Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

FE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en LA FE

Bienvenid@s a ENTC 2026 Comenzamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto de FE en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
14 de FEBRERO

Relatos

FEB125. EL RETRATO, de Karina De Paolo

Otra vez iba a llegar tarde al trabajo, tantas salidas nocturnas le estaban costando caro a la hora de levantarse. Siempre pensaba que no había heredado nada de sus padres, un militar estructurado  y un ama de casa sumisa que la habían criado con demasiada rigidez.
Bajó del  bus y comenzó a caminar casi al trote por la Plaza de Mayo. Estaba llena de mujeres que llevaban pañuelos blancos en su cabeza. Todas sostenían carteles con fotos para reclamar la aparición de sus hijos y nietos desaparecidos durante la  última dictadura militar. Ese era un tema que en su casa estaba prohibido mencionar.
Siguió caminando distraída mirando a esas mujeres con su dolor, hasta que un impacto de frente la detuvo. Una de esas señoras se había cruzado en su camino y  la había atropellado.
La miró a los ojos para pedirle disculpas por su torpeza, pero la mujer  al verle el rostro empalideció y sin decirle nada , al borde del llanto, le mostró el retrato que tenía en sus manos.
Sintió que se le helaba la sangre.  Todas sus preguntas ya tenían una sola respuesta. La mujer del retrato  era igual a ella.

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FEB124. LA MODELO, de Mar González Mena

De joven, dormía siempre desnuda. Cada mañana levantaba la persiana y abría los portillos para airear la habitación. Si no hacía frío, se quedaba unos minutos mirando al exterior y planificando la jornada. Marcos aprovechó uno de esos momentos para dibujar su sensual silueta a contraluz.
Después llegó Samuel. Le conoció en la Plaza Mayor de Madrid donde realizaba caricaturas a los turistas. En apenas cuatro trazos, con la aparente sencillez que otorga la experiencia, destacó sus ojos tan vitales y esa abierta sonrisa que le enamoró.
Juntos tuvieron a Sofía, una preciosa niña apasionada por las pinturas desde pequeña. Un círculo es la cabeza. Un triángulo el vestido y cuatro palitos hacen de piernas y brazos. Pegó su dibujo en el espejo del tocador donde, cada noche, guarda su imagen. Se desmaquilla con cuidado, recupera sus arrugas, frunce el ceño y evita mirar las curvas de su cuerpo.
A la mañana siguiente la recoge, impoluta, con un toque de carmín y una favorecedora sombra de ojos. Se ciñe bajo el vestido una ajustado corpiño y, antes de irse, ensaya una sonrisa posando para el retrato de su rutina que, hace demasiado tiempo, a nadie le interesa pintar.

LA ESCENA CLAVE DEL… RETRATO DE DORIAN GRAY

-Tu arte te importa más que los amigos. Para ti no soy más que una figurilla de bronce. Ni siquiera eso, me atrevería a decir.

El pintor se lo quedó mirando, asombrado. Dorian no hablaba nunca así. ¿Qué había sucedido? Parecía muy enfadado. Tenía el rostro encendido y le ardían las mejillas.

-Sí -continuó el joven-: para ti soy menos que tu Hermes de marfil o tu fauno de plata. Ésos te gustarán siempre. ¿Hasta cuándo te gustaré yo? Hasta que me salga la primera arruga. Ahora ya sé que cuando se pierde la belleza, mucha o poca, se pierde todo. Tu cuadro me lo ha enseñado. Lord Henry Wotton tiene razón. La juventud es lo único que merece la pena. Cuando descubra que envejezco, me mataré.

Hallward palideció y le tomó la mano.

-¡Dorian! ¡Dorian! -exclamó-, no hables así. Nunca he tenido un amigo como tú, ni tendré nunca otro. No me digas que sientes celos de las cosas materiales. ¡Tú estás por encima de todas ellas!

-Tengo celos de todo aquello cuya belleza no muere. Tengo celos de mi retrato. ¿Por qué ha de conservar lo que yo voy a perder? Cada momento que pasa me quita algo para dárselo a él. ¡Ah, si fuese al revés! ¡Si el cuadro pudiera cambiar y ser yo siempre como ahora! ¿Para qué lo has pintado? Se burlará de mí algún día, ¡se burlará despiadadamente!

EL RETRATO DE DORIAN GRAY. Oscar Wilde

FEB123. CUPIDO, de Mei Morán

Se habían casado por poderes. Ella aquí, él allende los mares. Así, la foto de boda parecía un parche. Al lado izquierdo la imagen de mi madre, robada al carnet de identidad. A la izquierda mi padre, de soldado. Cada uno miraba a otra parte. Como una premonición. En casa la vida fue un infierno. Sobrevivimos la infancia llorando o jugando ensimismados. A veces, en las visitas a mis amigas, observaba los retratos de sus familias y sentía punzadas en el estómago al ver tanta felicidad gráfica. Me costó siempre mucho conformarme con aquella injusticia. El tiempo, aliado del olvido, trajo a mi padre un alzheimer. Un día, atosigado por la nostalgia, saqué la cámara fotográfica. Les hice ponerse uno junto al otro y les dije que se miraran. Mi padre, con la enfermedad ya bien incrustada, tenía, sin embargo, un aire coqueto y mostraba mucho interés. El encuadre era perfecto. Después de la sesión de fotos, ruborizado y en voz baja, papá me preguntó: -¿Y esa mujer tan guapa quién es? ¿Por qué no me la presentas?.

FEB121. RETRATO UNIVERSAL, de Gemma Calero Sanchez

 «………Francia: Barthelemy acompaña a su amigo enfermo terminal. Tristeza. Empatía. Bondad. Rusia: Masha viaja por primera vez al extranjero.Ilusión. Camerún: Joseph enamorado adolescente. Fuerza. Pasión. Felicidad. Filipinas: Luzviminda, siete años, grita «para para» al viejo blanco gordo pestilente que está encima. Horror. Terror. Pánico. Cabrón!. Cuando se trata de niños lo llevo fatal. Impotencia. Odio. Sin remordimientos le colgaria boca abajo de los huevos hasta que se desangrara. Aguas frías del Atlántico: Cientos de personas naufragan. Desesperación. Oscuridad. La misma desesperación siente Daisy recorriendo la cuneta buscando a su amo, sedienta, hambrienta, agotada. Injusticia. Suiza: Hans abandona indiferente a su mascota. Traición. Maltratador!. Chile: Cristobál ve nacer a su hijo. Extasis.Entrega. Alegría. Menos mal! algo bueno calma mi ira. Esbozo media sonrisa.Todos los seres tan iguales y tan únicos!!!«.
Soy Rashid, el último superviviente de un experimento con humanos modificados genéticamente para demostrar que la conciencia global universal existe. Potenciaron nuestro séptimo chakra.Por suerte para mi integridad moral sólo percibo el presente. Llevo meses sin salir de casa, ermitaño. Las percepciones se intensifican antes de morir. Por fin tanto sufrimiento terminará. Paz. Releo:
«España 19/02/2013: comienzo a escribir este diario. Mejor dicho, el vuestro que sois mi vida…...»

FEB120. PASANTES DE ARTE, de Marta López Cuartero

El aprendiz de un reputado retratista sevillano fue el seleccionado para llevarlo a cabo. Tomó la paleta de óleos y sentado en el taburete comenzó a pintar el lienzo. Un retrato del escritor pero en su vejez, con cuarenta años más, ese era el encargo.
Tras varias semanas de arduo esmero, trazando y matizando los rasgos más potentes de su aún joven modelo, la obra quedó completada.
El escritor expuso la obra artística en el gran salón y para su asombro las muestras de respeto de familiares y amigos aumentaron desmesuradamente. Recibía visitas como si de un reconocido escritor con un inmenso legado literario se tratase. Llegó incluso a ser reverenciado por parte de los recién llegados y adulado por una obra que todavía estaba por llegar.
El carisma personal tan bien esbozado, el goce del triunfo; le había hecho olvidar cuál era en realidad su arte.

FEB119. LA OBSESIÓN DE GRAY, de Cristina González Prieto

Siempre me tacharon de obsesiva, desde que tengo memoria… Siempre supe que tenían razón. Mas, la preocupación de todo aquel que se topaba conmigo me obligó a ser más inteligente que ellos, ocultando mis profundos anhelos que iban enloqueciendo con el paso del tiempo… Pero siempre ahí, siempre guardados en lo más profundo de mi alma… pero nunca olvidados. Dorian Gray…Dorian Gray… ¿Que quería Wilde mostrarme en realidad? ¿Acaso, era posible traspasar parte de mi alma a un simple lienzo? ¿Podría, con cada sutil pincelada, conseguir la perpetuidad de mi existencia? Tenía que probarlo…si no lo hacía… No quería ni siquiera plantearme hacia donde me conduciría mi locura si no lo llevaba a cabo.
No recuerdo cuanto tiempo llevo encerrada. Tengo que pedir a Alaís que compré más pintura. No entiendo porque pierde el tiempo trayendo tanta comida, no puedo concentrarme en otra cosa que no sea mi bello retrato. No hay fotos, no hay espejos. Sólo el retrato. Temo el momento de verme y no reconocer mi imagen con la del lienzo. Dicen que la obsesión es locura, demencia, delirios… Pero, sin obsesión, no hay triunfos. Sin perseverancia, no hay éxito.
Sólo una pincelada más puede conducirme a…la eternidad.

FEB118. OTELO EN EL MUSEO, de Elisa de Armas

No correspondía a la misma época que el resto de los cuadros y su figura casi infantil, envuelta en los delicados tonos de la seda, desentonaba entre aquellos militares de casacas chillonas y sables al cinto. Sin embargo, el director fue inflexible: había que liberar espacio y Una muchacha con mantón debía instalarse en la sala XIX. Procuré tranquilizarla con palabras y caricias furtivas, pero cuando a las ocho terminó mi turno su carita pálida seguía deformada por el miedo.

El estruendo debió ser horrible, solo la maldita costumbre de llevar auriculares tapando los oídos explica que el vigilante de noche no lo oyera. Lucharon por ella como lobos en celo. Al reincorporarme el rojo sangre salpicaba los lienzos de los vencidos y el triunfador se erguía en el suyo con el aire arrogante de quien conquista un territorio. Las prisas por recuperar su lugar le habían hecho olvidar el arma sobre un banco y llevaba desabrochada la bragueta. Después la vi a ella. Aún no se había puesto la camisa. Las mejillas se le habían coloreado y una sonrisa satisfecha borraba de su cara la inocencia antigua. De los demás soy inocente, los dos últimos sablazos, esos sí fueron míos.

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FEB117. EN ESCALA DE GRISES, de Lisardo Díez Llamazares

En el lienzo agreste de los días consecutivos, derramó noches que se diluyeron en mañanas de nieblas grises y amaneceres fríos desayunando luna. Acomodadas sobre la piel de sus pasiones, las varias mujeres de sus vidas fueron escribiendo sudores de carmín y cicatrices de uñas en repetidos placeres carnales. Caricias furtivas que se hicieron trazos, dibujaron garabatos de rencor en manchadas distorsiones de recientes presentes ya recordados.

Su mirada, inconsistente, se miraba con desprecio en cada gesto, con unos ojos prisioneros y jueces de sí mismos. Las pupilas, del negro más oscuro, eran ese inevitable pozo en que sumergir sus cotidianos secretos. Espejo de sus reproches, tramoya de una alma condenada a no soportarse, rasgó los despojos de sus días al encadenar sucesivos naufragios entre las olas de azul dejadas por los pinceles de su memoria.

Cuando se atrevió a existir, dejó de pintarse para comenzar a verse.

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FEB116. INCENDIOS, de Gabriel Bevilaqua

La fantasma atraviesa una de las paredes del estudio, se sienta en el aire con las piernas cruzadas y le solicita al artista que le haga un retrato. El pintor, tras reponerse del susto inicial, acepta y se entrega con frenesí al trabajo. Varias noches después, mientras charlan animadamente durante una pausa, el hombre se proclama agradecido de que la vanidad de las mujeres se prolongue más allá de la vida, a lo que la modelo responde: «Se equivoca, amigo mío, no es vanidad: gracias a su arte podré finalmente decirle adiós a esta condición espectral… Cuando eso suceda, ¿me va a extrañar?». Al pintor se le caen pinceles y colores, y, mientras los recoge, alega que ya es muy tarde y que está cansado. A solas consigo mismo comprende que se ha enamorado. Entonces se le pasa por la cabeza la idea de fingir un siniestro, y, aunque llega a encender unos diarios, sabe que no sería justo y los apaga. Y maldice y solloza y gime. Ignora que la fantasma lo ha estado observando desde una de las paredes y que, apenas él le eche llave al recinto, ella se las arreglará para provocar un cortocircuito.

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FEB115. ACTO DE AMOR, de Nerea Leunda

Cada día al levantarse, miraba con adoración el retrato de su amado. Una mañana, seducida por un frenético arrebato de pasión lo besó.
Él, como un esplendido amante, abrió goloso sus carnosos labios y con jugosa coquetería la devoró.

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