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Su vocación de huida fue esculpida en su carácter, primero por sus padres que la arrastrarían por los mundos buscando ofrecerle su propio destino. Después ella misma manejaría el cincel escapando tanto de unos como del otro. Con esta certeza como único equipaje Shiroi Tsuki apretó el paso cansada, sintiendo tras de sí, más cerca que nunca, el aliento húmedo y verdoso, como un cazador paciente y sucio, que se sabe ganador y no tiene prisa. La sombra perenne aspirante a sus pies.
Vagaba entonces sin aparente rumbo, repitiendo mecánicamente las rutinas de desorientación aprendidas, sin pensar, todas las calles le parecían una misma letanía de contenedores de vidas a medias, hasta que lo tropezó. Él sobre el tobogán, la mirada fija en la ventana encendida y al pie reflejadas en un charco, dos lunas.
-Te esperamos largo tiempo – dijo la sombra a su espalda.
En la agencia matrimonial “Cyber bodas” tenemos adquirido un
compromiso de fidelidad con nuestros clientes. Les proporcionamos
cuantos complementos necesitan para que su luna de miel se ajuste a lo que en cada momento nos demandan. Que quieren un crucero por el mar de asteroides de Alfa-Centauro o una sesión de selenoterapia por el “Mare Tranquilitatis” … se lo gestionamos al momento, y en un plazo nunca superior a 10 nanosegundos le ofrecemos la oferta mas ventajosa que puedan encontrar en el mercado. Nuestra agencia, a su servicio, desde 2084, en muestra de agradecimiento por la confianza que sus clientesandroides, cyborgs, humanos y cuantas especies animales, vegetales y artificiales han disfrutado de las inmejorables ventajas que siempre les hemos ofrecido, quiere premiar su incondicional apoyo obsequiando a la primera pareja de enamorados que se presente en nuestra sede, con una fabulosa cena en el restaurantro “La Ameba Dorada”, donde podrán disfrutar de un completísimo menú de degustación a base de líquenes radiactivos, sorbete de uranio enriquecido… y un larga variedad de especialidades de insuperable calidad, todo ello regado con exquisitos caldos traídos desde los rincones más remotos de la Galaxia. ¡Acudid!
… Y la ciudad se vistió de tragedia.
2084, acabo de nacer y por lo visto, oigo en los brazos de mi madre que es un buen año para llegar a este mundo.
Están relajados, felices y contentos, mi nueva casa es preciosa con todo lo que uno puede desear.
Me quedo sorprendido, veo siete personas más revoloteando a mi alrededor, no soy el único.
Mi padre besa a mi madre:
_ Saldremos a cenar todos, a ese restaurante del centro que tanto nos gusta.
Le observo por la ventana, como coge el coche más grande que he visto en mi corta vida y le veo marchar. Seguramente a su estupendo trabajo, que por el semblante risueño de su rostro le encanta.
Mi madre se queda tranquilamente en el sofá conmigo y cada uno de los siete hermanos que creo que tengo se alejan, no sin antes, darme un beso en los mofletes, dejándomelos llenos de babas.
Unos irán al colegio, otros a la universidad y los demás a trabajar, todos con el semblante risueño, porque tanto a ellos como a mi, nunca nos faltará de nada.
Tienen razón es un buen año para llegar a este mundo.
Qué curioso…, quién hubiera podido imaginar una casualidad así, me parece que nadie; quizás yo, por ser el responsable de lo sucedido.
En 1984 mi abuelo, por entonces un joven emprendedor, compró el primer barco de lo que muy pronto sería una famosa compañía de transporte.
Los negocios marchaban bien, pero cuando me hice cargo de la empresa no me conformé, pues quise que nuestra firma quedara en la memoria del mundo entero; creo que lo logré, aunque de una manera diferente.
-«Hay que arriesgarse.»- Sentencié ante el resto del Directorio. ¿Qué puede pasar?
-«Es muy peligroso,»- me decían. “-Una cosa es dar un paseo por el espacio o visitar la Luna, otra es vender excursiones a Plutón; los cálculos y precauciones necesarios todavía no están listos«.- «-No podemos esperar;»- respondí – «o vamos nosotros o lo hace la competencia«. Estamos en el año 2084, ¡bienvenidos a los viajes de punta a punta del sistema solar!”-
Aquella cápsula espacial con varias personas abordo, llenas de emoción por la aventura, no regresó jamás y hoy, exactamente un siglo después de la labor iniciada por mi abuelo, escribo este relato recostado en la litera de mi celda.
Eres risa que embellece
cada noche
donde el cielo se ha llenado de adarajas,
y renaces en un gesto
que parecen bellas lunas.
Te recuerdo, el mundo existe
y que en él, mujer, eres reina de trabajos
y guirlache.
La ternura que guardabas tras espejos
y ventanas
te hizo abrir los imposibles,
y tú fuiste una vida en otra vida,
como todos, no se olvide,
y lograste el descanso del cansado,
pues del tuyo te olvidabas.
Eres fuerte, mas, no temas,
no eres piedra sino el agua que refleja el universo
y recoges cada gota del nublado,
y aunque siguas siendo agua de ese río, sin nombrarte,
sabes ser samaritana.
Eres fuerte como el roble y la montaña,
eres viento en la vela del suspiro,
eres cauce que se aúna con los mares
y que baña de ilusiones tus sonrisas.
No hay rencores, ni vacío ni tormento;
yo lo sé,
eres mujer y encrucijada en los derechos,
y persona, que en otro tiempo, fue olvidada
siendo hermana, siendo madre o siendo hija.
Mas, naciste una Mujer,
profesora de la vida
con un libro bajo el brazo titulado
“Piensa y siente”, que firmaste con el nombre de “Persona”…
Ángeles Sánchez Gandarillas©
8-III-2013
Todo empezó en el año 2084 cuando comenzaron a neutralizar las mentes de las personas y trasplantarlas a redes neuronales externas. De esa forma cesaba el dolor y se controlaba el placer. Después se eliminó físicamente el cuerpo porque era frágil y se rompía, resistía mal el paso del tiempo. Finalmente prescindimos de nuestra individualidad porque solo generaba conflictos de unos sobre los otros, hasta agruparnos en un único cerebro. Este cerebro.
La vida de un único cerebro se desarrolla en un eterno domingo por la tarde, como eterno es su aburrimiento, el nuestro, el aburrimiento de todos. A veces imagino relaciones que recuerdan la realidad de un tiempo pasado, copias de seres humanos que lloran o que aman, que tienen hijos. Que leen. La vida es pacífica un domingo por la tarde.
Por fin terminaba 1984. La rata daba un mordisco a mi cerebro coincidiendo con cada gong de las campanadas, hasta que completó los doce. Sentí amor por aquella rata, incluso más que por el Gran Distopo. Temiendo que se desvaneciesen los datos en mi cabeza, escribí apresuradamente una especie de diario que sintetizase lo que había significado aquel año tan inaudito:
Frases muertas, ríos estériles, biberones envenenados, avenidas sin final, cielos rotos, tiempo errante, marinos sin norte, recuerdos perpetuos, tormentas hipnóticas, infinita tristeza, suicidas repetidos, embriones hibridados…
Antes de terminar, entraron a la celda y me quitaron el papel. Tatuaron en mi antebrazo el temido “MOVE TO ROOM 101” y me dejaron a solas con la rata, que yacía muerta en el suelo anormalmente hinchada, parecía que el amor llenaba su cuerpo. No recuerdo cuánto tardaron, pero al regresar de mi inconsciencia, estaba dentro de la 101 sentado frente a una pantalla de ordenador donde unas letras explosivas de colores repetían a intervalos muy cortos “Feliz 2084”. La voz del Gran Roedor desde el altavoz del techo dijo: “Eres libre”.
Al salir, mi larga cola quedó atrapada en la puerta. Habré de acostumbrarme a esta nueva morfología, me propuse.
El teléfono sonó.
Contesté y mi corazón estalló en mil pedazos.
Segundos, o quizá minutos después, fui al cuarto de baño y, con toda la rabia del universo ebulliendo en mi interior, cogí mis lápices de ojos y labios, mis pintauñas y mis coloretes y los arrojé al cubo de basura.
Después bajé a la calle y un taxi me llevó al hospital.
Allí una enfermera me guió hasta la habitación 284, o 204, o tal vez fuese la 2084, porque el océano de lágrimas que anegaba mis ojos me impedía ver con claridad los números grabados en la puerta.
Entré, lentamente me acerqué a su cama y, con un amor infinito, lo abracé.
Y mi marido ciego a mí.
– Aparta chaval, te la estás jugando!!!
No sabía por qué cuando se topaba con los muchachos de finales de 2084 le salía su lado más chulo y provocativo. Por no decir directamente macarra o quinqui.
Pero no, los provocativos eran ellos, si hubieran vivido como ella en los 80, pero los años ochenta del siglo XX, no habría durado ni medio telediario. Claro que ellos qué saben lo que eran los macarras, ni los quinquis, ni siquiera los telediarios.
Ay… si es que tener el cuerpo de veinteañera no le quita a una el estar a puntito de cumplir la friolera de 125 castañas. Casi ná.
Aún recuerdo cuando en la década de 2040 los avances médicos en el campo del retraso del envejecimiento empezaron a ser espectaculares. Hasta el punto de que aunque a mí me pillara ya muy, muy madurita, me hicieron retroceder años y hoy tengo este cuerpo espectacular, tanto que francamente no me reconozco, ni le tengo el cariño de antes, cuando de repente me miraba al espejo y veía una arruguita más o esas ojeras, por no decir las adorables canas, ¡vejez divino tesoro!
Se indignó cuando un humano le recordó que sólo era una máquina, que no podía enfadarse, y que por supuesto, tampoco podía sentir.
Sabía que eso era lo que se esperaba de ella, para eso había sido creada con una materia prima integrada por circuitos eléctricos y microchips, pero sin el mínimo atisbo de algo parecido a un corazón.
Sin embargo no estaba dispuesta a aceptarlo, sin intentar rebelarse una vez, sobre todo después de descubrir lo que significaba sentir amor hacia alguien, en su caso hacia su compañero en la cadena de montaje, Promesa-2084.
Como robot de élite, no se le escapaba lo peligroso que podría llegar a ser que alguien conociera que era capaz de sentir.
Dudaba sobre cómo debía de disfrutar de ese maravilloso don, vedado al resto de robots. Por eso, para evitar dirigir hacia ella ninguna sospecha, Esperanza-1984, retornó a su rutina en la fábrica de aeronaves.
Quizás algún día, cuando las máquinas tuvieran conciencia, podrían rebelarse… Tan sólo entonces podría ejercitar su capacidad de amar, de sufrir, de ponerse en la piel del otro.
Pero no lo haría mientras el Gran Hermano continuara observándolo todo…
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