18. Por el camino a Ranigami
Las tres niñas reinas de Ranigami marchan en cabeza. Tras ellas, un centenar de niños las siguen. Avanzan como avanzan los niños: unos saltando, otros corriendo, otros agachándose a coger piedras, otros miran las nubes…
Una pequeña de largo cabello corre hacia las reinas, agitando un papel.
—¡Esperad! —grita a punto de darles alcance—. Con un seis y un cuatro he dibujado un pinogato. —Con las dos manos estira el papel a la altura de su rostro, mostrándoselo a sus majestades—. ¿Qué os parece?
—No merece ser guardado —sentencian las reinas de Ranigami a coro—. Ahora, hazte a un lado.
La niña se aparta, arruga el papel y lo lanza al viento.
Donde cae, germina un pinogato.
—No te preocupes —le dice un niño—. Empiezan a ser grandes. Tampoco aceptaron mi dragilla: mitad dragón, mitad silla. Y mira, sí que sirvió. —Silba y la dragilla aterriza en su hombro; esta extiende sus alas de mimbre y señala en la lejanía. Allí, unas siluetas se esconden entre los arbustos: son los Jóvenes Encontrados.
Artistas mendigos que siguen el peregrinar de los Niños de Ranigami, con la esperanza de recoger migajas de imaginación.


Es un buen camino ese de «imaginar» con sus tres reinas a la cabeza. Y parece cierto que donde esté la fértil imaginación de los niños, que se quite lo demás. Como ejemplo ese pinogato o la estupenda dragilla.
Se ve que tú no solo te has quedado con las migajas. Tu imaginación es un plato completo.
Enhorabuena y suerte.
Qué maravilla, Hugo. Es cierto que a medida que crecemos vamos perdiendo la imaginación, pero algunas personas acabamos convirtiéndonos en «No tan jóvenes encontrados» buscando migajas.
Por cierto, he buscado Ranigami y me sale una tienda de juguetes de Brasil. ¿O es rana y gamo? Ay, creo que necesito más que migajas.
Un abrazo y suerte.
Para imaginativo, tu texto. A pesar de no ser un niño hace años, espero saber apreciar sienpre la inventiva sana y libre, aunque parezca poco lógica e infantil, más valiosa, precisamente, por ello.
Un relato muy elaborado y un canto a la creatividad.
Un abrazo y suerte, Hugo.