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Giorgio tenía el pelo lustroso, cortado al milímetro, perfectamente peinado. Siempre vestía muy elegante y caminaba con una seguridad aplastante, a punto de comerse el mundo. Era un gentleman. Gracias a su gran estatura y su mirada altiva parecía mirar al resto de humanos un metro por encima de sus cabezas. Era un portento físico, todo músculo y agilidad. Ocupaba un alto cargo en la cúpula del partido que gobernaba el país, sabía mover los hilos en la Policía del Pensamiento. Tenía diferentes negocios, desde empresas de recogida de residuos sustentadas con acuerdos no muy honestos, hasta astilleros de barcos de lujo pagados con dinero negro. Giorgio era la viva imagen del poder. Admirado por los hombres y amado por las mujeres.
Un día claro y luminoso de primavera, Giorgio le dijo a su chofer que se detuviera en una tienda de flores por la que pasaban en ese momento. Entró a comprar un ramo de violetas para una de sus «amigas» y cuando salió de la tienda un piano de cola, un extraordinario August Förster, le cayó encima desde una altura de cinco pisos. Este fue el final de Giorgio. Allí no quedaron más que trozos de madera y un gran charco de sangre junto a un cuerpo destrozado cubierto de violetas.
Ayer me levanté temprano: era el uno de enero del 2084. Miré por la ventana y el sol continuaba con su agonía de los últimos años. Las plantas de mi jardín hacía tiempo que decidieron suicidarse; mi piel había perdido coloración y el aire sabía amargo. Sonó el teléfono de partículas. Una voz metálica con acento etíope me transmitió un mensaje; cerré la comunicación antes de llegar a su final: los de Jaazzttel insistían en una oferta más barata para el ADSL de iones traslúcidos. Todo seguía como siempre
La niña metía una y otra vez su pequeño dedo en los agujeros de la ruleta de su teléfono de juguete. La hacia girar, marcando un numero tras otro con una parsimonia inusitada. Se la veía tan concentrada que inquietaba. En total 2084 números ni uno más ni uno menos. ¿Quizás aquel número era mágico?
La madre que sentada a su lado leía un libro, miraba a su hija jugar por el rabillo del ojo. En un intento por enseñar a su pequeña hija de 3 años el manejo de aquel aparato, la dice:
_ ¡Cariño! no hace falta marcar tantos números para llamar por teléfono.
La niña con extrema dulzura e increíble suficiencia la contesta:
_ Mamá es que llamo al abuelito y como está en el cielo necesita muchos números que si no, no me escucha.
Si estás leyendo esto, necesito tu ayuda. Es difícil de creer, pero yo soy tú. Serás el descubridor de los viajes en el tiempo. Crearás un dispositivo, lo llamarás: TIVAL TERME. Curioso por cómo sería el futuro, decidirás viajar al 5 de marzo de 2084. No querías encontrarte contigo mismo, pues no sabías qué consecuencias tendría.
Al llegar, te desanimaste, pues esperabas un mundo futurista, sin embargo, aparecerás en un viejo granero. Un grupo de chinos estaba trabajando, cuando se sobresaltaron de la llegada. Pensarás que te equivocaste de tiempo.
Te detendrán, sin llegar a entender nada, pues hablaban en mandarín. Por desgracia, la máquina se estropeó durante la detención. Te llevarán ante un tribunal, que dictaminó el encarcelamiento.
Ahora, estoy encerrado en prisión, atrapado en un año sin saber qué ocurrió. Mientras espero mi sentencia, he intentado arreglar la máquina. No puedo volver a transportarme por falta de energía, pero sí puedo mandar este papel, esperando a que lo leas y seas capaz de cambiar el rumbo de los acontecimientos.
Leí la nota varias veces. ¿Sería una broma? Bajé a mi laboratorio y miré los bocetos de mi futuro aparato. TIVAL TERME, me gusta ese nombre.
El 20 de Diciembre del 2012, víspera de la profecía Maya, fui elegido por mi país para viajar al espacio a un extraño y lejano planeta, descubierto recientemente. La misión sería, junto a dos compañeros, extraer muestras,sacar fotografías y filmar. Asi lo hicimos pero, al querer regresar la nave no respondió y perdimos contacto con la tierra, intentamos hacer funcionar la nave pero sin resultado, estábamos perdidos en el espacio, en casi un desconocido planeta. Después de un tiempo indefinido de tiempo, habíamos perdidos las esperanzas de volver, hasta que al regresar de una excursión, buscando vida, vimos el tablero exterior de la nave iluminado y por los parlantes oíamos una voz que repetía, -«Pueden regresar a la tierra si lo desean,…». Felices programamos el regreso. Amarizamos en el océano Atlántico y hombres » ranas» nos rescataron y nos llevaron a una ciudad sumergida, una vez allí, nos mostraron en una gigantesca pantalla la superficie terrestre,desolación,… no había vida humana,ni animal,ni árboles,ni aves, los edificios de las grandes ciudades, derrumbados o en ruinas. Ahora la vida, estaba bajo la superficie marina, corría el año 2084, la profecía para nosotros, …se había cumplido.
Charlie se ríe de mis temores. Se ríe de mí y de todo. Se ríe cuando le hablo de mi miedo a morir, me revuelve el pelo con su mano gigantesca y suelta una carcajada. Dice que el miedo es cosa de ignorantes. Y él no es un ignorante. Luego vuelve a contarme, mientras va repartiendo la marihuana seca en tarritos de cristal, cómo en una de sus visiones se le apareció Jim Morrison con el número 2084 tatuado en el pecho.
“Dos mil ochenta y cuatro…aún me queda mucho tiempo, enano. Saber la fecha exacta es ponerle cara a la muerte. Es jugar con ventaja”.
Charlie sale de casa como cada noche. Me gusta observar a mi hermano desde la ventana, ver cómo se lo va tragando la oscuridad sin que le tiemble un solo músculo, cómo se dirige al final de la calle donde hoy le espera un tipo al que no he visto antes. El tipo que lo tumba en la acera de un disparo. El tipo que ahora se aleja a toda prisa en un coche, un descapotable con matrícula 2084.
El 304º día de 2084 se desintegró Ladino Stafino a los 0,843 siglos de edad. El accidente se produjo por una fisura en el bloque de contención del motor termonuclear de su vehiculo que explosionó, según se deduce del programa informático que transmitía en el momento del desastre. Solo de produjeron 742 muertos y cerca de 54.800 heridos con distintos grados de quemaduras, gracias a que la mayoría de la población de esta parte del planeta se encontraba en el satélite Encélado de Saturno celebrando la popular fiesta del estropajo.
Pese a la juventud del finado, era muy conocido por ser el único encausado en el crimen de los chips falsos que permitían anticipar la jubilación de millones de individuos para que no trabajasen hasta los 1,68 siglos como se aprobó en el último consejo de gobierno de la galaxia de hace 0,008 siglos. Con ello consiguió una fortuna de más de 8×500 milicordios.
Se sabe que el accidente se produjo cuando intentaba regresar a 2072 para sustituir aquellos chips por otros de grafeno indetectables.
Que Godfromez le acoja en su seno y le castigue, claro.
Marcela baja en la estación del centro y un fino chirimiri humedece su rostro. Lloviendo, la intención de llegar dando un paseo se desvanece; decide esperar un taxi.
Mientras aguarda, las luces de la ciudad le devuelven a la niñez: tío Ernesto vestido de mujer; su abuela ataviada con plumas como una estrella de Burlesque; tía Gilda y sus chicas…, hasta no entrar en la adolescencia no comprendió realmente a qué se dedicaba.
El taxi en el que monta recorre la ciudad hasta estacionar frente a una casa de color rosado. Tiene gracia, pues ella siempre deseó su vida en rosa.
Al situarse frente a la verja cerrada coge aire para llamar. Le abre Ernesto y, al abrazarla, la oprime fuertemente, como si intuyera algo.
La cálida bienvenida dibuja una sonrisa en Marcela. Ernesto recoloca sus pechos de mentira y la invita a entrar. Todo está como siempre, envuelto en colores imposibles; pero ella busca a Gilda, que se encuentra en una esquina del comedor, ajustándose el corpiño. Marcela respira. Medita. Va a pedírselo. Ya son 2084 días en paro. Sí. Allá va. Le tiemblan las piernas… ¿Qué dirá Gilda? ¿Qué pensará?
Y sobre todo, ¿qué se sentirá siendo puta?
Ya ha pasado otro día… Otro día que en nada se diferencia al ayer, ni al mañana… A paso lento nos dirigimos hacia el norte, huyendo de los otros clanes que en sus luchan encarnizadas por el dominio arrasan con todo aquel poblado que se encuentran a su paso.
Han pasado 2084 días desde que el mundo en el que nací murió de forma inesperada. Hace 2084 días en que la humanidad ha retrocedido miles de años para recuperar lo que un día fuimos, para así, poder sobrevivir.
Mi pueblo… Los otros supervivientes, piensan que en las frías tierras del norte encontraremos refugio. Creen que las nuevas tribus que están surgiendo se quedaran en las asoladas ciudades, dejándonos a nosotros los áridos campos. No lo sé. Es todo tan incierto, tan impredecible… Sólo tengo una cosa por cierta; la humanidad, el mundo tal y como lo conocíamos, se extinguió. Ahora un nuevo orden está llegando para quedarse. Espero que nos alejemos lo suficiente para no tener que verlo jamás.
Al hombre le ha dado sed, va a la nevera, la abre, agarra una botella y se sienta a leer el periódico, una noticia llama su atención:
“El ministerio de salud ha determinado que hervir agua, para hacerla apta al consumo, no es un método eficaz, como popularmente se ha creído, es peligroso por las quemaduras que puedan ocurrir en el proceso. También ha dictado una normativa que prohíbe la utilización de la ósmosis inversa, la venta de cloro y de otros artilugios para purificarla”.
Interrumpe por un instante la lectura y mentalmente analiza el escrito: “¡otra pendejada del gobierno y de las corporaciones dueñas de los glaciares!”. Lee en otra página: “Las bolsas de valores alcanzan alzas record motivadas por la contaminación, en el hemisferio norte, del último rio con corriente limpia. Mientras, la organización “Acuífero Guaraní” amenaza con suspender el suministro si las grandes potencias persisten en sus aprestos bélicos para ocupar la región.”
Él, resignado, sabe que esto solo significa nuevos aumentos en el precio del escaso líquido. Bebe de la botella y recuerda, incrédulo, la historia contada por sus padres, decían que: hace muchos años, antes de 2084, el ártico estaba congelado.
-Operaria Casado, es la tercera vez que acude a la cabina de reposo. Vuelva rápidamente a su puesto.
La voz metálica del interfono interrumpe abruptamente mis ensoñaciones, así que trago una píldora para “entusiasmarse por el trabajo”, y regreso a mi tarea.
A la salida de la oficina, pienso acudir a un salón de máquinas de la felicidad para conectarme un rato, cuando mi marido me localiza con el “rastreador” del móvil.
-¿Qué haces en la calle 23, no sabes que hoy es el cumpleaños de mamá?
Rápidamente meto en mi boca la pastilla de “cumplir con las obligaciones” y acudo a la casa de mis suegros.
Allí, más de lo de siempre cuando critico la política del gobierno por subirle el IVA a las substancias químicas: “En nuestros tiempos, teníamos que soportar las frustraciones sin tener que acudir a esas pastillas que ahora usáis para todo y bla, bla, bla…
Voy al baño para, sin que nadie se entere, tragarme la pastilla de “tengamos la fiesta en paz”
Ya en la cama, añado a la leche unas gotas de “sueños felices” y siento como un cálido agradecimiento inflama mi corazón. Amo los laboratorios farmacéuticos.
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