¿Te falta alguno de nuestros recopilatorios?
PREMIO A CURUXA 2024
PREMIO SENDERO EL AGUA 2024
***
más de 15000 relatos

más de 6 millones de visitas


Por las cosas del mucho leer, Alonso había aprendido a confiar en sí mismo. Su experiencia se resumía en libros y en horas de biblioteca… y de estudio. Llegó un día en que tuvo que buscar trabajo y comenzó a enviar currículos a las empresas de toda la ciudad, a los comercios, a todo aquel que estuviera dispuesto a recibir una propuesta. Su novia Dulcinea le apoyaba incondicionalmente porque en los libros de autoayuda ponía que había que intentarlo y que no había que perder la esperanza de traer un sueldo a casa, que era posible. Un día Alonso tuvo una idea. Debido al mucho leer decidió montar un negocio con préstamos y socio capitalista. Decidió hacerse emprendedor. Dulcinea dudó que Alonso estuviera en sus cabales, que los dichosos libros de autoayuda le hubiera comido el seso. Pero Alonso era de firmes convicciones y respondió a su amada Dulcinea, – No son molinos querida mía, son los gigantes de la miseria que amenazan.
– Cuánto me cuesta ponerme la armadura, me hago viejo, o es que esta hundida por la zona del estómago. -Subió trabajosamente al rocín y oyó que su dama le llamaba.
– ¡Esperad Arturo!, debo coser la trabilla de vuestras calzas, descabalgad.
– Huy, cariño, ahora no puedo quitarme el arnés porque llegaría retrasado a la batalla de las 10.
– Andad, mi rey, que si no a la vuelta oleréis a caballo y además, tengo cita con el psicólogo.
– ¿El psicólogo?, no sabía que existiera ese gremio.
– Vos le conocisteis en aquella reunión de la mesa redonda, ya sabéis, esa “juerguecita”, que duró una temporada y de la que regresasteis tan descompuesto que no podíais con vuestra espada Excalibur. Me referisteis algo sobre una batalla sangrienta o no sé qué, y hube de asearos. ¡Tanto vos como Lancelot, traíais tufillo…!
– No caigo.
– Es Merlín, y no disimuléis, que de tanto brindar celebrando aquella victoria con Lancelot llegasteis “guapos” al castillo.
– ¡Ah, sí, sí…! -Arturo intentaba zafarse de la conversación y los reproches de Ginebra-. Disculpadme “fermosura”, tengo prisa; oigo la última llamada de trompeta y he partir al campo de batalla.
http://susurrosbarquerenos.
Sólo a las jóvenes de más renombre las invitaron al convite que dispuso Sir Edwin Sigrid en la mansión del Cerro Rojo, con motivo del decimoquinto aniversario de su primogénita.
Habían recalado en Dulltown meses atrás, apenas sin equipaje. Pagaron sin regateos el precio de la vieja casa. Días después, se instalaron en ella con asfixiante hermetismo. A la muchacha apenas la veíamos bajar al pueblo, siempre huidiza, silenciosa. Mantenía invisibles los dientes tras un amasijo de metales.
Una mañana, se extendió el murmullo: el caballero repartía invitaciones al cumpleaños de su heredera. Recuerdo a todas las jóvenes asomadas al balcón, ebrias de esperanza. Por desgracia, el privilegio correspondió tan solo a las más pudientes: a las muchachas rollizas con vestiditos de tul. Recuerdo el amargor del desaire, las pataletas rabiosas, las lágrimas picoteándome los pómulos enjutos.
Lo cierto es que nunca más volvimos a ver con vida a aquellas que penetraron en la mansión; que los gendarmes persiguieron sin suerte a los dos fugitivos; que, finalmente, el Concejo decretó derribar la casa de fatídica memoria. Y es que nadie en Dulltown sospechaba lo que en verdad escondían aquellos hierros monstruosos: la dentadura de ogresa de la terrible miss Sigrid.
Es noche cerrada, todo está oscuro, frio y vacio, las velas parpadean fantasmagóricamente y un silencio aplastante invita a que mis más secretos pensamientos alcen el vuelo y en medio de una nube de sensaciones le veo venir.
Tristán, mi caballero, a lomos de Valeroso, su infatigable compañero, cota de malla, armadura que despide destellos, espada al cinto y hasta puedo escuchar sus palabras.
– Ansiaba llegar a vuestros brazos, la guerra ha dejado yermos los campos y baldios los corazones. ¡¡ Tanta sangre derramada!!!.
– Ah!!! mi caballero… luchais sin tregua, ¿siempre por causas justas?.
– No, mi señora, la vida en sí no siempre es justa, pero ¿quién decide eso?.
No tengo respuesta, su pregunta queda suspendida entre los muros del castillo en el que me encuentro recluida.
Los dragones escupen fuego, las espadas se cruzan y el acero corta el viento. Las princesas lloran a sus caballeros muertos. Las almenas coronan las altas fortalezas. Los juramentos de honor encadenan a mi noble señor.
Y dejando atrás la barbarie de la Edad Media… me despierto…
-Caballeros, cojan sus armas. Dense la espalda. Empiecen a caminar y a mi cuenta de diez, vuélvanse y disparen.
Uno. ¿Qué hago aquí con esta pistola en la mano? Al amanecer, al lado de la valla del cementerio.
Dos. No puede ser otra cosa que lavar una afrenta. De honor, si cabe.
Tres. Valiente idiotez. Mis huesos cansados y las tabernas donde buscan cobijo, saben poco de honor.
Cuatro. Cuatro son los individuos, de faz seria, que vigilan este lance. Desconozco cuáles son mis padrinos.
Cinco. Porque esto es un duelo. La repentina memoria de un guante que me cruzaron en la cara así lo testifica. Debió de ser anoche.
Seis. La pistola pesa. La cabeza me estalla de dolor.
Siete. ¿Cuántas jarras de Jumilla tienen la culpa? ¡Ah, mi buen y noble amigo!, no dejes que te calumnien. Las pendencias son de los hombres, no del vino.
Ocho. Pero… ¿Y mis ofensas? ¿A quién falté en su honra?
Nueve. Que Dios juzgue mi desmemoria porque yo …
Diez . Ni siquiera recuerdo si el caballero que ahora me apunta y yo, hemos pactado tirar al aire o a muerte.
La acompañó al ascensor caminando un paso por detrás de ella, como de costumbre; inhalando parte del perfume que a su paso inundaba el vestíbulo con un olor afrutado con matices de vainilla.
Justo antes de llegar a la puerta se adelantó con la habitual agilidad y la abrió con su mano derecha, acompañando con la izquierda los pasos de su mujer.
Para cuando ella pudo percatarse de que no había suelo bajo sus pies, la inercia de su movimiento ya la había condenado, y caía con la rapidez que le confería la caprichosa gravedad.
El cerró la puerta sin interés alguno por el desenlace, que tiempo atrás no hubiera sido propio de un hombre de sus cultivados principios. El tiempo y su mujer, después de una larga y dura lucha, le habían convencido de que los principios son como esa hoja caduca que va y viene al son del viento que la mece, y de que ya no existen caballeros; porque el último que conoció yace con su mujer en el fondo de aquel foso.
Como toda gran fiesta … terminando a deshora y casi amaneciendo…
He desconcectado la encuesta porque no había forma de que funcionase bien.
Siento haberos hecho perder el tiempo para nada, pero no estaba en mi mano solucionarlo. He estado mirando posibilidades de insertar nuevas encuestas, pero de las que me han parecido más fiables ninguna admitía tantas respuestas posibles. Así que vamos a hacer lo posible por terminar esta fiesta como se merecen sus invitados…
Como usar los comentarios sería romper el anonimato de la votación, sólo nos queda via mail. Será más trabajoso para todos, y tendréis que confiar en la honestidad de mi recuento, pero no veo otra solución inmediata. Así que repasa el listado de los relatos a través del «archivo del mes» de la columna de la derecha (os lo he puesto más a mano) y…
Ha llegado otro relato cuyo autor/a dice haberlo enviado por el formulario sin que hubiera funcionado; así que, como hicimos con los anteriores, le añadimos. Atentos por tanto que son 32 relatos.
más de 15000 relatos

más de 6 millones de visitas









