Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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18. Por el camino a Ranigami

Las tres niñas reinas de Ranigami marchan en cabeza. Tras ellas, un centenar de niños las siguen. Avanzan como avanzan los niños: unos saltando, otros corriendo, otros agachándose a coger piedras, otros miran las nubes…

Una pequeña de largo cabello corre hacia las reinas, agitando un papel.

—¡Esperad! —grita a punto de darles alcance—. Con un seis y un cuatro he dibujado un pinogato. —Con las dos manos estira el papel a la altura de su rostro, mostrándoselo a sus majestades—. ¿Qué os parece?

—No merece ser guardado —sentencian las reinas de Ranigami a coro—. Ahora, hazte a un lado.

La niña se aparta, arruga el papel y lo lanza al viento.

Donde cae, germina un pinogato.

—No te preocupes —le dice un niño—. Empiezan a ser grandes. Tampoco aceptaron mi dragilla: mitad dragón, mitad silla. Y mira, sí que sirvió. —Silba y la dragilla aterriza en su hombro; esta extiende sus alas de mimbre y señala en la lejanía. Allí, unas siluetas se esconden entre los arbustos: son los Jóvenes Encontrados.

Artistas mendigos que siguen el peregrinar de los Niños de Ranigami, con la esperanza de recoger migajas de imaginación.

3 Responses

  1. Rafa Heredero

    Es un buen camino ese de «imaginar» con sus tres reinas a la cabeza. Y parece cierto que donde esté la fértil imaginación de los niños, que se quite lo demás. Como ejemplo ese pinogato o la estupenda dragilla.
    Se ve que tú no solo te has quedado con las migajas. Tu imaginación es un plato completo.
    Enhorabuena y suerte.

  2. Rosalía Guerrero

    Qué maravilla, Hugo. Es cierto que a medida que crecemos vamos perdiendo la imaginación, pero algunas personas acabamos convirtiéndonos en «No tan jóvenes encontrados» buscando migajas.
    Por cierto, he buscado Ranigami y me sale una tienda de juguetes de Brasil. ¿O es rana y gamo? Ay, creo que necesito más que migajas.
    Un abrazo y suerte.

  3. Ángel Saiz Mora

    Para imaginativo, tu texto. A pesar de no ser un niño hace años, espero saber apreciar sienpre la inventiva sana y libre, aunque parezca poco lógica e infantil, más valiosa, precisamente, por ello.
    Un relato muy elaborado y un canto a la creatividad.
    Un abrazo y suerte, Hugo.

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