06. ¡Te lo imploro, ven a mí!
Miro al sol con odio cada vez que me atrevo a enfrentar su luz. Ahora vivo en la oscuridad de la noche, expiando mi culpa, lejos de la mirada de mi hija, desviando avergonzado la de mi mujer, humillando la mía en el espejo.
Busco el libro que estoy leyendo; un día lo dejé en la nevera. Le preguntaría a mi mujer, pero no recuerdo su nombre, y no es la primera vez. Un destello de esperanza atraviesa mi mente, y acojo esa visión como una bendición.
Ahora lo sé: fue el alzhéimer, no fue mi culpa. Lo dejo entrar en mi vida. Con alivio, lo arropo en mi corazón como a un amigo que me hará olvidar la imagen de mi nieta inerte en el coche. Por fin dejaré de imaginar a mi pequeña llamando a su abuelo, olvidada y asustada, sola.
Sí, sin duda fue él.


Perder la memoria ha de ser terrible para quien es consciente de su propio y penoso proceso, salvo que aún tenga conciencia sobre algo horrendo que necesite olvidar, de ahí que, a este letal enemigo, tu protagonista lo considere aliado, útil también para culparlo de un despiste propio con las peores consecuencias.
Un abrazo y suerte, Salvador
Tal cual, Ángel, como siempre, una disección perfecta. Gracias por tu comentario. Un abrazo.
Que la demencia sea una bendición deseada da una idea de la inmensidad del sentimiento de culpa de ese abuelo. Un planteamiento muy interesante.
No lo dudó; acogió la enfermedad como escudo a su sufrimiento. Gracias, Edita. Un abrazo.
Qué bien escondes, Salvador, la razón del protagonista para echarle la culpa al Alzheimer del fatal episodio que marca su vida. Para nada me esperaba ese final. Me ha encantado. Un abrazo y suerte.
El protagonista culpa a la enfermedad, y además esta le regala el olvido. Gracias por tus palabras, Rosy. Un abrazo.
Pobre hombre. Interesante esa perspectiva de que desee que la enfermada progrese para acabar con la culpa.
Sufrimiento u olvido, tal vez muerte; no contemplaba otras opciones. Gracias, Rosa, por tu comentario. Un abrazo.
Incluso una enfermedad tan terrible es preferible para tu protagonista antes que el dolor que le provoca la culpa.
Un abrazo y suerte
La enfermedad le dio una oportunidad para aliviar su inconmensurable pena. Gracias, Rosalía. Un abrazo.
Uf, durísimo, Salvador.
Me cuesta imaginar mayor sentimiento de culpa y mayor dolor. Tanto que algo tan terrible como esa enfermedad se viva con alivio.
Enhorabuena.
Gabriel, debe ser durísimo; nosotros solo podemos hacer una especulación emocional.
Creo que en la mente del personaje seguro rondó la muerte, pero el olvido también era una opción. Gracias por tus palabras. Un abrazo.
Me has desmontado con ese final.
La única opción que tiene es el Alzheimer para soportar la culpa.
Y al releer el texto se entiende todo completamente diferente.
Me ha gustado mucho.
Suerte y un abrazo.
Hugo, la muerte es siempre también una opción, pero el Alzheimer entró en su vida y lo acogió como una liberación. Un placer que te haya gustado. Gracias por tus palabras y un abrazo.