80. Palomas al vuelo (Alberto Benito Fernández)
Leda vivía en un constante agotamiento. Después de su larga jornada laboral, tocaba recoger a los chavales del cole y realizar las tareas domésticas indispensables, así que al llegar la noche no tenía cuerpo para mucha fiesta. Andrés solía volver tarde, y como mucho se saludaban con escasa energía.
Tania llevaba un par de años viviendo con Abel, al que conoció siendo bien jovencita. El inicio de su convivencia había sido muy intenso, tierno y cómplice, pero con el paso de los meses fue perdiendo empuje. Poco a poco se comenzó a sentir extraña, aunque al pensar en ello no sabía explicar bien el motivo.
Cuando Leda y Tania coincidían en la oficina, todo mejoraba. Se ponían al tanto de sus vidas rutinarias, practicando sin saberlo una terapia necesaria sobre sus respectivas miserias. Y atendiendo al resultado, parece que bastante más eficaz que si la hubiera realizado cualquier profesional.
Hoy, Leda regresa del trabajo y Tania la recibe contenta en su coqueto apartamento. Esta noche los hijos de Leda vendrán a celebrar con ellas su aniversario de boda, la más recordada de las últimas décadas. Aquella en la que, desafiando lo establecido, decidieron ponerse el mundo por montera.


No se puede ir en contra de la propia naturaleza, vivir de manera no acorde a lo que cada cual es y siente. Estas dos mujeres tuvieron la valentía de hacer lo debido, tomando las riendas de su destino. No lo debieron de hacer mal cuando los hijos celebran con ellas el aniversario que selló su decisión.
Aprovecho ese título que alude y homenajea una canción de Mecano, con esa misma temática de fondo, para decirte que no paren de volar las letras.
Un abrazo y suertr, Alberto
Muchas gracias por tu comentario, como siempre, Ángel. 10.000 gracias y pico.
Un abrazo, y suerte.
Un relato bello en fondo y forma. Un saludo y suerte, Alberto.
Muchas gracias por pasarte a comentar, Antonio.
Un saludo, y suerte para ti también.
Salir a la vida cuesta. En algunos casos más que en otros. Sobre todo si estás encerrad@ en según qué armarios la llave tarda en abrir.
Y lo que opinen los demás está de más, como decía la canción que menciona Ángel.
Suerte Alberto ♣
¿Quién detiene palomas al vuelo, Esperanza?
Que cada un@ vuele lo alto que quiera.
¡Un abrazo, y suerte!
Cuando no se es feliz hay que buscar nuevos caminos. Suerte, Luisa.
Sabio consejo, Manuel.
Un abrazo, y suerte.
Qué chulo, Alberto: love is the office, y no tiene que ser necesariamente hetero.
Esto, pero sin sexo ni matrimonio, lo practico siempre que puedo. Lo llamo terapia de amigas, y es mano de santo.
Un abrazo y suerte.
Qué importantes esas terapias de amigas, Rosalía.
Que las sigas disfrutando mucho tiempo en tu oficina.
Gracias por pasarte a comentar, y un abrazo y suerte para ti también.
Tristemente todavía en estos tiempos hay que echarle coraje para salir del armario y vivir libremente. Aunque ya se ha normalizado mucho y gracias a las leyes que han acompañado esa normalización pero aún escuchamos casos que tienen que sufrir el rechazo y hasta la agresión.
Muy buena historia para recordar que se puede.
Un abrazo
Con una buena dosis de coraje todo es más fácil de conseguir, por complicado que parezca.
Efectivamente, pese a la normalización, hay casos en los que sigue siendo complicado esto de los armarios.
Un abrazo, Gema.
Bonito microrrelato, que se lee mientras en la cabeza suena la música de la conocida canción a la que induce el título, y que refleja una historia de amor, de segundas oportunidades, de coraje de vivir y romper convenciones sociales. Bravo, Alberto. Mucha suerte y un abrazo