33. Sequía
He corrido la cortina para crear una semipenumbra creativa; he encendido el ordenador y he abierto una hoja de Word en blanco. De fondo, Sarah Vaughan canta Star Eyes. Alguna vez esta liturgia había funcionado, pero hoy no hay milagro. Y el tiempo pasa, no espera: ya ha devorado otra mañana estéril. Medio día más en blanco, como la pantalla. Y sin perspectivas, porque la tarde avanza lenta y pesada, como un carro que transporta adoquines arrastrado por un buey viejo.
Pese a la cortina, el sol poniente provoca un bochorno que obtura los poros por donde entra el aire que ventila el cerebro. Con esta calima bajo el cráneo, es imposible escribir algo decente. Abro y cierro ventanas, escucho principios de canciones y miro a menudo el reloj porque se acerca el crepúsculo, estoy muy cansado y si me duermo ya no habrá nada que hacer. No habrá humo de cigarrillos, ni noche, ni velas, ni un trago (o dos) de whisky. No habrá ni una idea, ni una; esto es lo que pasará.


Paradoja: como no se te ocurría nada que escribir, has escrito que no has escrito nada a pesar de estímulos varios. Y te ha quedado estupendamente tu no escrito.
El título lo dice todo. Se ve que los adoquines se han interpuesto entre el cerebro y su imaginación. A todos nos pasa, que no desespere. Hay más días que ollas!, dicen en mi pueblo.
En una entrevista, Luis Landero dijo que hay que sentarse ante el papel o la pantalla, que aunque no lo parezca,algo sale. Y Picasso dijo aquello de que la inspiración le pille trabajando. Hasta de la sequía imaginativa puede surgir una historia, con su conflicto, desarrollo y desenlace, a la vista está.
Un abrazo y suerte, Josep
Ay, que mal se pasa cuando las musas se escapan… Pero, como dice Ángel, si no te pones delante de la página seguro que no sale nada.
Un abrazo y suerte.
Hay veces que parece que alguien te dicta los relatos y salen Solís y otros que los buscas por todos los rincones y no hay manera. Así es el proceso creativo. Queda bien reflejado en este relato.
Un abrazo
Si este escritor «en la sequía», escribió sobre su sequía, lo felicito porque logró destrabarse, si no, si se quedó rumiando en que lo que antes le funcionaba ahora no, y en que se le va a ir el día sin escribir algo decente, es que sigue empantanado hasta las narices… Ese es el problema de los mitos del escritor: que se cree que para escribir hay que tener la atmósfera perfecta y el ambiente perfecto, y que hay que escribir perfecto… Le paso a este señor lo que a mí me ha funcionado: sentar el c–o en la silla y ponerme a escribir, incluso sin estar inspirada… 😉
Un relato muy bien imaginado sobre la sequía creativa.
Muy bueno, Josep, me gustó.
Un abrazo grande,
Mariángeles