35. Sin tiempo de comer perdices (Valdesuei)
Érase una vez una princesa guerrera llamada María, que vivía en un reino de verdes encinas y doradas piedras. Ella no eligió ser princesa, ni tampoco tener que pasar la vida guerreando contra un monstruo que la acechaba.
La muralla que la protegía consistía en una sonrisa tan bella y famosa que trascendió a reinos lejanos. El arma con que se defendía era su determinación a no rendirse. María desconocía cuántas hojas tendría su cuento, pero magos venidos del extranjero aseguraron que sería breve. Ella quería dejar un mensaje para todos los pequeños que tuvieran que convertirse en guerreros involuntarios, y para todos los reyes que tuvieran que celebrar la conquista de cada nuevo día de sus príncipes o princesas.
María miraba a la muerte esbozando su inmortal sonrisa, con un coraje propio del más aguerrido soldado curtido en mil batallas. El despiadado monstruo aguardaba su momento, oculto dentro del cuerpo de la princesa. Un día de primavera, cansada de luchar, la crisálida de la cama hospitalaria eclosionó desplegando las coloridas alas de la mariposa que nunca llegaría a ser, y voló tan alto que alcanzó la eternidad junto con un inolvidable y desgarrador: «colorín, colorado».


Relato en forma de cuento, como corresponde a la protagonista, una princesita infantil y encantadora que lucha con coraje y sonrisa contra la enfermedad que la devora. Título y final perfectamente enhebrados. Hasta aquí, todo precioso. Pero… mucho me temo que no es cuento.
Tristemente, no es un cuento sino un humilde homenaje póstumo a una pequeña salmantina, muy conocida en el ámbito del deporte, que esta semana nos ha dicho adiós. DEP María.
El coraje de plantar cara a la adversidad, a un monstruo que ha de llegar para todos pero en este caso lo hace antes de tiempo. La valentía de aguantar dignamente hasta el final.
Un relato llebo de hermosas metáforas, con un final que no es feliz propiamente, cono el de los cuentos, pero con un mensaje poaitivo: el de no rendirse ni perder la sonrisa.
Un abrazo y suerte,Víctor
¡Qué triste y qué bonito tu cuento! Un abrazo
Qué pena, hay vidas que se truncan demasiado pronto, a pesar del coraje. Seguro que a María le hubiera gustado tu pequeño homenaje.
Un abrazo y suerte.