder y se relame anticipándose a su seguro triunfo. Se planta ante ella despreocupado e hincha sus pulmones como si quisiera derribarla con todas sus fuerzas, deja escapar un hondo suspiro, y sin tomarse la molestia de llamar al timbre mete por debajo de la puerta una orden de desahucio. Sabe que el trabajo como autónomo del cerdito mayor pasa por malos momentos y que ya no está al corriente de los pagos de la hipoteca. Empieza a excitarse cada vez más cuando huele el miedo en el interior de la vivienda, y, antes de servirse su cena, bendice todos los recortes que a los lobos como él están haciéndolos engordar día tras día.
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