Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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64. SUCEDIÓ EN LA ANTIGÜEDAD (M.Carme Marí)

¿No os habéis preguntado nunca por qué el genio de la lámpara es tan generoso y concede tres deseos? Todo en este mundo tiene sus comienzos. Incluso los seres mágicos.

Al ser creados los ifrits del vaho de los dioses, uno muy chiquito se metió en una lámpara de aceite, con tal ímpetu que empezó a dar tumbos hasta pararse en una pila de chatarra. Mientras buscaba entre los cachivaches algo que pudiera vender, Farid fue el primero en encontrarla. Cuando la limpió, frotando fuerte, salió el joven genio.

–¡Dime que deseas y te serviré! –exclamó complaciente.

Tras la sorpresa inicial, el niño pidió comida para su pobre familia.

Al momento apareció un banquete digno de sultanes. Farid abrió tanto los ojos que el inexperto espíritu pensó que no había colmado sus expectativas.

–Puedes pedirme otro deseo –farfulló sonrojándose.

El asombrado muchacho quiso cambiar los harapos que llevaban, él y los suyos.

Al ver los lujosos ropajes, su barbilla parecía tocar el suelo, expresión de nuevo malinterpretada por el etéreo ser.

–Te permitiré una petición más –decidió, urgiéndose a mejorar en su oficio.

Enseguida corrió la voz sobre el maravilloso espíritu que concedía tres deseos. Sintiéndose adulado, lo mantuvo así.

4 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Todo tiene un inicio, también la magia que nos sirve para explicar lo que se nos escapa, o para transformar lo que no nos gusta. La de un genio que ayuda a superar carencias es una bonita forma de cambiar la realidad para mejorarla, para ello no hay nada mejor que la literatura, de la que tu relato es un buen ejemplo.
    Un abrazo y suerte, Carme

  2. Muchas gracias, Ángel, por pasarte a dejar tu comentario.
    Un genio novato que, como en todos los comienzos, comete errores – aunque sólo sean de interpretación de las reacciones
    (ya le va a venir bien a todo aquel que lo pille para pedirle no uno sino tres deseos… 😉
    Ojalá todas las carencias de la realidad se pudieran resolver tan fácilmente.
    Un beso,
    Carme.

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